La poética de Joshua Corwin

Traducción al español por María Del Castillo Sucerquia

Joshua Corwin es un autor neurodiverso nacido en Los Ángeles, California. Ha sido
nominado dos veces al Pushcart Prize como mejor poeta y fue ganador del premio
Spillwords Press 2021 en la categoría poemario del año. Su trabajo ha aparecido en
Winning Writers, The Somerville Times, Palisadian-Post, National Beat Poetry
Foundation, Life in Quarantine de la Universidad de Stanford, entre otros. Ha dado
conferencias en UCLA, fue publicado junto a Lawrence Ferlinghetti y leyó con el
poeta inaugural de los Estados Unidos en 2013, Richard Blanco. Presenta el podcast
de poesía Assiduous Dust, escribe la columna semanal Incentovise para Oddball
Magazine (Boston, Massachusetts. Revista virtual) y enseña poesía a individuos
neurodiversos y a adictos autistas que se encuentran en recuperación en The
Miracle Project, una organización sin fines de lucro para el autismo. Corwin es el
editor y productor de Assiduous Dust: Home of the OTSCP, Vol. 1, que presenta una
colaboración con 36 poetas galardonados que demuestran una de sus formas
inventadas de poesía. Actualmente está trabajando en una novela existencial sobre
un abogado alcohólico plagado de ideas suicidas. Su sitio web es
http://www.joshuacorwin.com.

Los poemas que traduje al español, hacen parte de su bitácora de poesía Becoming
Vulnerable (2020), libro en que detalla su experiencia con el autismo, la adicción, la
sobriedad y la espiritualidad.

Joshua, con su voz poética, franca y natural, logra que las imágenes salgan de la
página y nos embarquen en un viaje donde abrazamos su percepción del mundo.
Se trata de un recorrido por las impresiones que dejaron marcas indelebles en su
alma de niño, las angustias que vivió durante su adolescencia y su recorrido en la
universidad y, finalmente, el paso definitivo hacia el autoconocimiento y la
aceptación.

Joshua, desnudándose a sí mismo, termina por quebrantar al lector. Estos son
versos / pájaros heridos que despliegan las alas en la gratitud por el azul del
firmamento y cantan en la comprensión de su plumaje singular.


I.      12:01 A.M

Escucho el brillo de tus ojos
al otro lado del teléfono.
Hablando así
me siento auténtico,
ingrávido.

No tengo que tatuar en el aire
los significantes para comprenderte.

Recuerdo cuando por primera vez me dijiste...
A propósito de nada...
Sobre las distintas categorías de donación caritativa.

Estaba sentado frente a ti, justo allí.
(Tú en ese sillón, yo en este: nuestros ojos)
Hay un tipo de donante que aporta grandes sumas
y se cuelga en un cartel en la pared;

hay otro que permanece anónimo.
Tus palabras suspendidas como un fantasma
no tenían que ser lo que pensaba;

una vez fuiste yo,
una vez estuviste donde estaba...

En ese momento, lo supe.



II.      Miro de vuelta, soy suficiente

Deambulo por los pasillos del entretenimiento,
la desesperanza que traen, el recuerdo de mi venida.
Yo era el chico que recogía basura en el patio,
la ensamblaba en algo más, algo que me alejara del mundo,
de este planeta donde me arrojaron y acondicionaron.
En la universidad, yo era el muchacho patas de cabra,
el que intentaba demostrar que era suficiente,
era el matemático escondido en el sótano,
quien no salía por miedo a no hacer la dosis doctoral;
el que pasaba largas horas solucionando un teorema,
el que daba resultados y demostraba tener la capacidad
de agitar la fina copa de vino por encima de la jerarquía
mental de “insuficiente” y sí, me creí salvado en aquel momento.
Pero envejecí a lo lejos, corriendo en el campus por miedo
de ir al hospital, de estar solo, persiguiéndome.
Furioso, declamé y escupí una bola de fuego,
me quemaron las brasas en la urna de la verdad,
bajo la falacia de la esclavitud, junto al camino,
regurgité mentiras: historias con laberínticas ruecas
de mis resbalones en fuga, de los labios en fuga,
labios sembrados en el destierro, una isla sustentando
el elixir que no duró un nanosegundo.
Al rodar, con ojos de búho, pretendí vislumbrar el Edén,
advertí ser la sombra que conté en la teoría
de los números trascendentales, sombra que intenté
demostrar para ocultar mi propia oscuridad,
sin embargo, tras la muerte del abuelo, papá Mert,
y con las palabras de mis maestros: noté que soy suficiente.
Durante la meditación en aquel santuario en Corea

noté que soy suficiente, y en mi quinta vez como
patrocinador noté que soy suficiente,
al leer mi libro, Becoming Vulnerable, advertí que soy suficiente;
con lágrimas de gratitud me asomo a la ventana y lo afirmo: soy suficiente.
Para seguir errando y encontrarme con mi sombra,
para tararear la melodía de la ofrenda,
para recordar que está bien olvidar,
y que la ventana suele empañarse y la imagen
no siempre es una bella autopista
pero, a veces, observo a un sucio montañista
escalando el abismal desvanecimiento
que cuelga solitario del firmamento
donde todo es suficiente.




