Una nueva generación poética: el ocaso de las poetas jóvenes en México

por Eder Elber Fabián Pérez


Iliana Rodríguez en su ensayo “Apuntes sobre la poesía escrita por mujeres en México”  reflexiona sobre el lugar que ocupan  las poetas mexicanas dentro del panorama literario, llegando a la conclusión de que “Las grandes ausentes tanto en las historias de la literatura como en las antologías han sido las escritoras, situadas en los márgenes del canon aún en este siglo XXI”.[1] Ante esto valdría la pena preguntarse ¿qué factores acaban por determinar que una escritora o poeta ingrese o no a dicho canon? Es cierto que pueden existir varias respuestas, empero, como bien ha señalado Blas Sánchez Dueñas[2], el argumento general puede deberse a que:

El mantenimiento del canon ha ejercido una presión contraria a la escritura femenina ya que su autoridad, inmovilidad, invisibilidad, vigilancia y perdurabilidad, en manos de críticos e investigadores masculinos, no consideraba las obras creadas por la mujer porque eran «constructos» carentes de valor tanto en el plano de su relación con la tradición como en el de la novedad literaria.

Pienso en algunas antologías poéticas que demuestran lo anterior como Poesía en movimiento a cargo de Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis, Ómnibus de poesía a cargo de Gabriel Zaid[3] o los dos tomos de La poesía mexicana, antología elaborada por José Emilio Pacheco y Carlos Monsiváis (de manera respectiva) donde imperan los poetas y no las poetas, mostrando que la tradición literaria ha sido conformada desde sus inicios por figuras masculinas, quienes han subyugado en un segundo y hasta en un tercer plano las obras poéticas concebidas por mujeres.

A pesar de todo esto, debemos resaltar que en  los últimos años la poesía escrita por mujeres ha logrado establecerse tanto en el gusto de los críticos como en el de los lectores. Ejemplo de ello es que en los últimos veinte años se le ha otorgado el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, uno de los galardones de mayor relevancia en la poesía mexicana, a  cinco mujeres: a María Baranda en el 2003, a María Rivera en el 2005, a Dana Gelinas en 2006, a Minerva Margarita Villareal en el 2016 y a Elisa Díaz Castelo en el presente año. En la obra de estas escritoras podemos encontrar una exquisita riqueza en el uso  lenguaje, metáforas intensas y vibrantes y una sensibilidad única.

 Consideremos a las poetas nacidas en  los años 50 (por supuesto sin menospreciar la labor de las poetas como Elva Macías, Elsa Cross, Gloria Gervitz, Thelma Nava, Ulalume González de León, Enriqueta Ochoa, etc.) como las forjadoras del nuevo canon poético mexicano, pues su obra tiende a discrepar con las propuestas masculinas de aquellos años, como bien lo indica Iliana Rodríguez “En esta generación […] ya no hay temas ni estilos en común sino una apuesta por un tipo de voz crítica y suficiente”.  Esta generación quedaría conformada por: Coral Bracho, Kyra Galván, Carmen Boullosa, Ethel Krauze, Carmen Villoro, Verónica Volkow, Perla Schwartz, Iliana Godoy, entre muchas otras que hoy día se han vuelto figuras emblemáticas y paradigmáticas para las nuevas generaciones. En la generación que le precede encontraremos a poetas que han sabido establecerse tanto por su labor artística, como por su labor cultural ejemplo de ello son Isolda Dosamantes, Raquel Huerta Nava, Ana Franco Ortuño, Carmen Nozal, Malva Flores, María Baranda, Roxana Elvridge-Thomas, Mónica Neponte, Rocío Cerón y un largo etcétera. Todas ellas premiadas tanto en México como en el extranjero, demuestran la fuerza, la belleza y la espléndida técnica que contienen sus obras.

