Soneto de un recelo
¡Oh neblina de tu ánimo calmo,
enojo de tus abismos, néctar de amor y veneno,
ya besando tus manos cristalinas,
aquellas perlas finas, aquellas rosas que miedo tienen
a tus espinas.
Sale el sol envidioso de la dama pálida,
irradia tanta luz, que me hiere los ojos,
pero el cielo es poderoso y mi triunfo sepultó mi suerte.
Lágrimas de ópalo y suspiros de flores tristes.
Dio aquel rostro tuyo un tributo,
suspiró en vano y lloró sin un premio ni gloria,
dulce arroyo de plata fina,
suelta las riendas y esparce tu nuevo amanecer.
Bendita somnolencia
No frenes tu imaginación de los mil sueños,
a pesar de todo gastas los intentos,
alimentas en vano tus pensamientos.
Traes contigo los espíritus atentos,
glorificados sean mis tormentos,
caen tempestades en su teatro de sombras.
Engaña tus pasiones y muestra tu rostro,
Duerme dulcemente en aquel vuelo osado.
Las alas de tus plumas van rosando el viento.
Cuando miro los álamos
¡Pero mira ese blanco coro de altivos troncos,
se aprecian las sombras fugitivas,
y observan en quietud la verde colina,
el ruiseñor se asombra de tanta gracia.
El espíritu se levanta con garbo
y cuyas ramas fueron el refugio de las aves
y de la hierba,
fertilidad eterna de las hojas frescas.
Las torres vitales que arden en el dorado crepuscular,
bellísimas en aquella fortaleza edificada,
palacios de nidos y plumas doradas.
Pienso en casarme
¿Y si me caso con las nubes y los vientos?
besar el cielo y sus fundamentos…
romper las reglas y correr con mi velo hacia las montañas,
lanzar mi ramo a los prodigiosos arroyos,
de los ríos violentos.
Enfrentar mis pensamientos,
subir las copas de los robles elevados,
danzar con las gallinas, mis perros y el ganado.
Sobre las aguas cristalinas vi mil formas,
Más no temí a nada, porque tengo mis cuidados.
Ave que cambia sus plumas
Una conversación entre una niña y una dama:
Si querida, entre las plumas de tu nido, prendes tu libertad.
Y ¿Qué harás con tu vuelo mi señora?
Volar con la fuerza de la aurora.
Nacer y saludar a la voz doliente,
cual canto del ruiseñor nos saluda entre los rayos de luz,
coronada con las hojas y el canto de las aves.
Porque al sol peinaré tus cabellos,
y se descubrirá una estrella luminosa,
divinos ojos míos que te contemplan,
se ilumina el cielo
se ilumina mi mundo.

MARÍA CECILIA ESPINOZA VALENZUELA (ciudad de Constitución en la región del Maule, Chile). Cuyo seudónimo literario es Cecieva. Madre, escritora y poetisa, Comunicadora audiovisual, Diplomada en Educación literaria. Bibliotecaria con certificación en Mediación de Clubes de lectura y escritura creativa.Participante activa de talleres literarios de poesía. Sus creaciones literarias han sido publicadas en revistas y antologías nacionales e internacionales.
