Nuestro funeral
Calcinaron la vegetación de tu pelo
te convirtieron en un número
Porque nuestro amor no era correcto,
amarnos era un pecado,
así se justificaron.
Me odian cuando digo que te extraño,
que te amo,
que no me sirve estar aquí
y solo me queda morir
para estar contigo.
Naufragio en una isla
rodeada de un océano de lágrimas
esperando el momento de mi funeral,
y que la carne se desprenda de mis huesos.
Desangrándome,
regreso a tu lado.
Vuelvo a sentir tu aroma,
el tiempo no ha pasado.
Ahora vamos a lograr
lo que las dos hemos soñado:
una casa de campo y tres gatos.
Caer al lago
Quiero morir en las montañas del Titicaca,
donde el bajo cielo se une con el alto lago.
Ver las praderas vigiladas por zorros,
que usarán mi carne para alimenta
[ a los perros esqueléticos del camino,
los mismos que hace poco unían
[su piel con la mía.
Espero el momento de caer al lago para,
al fin,
ascender al cielo.
Ruta de Copaibo
Al amanecer he cortado el tronco de un copaibo, fresco, sin culpas, con hormigas y arañas aún trepadas. Su resina la uso para adherirme a la vida, antiinflamar mí corazón, analgesiar mi mente y cicatrizar mis pies, abiertos por hacerlo brasa y bailar encima de él con el diablo, tarareando unas rondas vallunas mientras le pregunto, sin vergüenza, si habra un cielo donde la fiesta nunca se apague, un lugar donde llegue sin estar cortos de tiempo, amar al que encuentre y despedirme sin romperme.
Mientras me río, soplo las chispas pa’ que prendan mejor, siento cómo todo empezó a crujir, el aroma a resina y a culpa me hacen tragar el humo que masticaba, ardi con él, yo quemé la Chiquitania.
NOTENGOTIEMPO
hetecleadorápido,sinespacios,cadaunoesunirun
[ r e s p i r o
peronoalcanza,nohaytiempo,aire,niagua.
nohayespaciopara elamor
para lopolítico
para loescrito,
cuandomeescribo.
estaesunahuelga,
sinestructuraysinempleador:
solo un proletariado sin espacios
Taquirari
La música de amor de mi tierra,
me jochea
y despierta a cocachos a mi clinudo
[corazón
colorinchi de tanto tajibo en flor.
Se empacha del tapeque
que me he melao de chinchi,
como un velatacú
por andar de Pata’eperro
para saltar en carnaval
con la tamborita
y la tacuara vibrando,
masticando risas.
Yo ya he cruzao el Piraí,
me he cruzao una sicurí
y me la he llevao
como el duende me llevó a mí

Adriana del Cielo Quintanilla Aguirre
Poeta boliviana del 2003. Su obra explora territorio, cuerpo e identidad femenina, entre lo íntimo y lo colectivo. Integra Trueque Poético y participa en encuentros nacionales e internacionales. Une literatura, educación y cultura como espacios de creación, memoria y comunidad.