Ahora detengámonos en las poetas nacidas en los años 90. Es cierto que frente a las problemáticas que tuvieron que sortear sus antecesoras, estas jóvenes poetas han encontrado diversos medios para difundir su obra como revistas físicas y electrónicas, antologías, concursos y portales digitales. Sin embargo, son los diversos eventos de poesía los que han logrado reunir a extraordinarias poetas que, pese a su juventud, han llamado la atención tanto de los lectores como de los críticos. En los siguientes párrafos me concentraré en algunas de estas voces tratando de ser sucinto y concreto respecto algunos de sus poemas. Con ello no pretendo generalizar entorno a su obra, pues en una misma poeta podemos encontrar gran diversidad tanto de temas como de técnicas. Ante todo, mi propósito es que el siguiente ensayo sea una forma de revalorar su arte, o bien que dicho estudio sirva como una forma de acercarse por primera vez a su obra.  

Comencemos con las poetas que han alzado la voz como un acto de defensa o de rebelión, procurando declarar su malestar frente a una sociedad sin sentimientos o con escasos intereses para valorar al otro. Ejemplo de ello son tres poetas provenientes de distintas partes de México: Aketzaly Moreno, Mercedes Janeth Soto y Nahomi Tari. Iniciemos con Aketzaly Moreno (Ciudad de México, 1992). En varias de sus obras podemos encontrar un tono furioso, con el cual pretende manifestarse en contra de los prejuicios establecidos por la sociedad como en su poema “No me juzgues tan pronto”:[4]


 No me juzgues tan pronto,
 cuando me veas orinando los bustos de piedra
 y te parezca fácil
 Acaso antes de llevarte la mano a la nariz
 y despreciar la miseria que me cubre,
 sentenciosamente señalarás
 mi pobre educación y falta de valores 

Es evidente que la expresión de protesta  imperante en el poema manifiesta una dicotomía entre el deseo de eliminar todo rasgo de improperio y lo que le está sucediendo al otro, líneas más adelante encontramos:


  Te he escuchado decir,
 desde tu figura de mártir ejemplar,
 que funcionaría mejor el mundo sin mi sombra
 sin los jirones de mi cuerpo
 desperdigados en las aceras 

¿Quién será ese mártir que juzga antes de socorrer? Bien podría no sólo referirse a alguien en particular; sino a toda una sociedad que juzga antes que comprender, que repele antes de ayudar. Esa furia va combinándose con un tono de dolor ante el rechazo, ante la discriminación, estos mis rasgos son los que acompañaran gran parte la obra de Aketzaly.

De igual forma en varios de los poemas de Mercedes Janeth Soto Sánchez (Michoacán, 1994) podemos encontrar ese tono de dolor, sólo que ella agrega otros sentimientos como melancolía y soledad. Uno de estos poemas es el titulado “Gorda” [5] donde,  en forma de confesión, nos expresa con detalles íntimos el dolor acaecido ante las palabras de los padres que van perforando el alma y se van quedando como marcas imborrables:


 Mis padres siempre me dijeron
 Que llorar era signo de debilidad,
 Así que aprendí a llorar por dentro.
 Y el enojo para con otros
 Lo hice mío,
 Tan mío,
 Que lo escondí bajo mi piel.
  
 Y visiblemente,
 Me volví invisible,
  
 ………………Para que nadie,
 Absolutamente nadie,
  
 Me pudiera hacer daño otra vez.   

Es cierto que ante el tono furioso de Aketzaly, Mercedes prefiere un tono más sereno, pero no por ello menos conmovedor; por momentos tanto el tono como la temática abordada nos recuerdan el poema “Autorretrato” de Rosario Castellanos. En los últimos versos encontramos que frente a todos los embates sufridos queda una salida: la invisibilidad, sirviendo como resguardo  ante las heridas sobrellevadas a través de los años.

Por otra parte, en los poemas de Nahomi Tari (Puebla, 1997) podemos encontrar un tono intermedio entre la rabia y la melancolía. Prueba de ello es “Cosmovisión” [1]donde se percibe una crítica hacia la sociedad quien juzga de manera inconsciente las conductas y hábitos de las poetas:


  Si tomamos nuestro bolígrafo
 y escribimos algunos versos
 es poesía de mujeres.
  
 Si hablamos de nuestro cuerpo,
 que por tantos años hemos odiado,
 maltratado y modificado para su consumo,
 es poesía de mujeres.
  
 Si escribimos sobre la guerra
 en la que nacimos,
 sólo por no tener un pene,
 es poesía de mujeres.
     
 Pero si ustedes escriben
 sobre sus autos, amantes,
 guerra y rock and roll
 es poesía,
 poesía solemne. 

