TAL VEZ: UN CANTO
El poema que comienza así:
Mi amigo y yo
estamos enamorados
de la misma mujer1
me recuerda
a ti, a dos hermanos
disfrazados de bestias,
pastoreando felices, hombro a hombro,
unidos por el afecto
y por el rumiar
de una musa compartida,
una mujer que combina lo accesible
con lo esquivo, que se da la vuelta en los escalones
para observar por encima de un
hombro
desnudo e inclinado.
Tres fotógrafos
que pasaron una velada
con Marilyn Monroe;
cada uno confesó después
haber pensado
que si los otros dos simplemente
se fueran, algo
magnífico podría suceder.
Quizá estaba enamorada
pero no tanto como ustedes dos
esperaban,
con su rivalidad
adolescente.
Quizá la mujer
que llegaba al anochecer
y se iba
antes del alba,
encendiendo sus lámparas
y ordenando sus estrellas,
la dama irlandesa que hacía bailar a las papas,2
Bess, la hija del posadero,
trenzando un nudo de amor granate
en su largo cabello negro,3
no era la devota
que ustedes creían que era,
sino que se quedaba en cama hasta tarde
soñando sueños inquietos
en lugar de subir
los escalones
empañados por la bruma matinal,
hacia el templo donde las madres se arrodillaban
para dejar carne y humo
a cambio de que un muchacho creciera alto,
del regreso seguro de otro,
del fin del sufrimiento de tu hermano.
Quizá ella era la estatua
en su silencio incólume
y atractivo,
o las ofrendas de
vino,
pequeños espejos,
cuentas del rosario
enrolladas tres veces
alrededor de manos vírgenes.
Quizá era la estrella desalineada
por la cual todas las demás
aprendieron a exigirse rigor
y rectitud
a sí mismas.
Quizá estaba hecha de palabras
que tu hermana y yo
no podíamos decirles
a nuestros hermanos,
pese a tu deseo
de comprender,
porque los oídos de los hombres
no estaban hechos para contener
los sonidos
de lo que se nos hizo,
por más que tantas veces
fueran hombres
quienes lo hacían.
O ella era el camino a casa
en que te hiciste monje
para dejar de recordar.
Cuando mi esposo murió,
caminé descalza
de un extremo al otro del día
y en el portal
que me habría llevado
a su eternidad, te encontré
a ti y a tu amigo
agitados en el amor compartido,
cómo sudaban hombro a hombro
en el verano, escupiendo las palabras
que habían aprendido de la lujuria
sobre el trozo de tierra
que los separaba,
Horacio esperando
el fantasma del rey asesinado
para pedirle una historia.
Sin una aparición,
todo lo que tenemos
son dos centinelas
que tienden un puente entre la muerte y la vida
con una
pregunta más, insuficiente,
o los sonidos finales
del exilio cerrándose
para expulsarte
de un hogar más:
Donde cantaba tu madre,
donde tu padre siguió
primero a la ciencia, luego a Dios,
y donde cada uno llevaba un frasco
que contenía la mitad de tu rostro
hasta que llegaste y
aprendiste a inhalar,
a contener la respiración,
y a exhalar,
un minuto completo cada uno.
Donde, incluso entonces,
te estabas preparando para dejarme
y yo preparaba mis convulsiones
ante el abandono.
Cuando esta casa
quedó invertida,
tu hermano te indicó
que debías mantenerte en pie,
que no todos los hombres
habían aprendido la misericordia
del Dios de tu padre.
Quizá la mujer sea una noche sin luna,
el lago negro que brilla
en la oscuridad, que apesta
a carbón
contra el telón de fondo
de tus oraciones.
O la manera en que más tarde
sostuviste a tu padre
en sus meses de agonía
acomodándolo
con tu fuerza
para el baño
y el reposo,
o el candor de muchacha
con que tu madre preguntó
en sus últimos momentos
si estaba a punto de casarse.
Quizá yo soy la mujer
que viene a besarte
con los labios
aún húmedos de pronunciar
mi amor por tu amigo
como un diamante,
mi amor por ti
como un perro,
mientras arde mi furia simple,
tiritando
y fundiendo campanas.
Mi amor es un único acorde
para los justos
y los que se retuercen de náusea.
Quizá yo soy la amiga
que intenta amarte
a través del agua
de una mujer.
O, por el contrario, soy momentáneamente tú,
procurando no decir nada
que tú no dirías,
para que tu vida quede
como la dejaste,
bajando la montaña
de soslayo, consciente
de que mis rodillas
pueden soportar veinte años
más de temblor
que las tuyas.
Quizá tú eres la mujer,
y yo, injustamente,
he venido a reclamar tu tiempo
con mi temporada de desamor banal
y neumonía.
Quizá no hay mujer,
y estamos cruzando
un valle
hacia la abundancia
que siempre imaginamos
como nuestro destino,
la niebla cercana y amable
sobre las cabezas
oscilantes de nuestros caballos,
mientras concluimos
que es más peligroso
viajar en pareja,
pero más seguro
si es de noche.
O la mujer
es el hombre
que me llevó hasta el borde
del lecho de muerte de mi esposo,
pero, una vez allí,
no pudo realizar
ningún ritual para desatarme
de lo que yacía allí
ni para llevarme lejos
con lo que ya se había ido.
O tú y tu amigo
son berberechos aferrados a sus conchas
y ella es la ola antigua
que los impulsa
hacia su amada,
la velocidad que ganan
y el impulso que pierden,
el ímpetu de la espuma ciega
en la que ninguno de ustedes teme
lo que han olvidado:
Se escucha el canto de una mujer
sobre el mar.
- “The Invention of the Darling,” Li-Young Lee ↩︎
- “The Potatoes’ Dance,” Vachel Lindsay ↩︎
- “The Highwayman,” Alfred Noyes ↩︎

Lily Herman
Es escritora, docente y se está formando como terapeuta. Su obra ha sido publicada en Discount Guillotine, Blue Fifth Review, BRUISER y Across the Margin, entre otros medios. Su plaquette, Each Day There Is a Little Love in a Book For You, está disponible a través de Dryad Press. Ha recibido el apoyo de residencias artísticas en Yaddo, Monson Arts y Wildacres. Más información, publicaciones selectas y contacto en lilyjherman.com
Traducción al español de Frances Simán (San Pedro Sula, Honduras, 1984).
Es miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua y miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua. Fundadora de la editorial Los Amorosos y parte del consejo editorial de Cisne Negro en Honduras. Ha traducido varios libros de poesía entre ellos ¿Qué es poesía? de Lawrence Ferlinghetti, Exhausto en la cruz de Najwan Darwish, Algunos poemas fugitivos de Mihaela Moscaliuc y Poemas ascendentes de Michael Waters. Recibió el Premio Inca Garcilaso de la Vega 2023 por sus aportes a la traducción y edición en Honduras, y el Premio Equinoccial 2023, homenaje en el Festival de Poesía Paralelo Cero, Ecuador
