JUICIOSA
Debo tener buen juicio
dicen
debo limpiar el pis
debo lavar la ropa
dicen
los platos, las tazas que no ensucié.
No hice nada en estos días
días de equivocación
dicen.
No soy una hembra perfecta
digo
no me preocupa serlo
no quiero serlo.
Es mi tiempo
un tiempo para propiciar
las coordenadas exactas
seguras
perfectas
donde calmar mi celo.
EL ORIGEN
¿Cuál el sabor de la palabra?
¿Cuál el olor?
Palabra que nunca estuvo
en mi boca —
nunca terminó allí —
palabra que no tengo ahora,
palabra que quiero aquí.
Empollar la palabra —
anidar en,
anidar la
palabra.
Florecer la palabra —
florecer con,
florecer en
la palabra.
Morir la palabra,
morirla.
Morir.
RECORRER LA CASA
Quiero reconciliarme
con la niña que corta retamas,
pero alguien golpea y golpea
tras la puerta.
Pospongo la tarea,
siempre pospongo la tarea.
¿Desde qué borde puedo ocuparme de mí?
de las sombras,
de los velos,
poder contarme
el cuento de cada noche
y volver,
de puntillas, por la casa.
Volver,
recoger
las migas que dejé.
EL CANTO DE AMELIA
Para Amelia, en verso y silencio
Debemos devolver la piedra lava en la puerta de las cinco llagas, Amelia,
como si pasara en silencio aquel que brotó de la tierra.
Se trata de saber
qué palabra hunde la ruta de nuestra voz,
de nuestros huesos, la pared
de la pena, la orilla,
sin mentiras,
repicando polvo,
siempre fría.
Para arrebatar el cielo
repetí un antiguo llanto.
Tal vez yo me resisto, Amelia,
a cabalgar el simple celo,
ese sauce gris que, deshojado,
en largo olvido,
va muriendo.
Amelia, pájara,
Amelia, árbola,
canta,
justo y corto,
para que el llanto aplauda,
y otra mano más liviana,
en girante reposo,
apunte ,
sin temblar.
REVERSAS
Un estrecho compañero en la hierba
Ocasionalmente cabalga –
—Emily Dickinson
Si solo pudiera aproximarme
—otra vez—
para poner desorden entre los árboles,
devolverles la risa,
torcer su gravedad ceremonial,
su obediencia vertical.
Casi, casi que podría entonces
replegar esta historia,
hacerla mía.
Tener orden cansa.
Dispersar, cansa.
Recordar lo que se guarda,
dónde se guarda,
para quién,
cansa.
He olvidado a propósito,
como hacen algunas ardillas:
un mapa en clave que sólo mi cuerpo entiende.
Un ritual de cuidado sin gloria,
sin testigos.
Y cuando de ese olvido brota algo
es otro quien dice
que fue suerte,
que fue viento
que no fui yo.
Yo también he enterrado cosas.
No todas por hambre.
No todas por invierno.
TOCÁME
Tocáme
como sombra apacible
sin amparo
obligatoriamente
impasible
suave.
Sacáme de acá.
Entráme.
Habitáme.

Vero Delgadillo (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia)
Poeta y Comunicadora. Participó en antologías y festivales en Latinoamérica y Europa.
Parte de su obra está traducida al inglés, portugués y griego. Obra: Las tejas de Job (2013); Ausencia del árbol (2018); 37 armónicos para una fuga (2020); Invasión de los muros (2025); Las estancias (2025).