La crítica es abierta y sin tapujos. De manera firme se nos muestran los prejuicios que han sufrido y continúan sufriendo las escritoras. Por un lado, el envilecimiento y la degradación que han padecido al escribir sobre temas comúnmente considerados masculinos “amantes, guerra, autos”. Por el otro, el grito furioso del yo lírico, quien manifiesta su malestar al ser percibida no como un ser humano, sino como un producto “maltratado y modificado para su consumo”.

Otra tradición en la poesía mexicana es la referida por Jorge Mendoza y Alí Calderón como: Connotación de sentimientos. En ella se puede “percibir nítidamente el apasionamiento. Hablamos de connotación para señalar que el discurso contiene ‘algo extra’, no precisamente ideas o conceptos sino emotividad”. Dicho así, pareciera que las poesías anteriores podrían tener cabida en este grupo; empero, la diferencia radica en que estas poetas “harán referencia (explícita) a algún sentimiento: amor, odio, fascinación, tristeza”.[7] Este último elemento será constante en la poesía de Andrea Broca, Ivana Melgoza o Beatriz Manguen.

Inicio con Andrea M. Broca (Coatzacoalcos, 1993) pues me parece que ejemplifica muy bien lo comentado con anterioridad. Su poesía concentra una emotividad única, como en el poema “XII” [8]donde la nostalgia y la pérdida confluyen en torno al objeto deseado. La primera imagen que nos brinda es el recuerdo de un amor pasado:


 Hubo un hombre que se enamoró de ti.
 Recuerdo su nombre:
 Alain, un granadino
 que dice esperarte
 sobre la playa recolectando valvas para tu lecho.
 Estabas enamorada.
 Habías guardado
 todos tus dolores en un costado y
 decidiste enamorarte. 

Es curioso ver aquí una imagen similar a la utilizada por Mercedes Soto en el poema “Gorda”, donde el enojo queda guardado bajo la piel, mientras que en este poema el dolor queda guardado en un costado. En el poema de Andrea notamos como el tono de felicidad se va diluyendo hasta llegar al dolor:

 Le confesaste más de una vez
 sobre las sonrisas que te causaba
 pero nunca le dijiste que te ibas y
 que tu corazón se estaba apagando
 igual que todo tu cuerpo,
 como un cordero: débil, pequeño, pálido.  
 Te enamoraste a la distancia para que no pudiera ver tu dolor
 y moriste sin despedirte. 

Por medio de elementos que nos recuerdan la fragilidad humana, el poema cobra un tono doliente, desolado y melancólico. Este cambio abrupto logra concentrar una gran carga emotiva al final del poema logrando conmovernos con las sutiles notas que emanan del mismo.

Pese a su corta edad Ivana Melgoza (Ciudad de México, 1998) ha destacado en diversos festivales de poesía a lo largo del país. Su obra posee una gran calidad, tanto en la técnica como en las temáticas abordadas. Cada verso nos conduce por un camino entre la nostalgia y el recuerdo llenándonos de sentimientos diversos.  Como en el poema  “Que sobre el eco suspendido de nuestros cuerpos…”:

 Que sobre del eco suspendido de nuestros cuerpos,
 por encima de las diez de la mañana y las gardenias,
 que aún después del lenguaje,
 de someternos al tiempo y a la dependencia forzada que obliga el recuerdo,
 aún más allá de tu rostro,
 Último resto de turbulencia anclada,
 después y a pesar de la fatal suspensión del aliento,
 de caer fríos y púrpuras bajo la tierra,
 de que me mires.
 Que después aún
 tus manos,
 que eres tú todo,
 me opriman el pecho
 como en nuestros primeros,
 fatales y perdidos, días. 

Aquí el tiempo es uno de los temas principales, por medio de éste se congregan diversos elementos que nos permiten meditar sobre lo efímero del amor. Por momentos sentimos cómo el poema fluye desembocando en frases que recuerdan un momento especial. Tales versos permiten recordar con añoranza al amado. Habría que destacar también el uso del hipérbaton, mediante el cual en la última parte del poema pretende hacernos sentir la misma opresión vivida durante aquel tiempo. También es preciso resaltar el uso de los adjetivos con los cuales se pretende crear un ambiente doliente y melancólico.   