III.      La actualización

Estrello las transgresiones
contra lo lejos que he llegado
desde que me diagnosticaron
el espectro del autismo

a los cinco años
más trastorno de ansiedad
retraso mental y TDAH
a los seis.

No quiero repetir
círculos con mis pies.
Uno pequeño dentro del otro
— Me recuerda a mi mente.

Neurotípico.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ [también, alcohólico
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀y, gracias a Dios
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀estoy sobrio
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀esa es otra historia]

Como pacifista enfurecido,
necesito aceptar la química de mi cerebro.
Algo perversa, circular.

Estos pies
forman terremotos.

Y el color pierde su vivacidad...
Como el yo aprensivo que soy.

(Ser visto con el doctor...

Por favor, basta,
me da vergüenza
me desvanezco)

Oh, es tan difícil encajar.
Estoy programado
para diferir.

A intervalos,
un espectro de círculos:

Deambulo, pero trasciendo.
Y por eso los ataques.

{Cada tres meses
a veces, una vez al año}

Resultado de actuar
típico
⠀⠀⠀cuando eres
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀atípico.

— ¿Te lo dije?, tuve que aprender
miles de idiotismos.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀ (Yo pensaba que cuando
⠀⠀⠀⠀⠀⠀alguien decía “dar en el clavo”
⠀⠀⠀⠀⠀⠀en serio martillaba)
— Una tarjeta de memoria flash
con las reglas...

No quiero balancearme de un lado a otro
⠀⠀⠀⠀⠀⠀al atravesar el marco de la puerta
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ ahora, estoy en el piso
⠀⠀⠀⠀...Incapaz de abrir la boca
⠀⠀⠀cuando tengo tanto por decir.

A veces pasa y entonces...
⠀⠀⠀Mis pies repiten círculos...

Alrededor de una forma:
un cuadrado, un rectángulo o un círculo perfecto;
en la mesa, en la cocina, donde mi padre
organiza el pago de las facturas
para mi terapia y la logopedia.
— Para aprender idiotismos como “dar en el clavo” ⠀⠀⠀
expresando aserción.

Parece que doy en el clavo.

Y las palabras y gritos atípicos,
los disfuncionales modismos familiares
las palabras inventadas...

Hay mucho por escuchar,
tengo mucho por decir.

Intento no repetir el círculo, no caer al suelo...
Pero, tal vez, hay que apelar a la simulación
perseverar como yo.

⠀⠀⠀⠀⠀⠀Tal vez necesito caer,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀tal vez necesito girar.

¿De qué otra manera trazaría la línea
para detener la actualización?




IV.      Gratitud por el desayuno

SOLÍA       pensar que la meditación era una farsa,
la iluminación sólo atañía a los muertos.

SOLÍA       opinar que era imposible callar los pensamientos durante cinco
segundos.
En secreto, creía saberlo todo.

SOLÍA       creer que decir “gracias” no era necesario.
Odiaba cómo se plegaban mis pómulos al sonreír.

Estaba convencido de que todos mentían.
SOLÍA       considerarme una mierda.

SOLÍA       creerme un despojo.
El miedo me paralizaba durante horas.

Discutía con los espejos, los amenazaba con el puño.
SOLÍA       maldecir el reflejo temido.

SOLÍA       levantarme por la noche, bailaba con el impertinente dolor,
convulsionaba mi cuerpo entero.

Vi despuntar el alba con tristeza y me revolqué con agonía.
El mundo se levantaba y moría por dentro.

SOLÍA       no saber si mentía o decía la verdad.
Durante horas peleaba con mi Dios; conmigo mismo.

Ahora, despierto al amanecer y pronuncio sh’ma.
Luego, tiendo la cama, me lavo las manos.

Despierto al amanecer y camino a la habitación de al lado,
tomo siento y sólo escucho durante una hora.

Despierto al amanecer, tan liviano como una pluma,
cocino el desayuno, le sonrío al plato que lavo
y al hombre del espejo.

Despierto al amanecer, tomo un baño,
abrazo mi alma.

Despierto al amanecer y le doy gracias a Dios.
Sé que no soy Él.

La poética de Joshua Corwin

María Del Castillo Sucerquia, nacida en Barranquilla, Colombia (1997), es una poeta bilingüe, escritora, tutora, médica oriental (Neijing, España) y traductora (francés, Inglés, italiano, portugués, español y alemán). Con experiencia en radio y actuación (teatro y cine). Ha participado en numerosos festivales de poesía, recitales, foros, conferencias y encuentros culturales. Sus poemas han sido traducidos en diversas antologías (Encuentro internacional de mujeres poetas Cereté, Relatos para adolescentes, Poesía Colombiana y Ecuatoriana, entre otras), revistas, periódicos y sitios web nacionales e internacionales (Filogicus, Libresta, María Mulata, Bharatha Vision, Azahar, Atunis Poetry, El Heraldo, Muelle Caribe, Crisol, Uttor Kota, Sol y Luna, entre otros). Y traducidos al canarés, árabe, urdu, bangla e Inglés. También colabora con las revistas Vive Afro (Medellín), Altazor (Chile), Cronopio (Missouri), Golem (México).

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