EN ESAS FÁBRICAS Dejamos las manos en esas fábricas. Manos llenas de frío Manos hambrientas de infancia Dejamos las manos en esas fábricas no tenemos campos no tenemos playas Solo un bus, que día y noche pasa. Las muchachas cierran a la carrera el silabario. Llevando el cuento del niño y las canicas a sus espaldas. Dejamos las manos en esas fábricas Son las tres de la mañana, toca la colación. En los casilleros, las amigas esperan a las vecinas. Las hermanas buscan los zapatos de sus hermanas. Y ahí fuera, la noche y un par de estrellas Que mis amigas se detienen a contemplar El casino, las risas. Las rancheras rondan las mesas. Voces rápidas cuentan historias de casas en Molulco, Terao, Huicha, Rauco, Chonchi, Castro y LLicaldad. Caminan en silencio por esos corredores, buscando la mano vieja y áspera que los traiga devuelta a su hogar. Las manos que harán la tierra, las manos que amasan el pan, las manos que tejen y bordan, las manos que llevan el bote al mar. Dejamos las manos en esas fábricas. Manos pequeñas, de niña y sal. Terminada la jornada, los buses esperan. Los cuerpos cansados de mis compañeras, se pierden En sueños de una playa en Llaldad o los dedos sobre la madera de la casa familiar En los senderos que las abuelas descalzas trazaron para que las nietas puedan regresar. Mis manos descansan entrelazadas en los dedos hinchados de mi compañera y despiertan Al sentir la voz de mi madre, esperándome en el portón. CORASOUND VALIENTE Tengo hambre de un presente rasgado Como mis viejos colchones de infancia. Mis uñas amarillas Limpiaron tantos urinarios Que las viejas del almacén, confunden su color con esmalte. NO QUIERO PEINARME No quiero peinarme mamá No puedo peinarme Déjalo revuelto Si alguna vez cayeran los mechones Por la edad. Guárdalos en sacos de harina Átalos a las vigas de este palafito Donde los primeros pasos Fueron siempre Hacia la eternidad. YA NO TENGO CORAZÓN DE QUINCEAÑERA. Ya no tengo corazón de quinceañera. Se lo llevaron el lunes 4 de diciembre, De una calle sin número, De una ciudad cualquiera. Vendí mi tele. Hasta el discman que a mi papi le dieron por navidad, En la empresa. Vendí. Mi caballero, Mi señorita. Hasta mis últimas alitas de pajarita. Pa’ juntar las ochenta lucas. Aunque el curita dijo: RESIGNACIÓN Un regalo de dios es nomás hijita. Ya no tengo corazón de quinceañera. No vi mi parto. No deje huellas. Y en el único solemne espacio que tengo, ¡Lloro! Acaso, ¿TAMPOCO ME VAN A PERDONAR QUE LLORÉ, PORQUE YA NO PUEDEN HACERME ANIMITA? Porque ya no tendré grutita. Ni templo. Ni señoras que cuando recen, tengan en su pecho mi estampita. YA NO TENGO CORAZÓN DE QUINCEAÑERA. SE LO LLEVARON EL LUNES 4 DE DICIEMBRE. DE UNA CALLE SIN NÚMERO. DE UNA CIUDAD CUALQUIERA.

Patricia Águila (Chiloé, Chile, 1992). Publicó el año 2018 su primer Poemario “Luciérnagas” distribuido y editado por la Editorial Wayruro (La Serena) y “Cindy López” en el año 2020 editado por la Editorial Folil. Forma parte de los colectivos culturales Pájaro Azul y Marea Negra Chilwe. Ha participado de diversos recitales Poéticos en Valdivia y Chiloé, antologada por la Editorial hermana (Talca)en el año 2018 junto a otras poetas de Chile y Argentina.
Algunos de sus poemas se encuentran en el fanzine “Lava N°1” de la Editorial Relente (Osorno), en la revista “Sudras y Parias “(Lebu) y en la revista Digital Liberoamérica “Pétalos rebeldes: Poesía chilena contemporánea”.
Su trabajo en dramaturgia cuenta con dos obras escritas: “Cuerpos Embolsados” y “De pandemia y otras vecinas (monólogos en cuarentena)”. Trabaja como locutora en el programa de radio “Amargadas” para Holística Radio de Santiago.