De igual forma, en parte de la obra poética de Beatriz Manguen (Ciudad de México, 1995) podemos percibir un hálito de nostalgia, donde las palabras se vuelven profusas y ante todo sinceras. Como en “Amanece”[9] donde la presencia del ser amado se llega a sentir en cada parte del cuerpo, brindándonos un sensualidad ligera y sutil:

 Estás en la punta de mi lengua
 adormilada.
 Te saboreo entre mis dientes
 cansados.
 Hace meses que no te pruebo
 y mi mente esta jugado malos turcos.
 Crea sabores parecidos a los tuyos
 para seducirme a la distancia.
 El sabor, a tabaco con sal,
 imitado por la mente
 no es completamente verídico
 quizás le falta la pisca de café recién triturado
 el aroma a canela molida.
 El cuerpo ataca con una mejor jugada.

Es del todo destacable el uso de olores y sabores para evocar la presencia del ser amado. Por momentos sentimos cómo lo real y la fantasía se entrecruzan logrando jugar con el recuerdo. A lo largo del poema encontramos un tono de aflicción que queda asentado en la parte final:

 El sabor maldito desaparece.
 Vuelvo a recordarte completo,
 como eres,
 tabaco de secretos ingredientes.
 Amanece,
 ya te extraño. 

La fantasía termina (o el sueño si se quiere) regresando a la realidad. Esos momentos que parecían eternos se disipan, y ante todo queda el recuerdo del ser amado.  Curioso que no indique explícitamente un nombre o una descripción, sino que se recurre de nueva cuenta a un sabor: el del tabaco. Como en los poemas anteriores, la carga emotiva desemboca al final del mismo, este sentimiento no es otro sino de añoranza al no poseer a la persona amada de manera inmediata a lado suyo.

Un tercer “lenguaje literario” es empleado por voces juveniles  quienes pretenden “torcerle el cuello a las palabras”, con el fin de asignarles un valor distinto, quizá de extrañamiento, y con ello sorprendernos. Bajo estos preceptos, podemos decir que estas poeta re-crean las palabras de una forma particular. Dichas poetas son Diana Rodríguez Banda y Emily Granados.

Uno de los poemas que reflejan cómo las palabras van tomando fuerza al reconfigurarlas es “A Morin” [10] de Diana Banda (Ciudad de México, 1998). En dicho poema encontramos un tipo de neobarroquismo que busca por momentos la complejidad (sin caer en exageraciones incomprensibles) y por otros la profusión del lenguaje para que el yo lírico trace una ruta y así llegar al objeto del deseo:


 inter–disciplinarte {los pasos,
 ………….………….……poli–[versarte {la memoria
 ………….en mis trans–versalidades {flagelantes;
 ………..quiero, pluri–[culturalizar {los placeres (de)
 ………….………..(tus) pos–modernidades {salvajes
 ……en todas las multi–dimensionalidades;
 ………….quiero, extra–arte/erte, {lamerte,
 ………….……..el) meta–discurso. 

De este modo las palabras cobran un significado distinto al habitual, reconfigurándose, o bien reconstruyéndose en el fluir de los versos. Con ello se hace visible que las palabras son camaleones “que nos muestran matices, y aún colores distintos”. El predominio de las vocales claras (e,e) y de  las vocales resplandecientes (a, o) dotan de gran sonoridad al poema. Este tono, que bien podríamos considerar seductor, queda establecido en varios momentos. Por ejemplo, en la primer parte del poema, indicándonos el deseo por “interdiciplinar los pasos” o “pluriculturalizar los placeres”, o bien en los versos “quiero, extra-arte/erte” (donde se hace uso de la paranomasia) “lamerte el) meta-discurso”, donde de manera ingeniosa estos juegos de palabras logran atraernos y apresarnos, ya sea por sus sonidos o bien por las cualidades que apelan a nuestra sensibilidad.

