TENÍA LA CABEZA LLENA DE SUEÑOS.
El último fue el canto de un gallo al amanecer
contando la historia de gente común arrestando soldados
y metiéndolos en los camiones Mercedes
en los que solíamos transportar tomates en rodajas
entre la Ribera Este y la Ribera Oeste
a mediados de los ochenta.
No puedo olvidar la mirada de los soldados capturados en ese sueño.—
Sus ojos. Su miedo.—
Tampoco puedo olvidar la valentía de la gente.
Sobre todo, de las mujeres.
Parecían estar recogiendo tomates
u ordeñando cabras.
Sus rostros estaban cubiertos con kufiyas.
Y sus ojos brillaban tras la tela
como ojos de lobos en la noche.
Y los soldados apilados en la parte trasera de los camiones
como si fueran a cosechar maíz.—
Así parecían,
como peones agrícolas
que trabajaban para nosotros por un salario diario.
Desperté de mi sueño
deseando que fuéramos los ocupantes—
o que hubiera asesinos parecidos a nosotros—
porque en lugar de balas hubieran disparado agua,
usado una manguera en vez de rifles de asalto
y misiles destructivos,
que arrestaran a los hombres y mujeres
y los llevaran a los campos de berenjenas
para que volvieran a sus casas
montados en los mismos camiones
y en sus sacos:
frijoles, papas
y flores de albahaca, —
de las que solíamos sobre plantar
en las uniones entre un campo y otro.
SI FUERA UNA SOLDADO QUE REGRESA DE LA GUERRA
tendría una herida visible en la mejilla,
una mano cercenada,
y un ojo protegido con un parche de algodón,
y un trauma eterno por las sombras de los niños que maté.
Cubriría mi último ojo con mi última mano,
para que los fantasmas no me vieran.
Pero soy una soldado en una hoja en blanco,
Pero yo soy una soldado solo sobre el papel
en el terreno entre el jazmín que regué por la mañana,
y la rosa perfumada que cierra los ojos a las dificultades.
Mi rosa lleva el nombre de la hija del rey
y alza el signo de la victoria
en nombre de las rosas y los árboles del jardín.
Me duele todo lo que le digo a los niños para los que escribo,
sin que yo pueda, sostenerlos contra mi pecho
al regresar a casa al final del día.
Esta es la que soy: —
Una mujer que sufre
por cada uno de los asesinatos
por cada una de las víctimas.
MI MADRE RECIBE SEÑALES A SU MANERA
Dice:
La paloma no puso huevos en la rama del limonero.
No construyó su nido en el alféizar de la ventana del lavadero.
No tiró paja sobre la terraza,
no esparció sus excrementos por todas partes,
no voló lo suficiente sobre el jardín.
Dice:
Me dije a mí misma: «Que Dios nos ayude».
Yo, a su vez, recuerdo el proverbio:
Si encuentras una paloma, anidando en la percha
lanza al aire las plumas de los deseos y los des fortunios.
Compongo una melodía para una canción,
cuya letra busco,
entonces ese se convierte en mi propósito—
encontrar las palabras.
Así que planto un árbol para ella en mi mente.
Quizás las palabras aterricen en él.
Quizás pongan huevos en mi imaginación,
mientras yo
veo cómo mi hogar familiar se desvanece ante mis ojos.
* Traducción al español de Luis Rodríguez Romero

Ahlam Bsharat (Palestina, 1975)
Es una escritora, poeta, cuentista y novelista juvenil, autora de cómics infantiles, guionista, compositora de canciones infantiles y profesora de escritura creativa.
Finalista del Premio del Libro de Palestina en el Reino Unido y del Premio Etisalat de Literatura Infantil en Emiratos Árabes Unidos. Ha impartido talleres de escritura creativa en festivales literarios de los Emiratos y en Dubái.
Recientemente recibió la Medalla de Primera Clase en el Festival de Poesía de Venezuela en 2025 y una residencia literaria en la Ciudad de la Literatura de la UNESCO en Granada, España.