Frente a esta profusión del lenguaje tenemos en “Comercio informal” [11] de Emily Granados (Ciudad de México, 1994) el uso del slang citadino o urbano:


 En los mercados citadinos,
 Subterráneos encarcelados y prohibidos
 Se entona el canto viciado y conocido
 a plena luz del día
 un manojo de comerciantes
 parecen ser alebrijes con terciopelo
 con las palabras como dulce en la boca
 sutil y delicadamente
 casi a susurros, hambrientos
 Ladran:
 Chocho- mota
 Chocho- mota
 Verde o blanca
 Verde o blanca
 Sí hay
 Sí hay
 Sí hay
 Sí hay 
 a ritmo tembloroso, trovando,
 empujando con la voz a la masa
 el comercio se consolida,
 se hace ruido  

Es llamativo cómo los vendedores sufren un proceso de cambio, pues pasan de ser una bestia fantástica a otra realista, es decir de ser “alebrijes con terciopelo” pasan a ser animales que ladran para vender su producto. De igual forma es llamativo la manera en que los ladridos se trasforman en susurros con el fin de mantener la clandestinidad y así evitar ser detenidos. En este caso notamos el uso de vocales oscuras que generan un sonido sordo por el cual se pretende mantener el tono silencio. El uso de la anáfora, por otro lado, logra imprimir un ritmo de intensidad y velocidad consiguiendo enfatizar los susurros de los comerciantes. Además, este recurso permite percibir  un ritmo estrambótico a lo largo del poema que nos recuerda lo caótico que puede ser vivir en la ciudad.

Por último tenemos aquellas poetas que recurren a imágenes de la naturaleza pretendiendo “hace(r) descansar la literariedad en los valores propios de la imagen, por mencionar algunos, la plasticidad y la evocación” (Calderón, 10). A esto habría que agregar cómo mediante el uso de estas imágenes, por un lado, las poetas logran redescubrir el cuerpo femenino de una manera en particular: con finura, delicadeza y sensualidad. Y por el otro indagan en preocupaciones particulares como los proceso de recepción de la lectura. Estas poetas son Melissa del Mar y Tzuara de Luna. A pesar que la obra de Melissa del Mar (Barcelona, 1999) no sobrepasa la veintena de poemas, se vuelve del todo interesante que su nombre ya figure en varios festivales nacionales y extranjeros, revistas digitales y físicas. Es probable que uno de los principales motivos de lo anterior se deba a la gran calidad expresiva que encontramos en torno a su poesía. “Voces que amanecen” [12] es ejemplo de ello:


  Lo dijeron en silencio
 cuando hablaron los cerros,
      apoyado en tu pecho izquierdo se escribe un árbol,
           florece cuando te invoca el mediodía
           seco de lágrimas
       que alguien (no) se inventa. 

Lo primero que salta a la vista son los recursos que utiliza la poeta: la antítesis, la prosopopeya, las metáforas, la eufonía etc. Con ello se pretende crear un paisaje lleno de misterio y delicadeza, ante todo resalta como esta naturaleza queda vinculada al cuerpo femenino, pero aún más importante es que estas alusiones conformaran el tema central del poema: el proceso de lectura.

  Leerte es ver que las raíces vuelan,
                                           todavía,
  que corren los campos,
  que las palabras se descubren descalzas,
  que del monte brotan hablas, 
                                           todavía,
  que soñaron tu nombre,
  que te pronuncias a partir del sol,
  que ahora confiesas la tarde,
  entonces
  leerte es saberse vivo,
                                           todavía. 

Un tema tan relevante como el proceso de lectura y todo lo que ello implica queda asentado en los anteriores versos. Percibimos que en el poema tiene lugar una transformación, mediante la cual lo inanimado cobrará vida, volviéndose un medio para que las palabras broten como las raíces. El estribillo “todavía” logra producir más intensidad en la situación, con ello se pretende enfatizar que la lectura “es saberse vivo”. Vuelvo a resaltar que lo peculiar de este poema es la conexión que genera con los elementos de la naturaleza (árboles, cerros, fuego, raíces, campos, etc.)  creando un efecto de perpetuidad en el lector. En el caso de Tzuara de Luna (Ciudad de México, 1998) la naturaleza entra en íntima conexión con el cuerpo femenino. Esto puede vislumbrarse en el poema “Ramaje”:[13]


 Tengo en mis senos la raíz
 que surge de una esfera en movimiento,
 un camino que lleva de mi pecho
 a la curvatura de mi vientre.  

El poema abre con una imagen potente,  el nacimiento de una  raíz, que surge desde los pecho y que se abrirá paso hasta concluir en el vientre. Ante todo se vuelve evidente el sutil aire erótico que dichas imágenes liberan. De nueva cuenta, como en el poema de Melissa, nos encontramos con el dibujo de la germinación en el pecho, sólo que en esta ocasión se utiliza de un modo distinto. A lo largo del poema encontraremos un proceso de evolución, mediante el cual los elementos naturales ejercerán un dominio sobre el cuerpo. Esto queda ratificado por los colores despedidos de tales elementos y la forma en que éstos pasan a apoderarse de las partes del cuerpo:

 Me miro en el espejo y las raíces
 no dejan de brotar porque hierven,
 regurgitan dentro,
 resuenan en las hojas que han sido
 gordas, flacas, traslúcidas y amorfas,
 que han sido tan mías y ahora
 manchan mis manos de rojo,
 mis brazos de carmín
 y pintan a(u)reolas de colores.

El final del poema alude a un renacer, esta vez el cuerpo volverá al planeta, pero no como carne sino como tierra. De este modo el poema medita y explora la relación entre la naturaleza y la condición femenina:

 Tengo en mis senos un árbol,
 un fruto caído que se eleva al cielo
 y se amamanta para recordar
 que este cuerpo ha sido destinado
 a ser de nuevo
 de la tierra. 

Así termina un ciclo e inicia otro, de manera brillante y por medio de versos precisos encontramos cómo esta naturaleza surge, prospera, invade, muere y renace logrando capturar nuestra atención. Este poema bien podría remitirnos a los poemas de Gabriela Mistral donde la naturaleza y el cuerpo convergen.

Terminado este mínimo recorrido, se vuelve evidente que una nueva generación de poetas jóvenes construyen, desde sus distintas trincheras, una poesía única, llena de imágenes deslumbrantes, intensas metáforas y un sutil uso del lenguaje. Mediante estos recursos expresan el dolor acaecido, las voces de los diversos sectores de la sociedad, la condición femenina y la melancolía ante la pérdida amorosa. Visto de este modo no podemos negar que las poetas antes citadas, logran irrumpir con fuerza, energía y sobre todo valor ante un país que necesita voces como ellas, voces que alienten a otras escritoras a salir de la oscuridad, voces que se alzan por aquellas otras que han sido silenciadas, voces que dejan testimonio fiel no sólo de su realidad sino del terrible acontecer en el que vivimos. [14]


NOTAS

[1]  “Apuntes sobre la poesía escrita por mujeres en México”. Escritoras Mexicanas. Web. 07 febrero  2018.  <https://www.escritoras.mx/apuntes-sobre-la-poesia-escrita-por-mujeres-en-mexico/>.

[2] Sánchez Dueñas, Blas.  De la invisibilidad a la creación. Oralidad, concepción teórica y material  preceptivo en la producción literaria femenina. Sevilla: Renacimiento, 2008.

[3] Caso contrario sucede con la antología Asamblea de poetas jóvenes de México¸ en la cual encontramos casi una treintena de mujeres poetas.

[4] “Tinta joven: Aketzaly Moreno y el dolor del tiempo”. Liberoamérica. Web. 22 noviembre 2019. <https://liberoamerica.com/2019/11/22/tinta-joven-aketzaly-moreno-y-el-dolor-del-tiempo/>.

[5] “Nueve Jóvenes Poetas Mexicanos | parte 1. “Gorda”. Buenos aires poetry. Web. 29 noviembre 2019. <https://buenosairespoetry.com/2019/11/29/9-jovenes-poetas-mexicanos-parte-1/>.

[6] “Poesía mexicana: Nahomi Tari”. Círculo de poesía. Web. <https://circulodepoesia.com/2020/09/poesia-mexicana-nahomi-tari/>.

[7] Calderón Alí. Luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México1965-1985. Puebla: Secretaría de Cultura/ Gobierno de Puebla, 2007.

[8] “Nueve Jóvenes Poetas Mexicanos | parte 1. “XII”. Buenos aires poetry. Web. 29 noviembre 2019. <https://buenosairespoetry.com/2019/11/29/9-jovenes-poetas-mexicanos-parte-1/>.

[9]“Amanece”. El océano de mi habitación. Web. 28 de octubre 2018. <https://eloceanodemihabitacion.com/2018/10/28/amanece/>.

[10] “Nueve Jóvenes Poetas Mexicanos | parte 2 “A Morin”. Buenos aires poetry. Web. 2 diciembre 2019. <https://buenosairespoetry.com/2019/12/02/9-jovenes-poetas-mexicanos-parte-2/>.

[11] “Comercio informal”. Cardenal Revista Literaria. Web. 8 junio 2020 <https://cardenalrevista.com/2020/06/08/emily-granados/>.

[12]Del Mar, Melissa. “Voces que amanecen”. Cardenal Revista Literaria. 15 agosto 2019: 37-38.

[13] “Tres poemas de Tzuara de Luna”.  Cardenal Revista Literaria. Web. 14 octubre 2020. <https://cardenalrevista.com/2020/10/14/tres-poemas-de-tzuara-de-luna/>.

[14] Ante todo quisiera pedir disculpas ya que el breve espacio asignado no me permite profundizar en otros poemas que valdría la pena analizar. De igual forma me disculpo con aquellas poetas que no pude incluir en este espacio,  esperando tener una nueva oportunidad para analizar su trabajo.  


FUENTES DE CONSULTA:

“Amanece”. El océano de mi habitación. Web. 28 de octubre 2018. <https://eloceanodemihabitacion.com/2018/10/28/amanece/>.

 “Apuntes sobre la poesía escrita por mujeres en México”. Escritoras Mexicanas. Web. 07 febrero  2018.  <https://www.escritoras.mx/apuntes-sobre-la-poesia-escrita-por-mujeres-en-mexico/>.

Calderón Alí. Luz que va dando nombre. Veinte años de la poesía última en México1965-1985. Puebla: Secretaría de Cultura/ Gobierno de Puebla, 2007.

Del Mar, Melissa. “Voces que amanecen”. Cardenal Revista Literaria. 15 agosto 2019: 37-38.

Martínez Cantón, Clara. El ritmo como clave del verso en Antonio Colinas. Elementos rítmicos no métricos. León: Universidad de León, 2013.

“Nueve Jóvenes Poetas Mexicanos | parte 1”. Buenos aires poetry. Web. 29 noviembre 2019. <https://buenosairespoetry.com/2019/11/29/9-jovenes-poetas-mexicanos-parte-1/>

“Nueve Jóvenes Poetas Mexicanos | parte 2”. Buenos aires poetry. Web. 2 diciembre 2019. <https://buenosairespoetry.com/2019/12/02/9-jovenes-poetas-mexicanos-parte-2/>

“Poesía mexicana: Nahomi Tari”. Círculo de poesía. Web. <https://circulodepoesia.com/2020/09/poesia-mexicana-nahomi-tari/>

Sánchez Dueñas, Blas.  De la invisibilidad a la creación. Oralidad, concepción teórica y material  preceptivo en la producción literaria femenina. Sevilla: Renacimiento, 2008.

“Tinta joven: Aketzaly Moreno y el dolor del tiempo”. Liberoamérica. Web. 22 noviembre 2019. <https://liberoamerica.com/2019/11/22/tinta-joven-aketzaly-moreno-y-el-dolor-del-tiempo/>

“Tres poemas de Tzuara de Luna”.  Cardenal Revista Literaria. Web. 14 octubre 2020. <https://cardenalrevista.com/2020/10/14/tres-poemas-de-tzuara-de-luna/>



Eder Elber Fabián Pérez (1992, Ciudad de México). Es estudiante en la Universidad Autónoma Metropolitana en Iztapalapa, Forma parte del cuerpo editorial de Cardenal Revista Literaria. Ha publicado poesía en revista De-Lirio, en Tlacuache, en Buenos Aires Poetry, en Revista Hispanoamericana de Literatura y en Poesía entre Neón. Ensayo en la revista El Comité 1973, Círculo de Poesía y en Cardenal Revista Literaria. Además de cuento en la revista Campos de Plumas y en Vertedero Cultural. Ganador en el año 2019 del concurso ¡DI CAPACIDAD! Por el cuento “Él no es una carga”.

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