Engendro

por Delsa López Lorenzo

Se entristece cuando su hijo sale volando a gran velocidad. Sabe que no lo volverá a ver. El infeliz quiere tomar distancia del poblado y de sus habitantes. Se arrepiente una vez más de haber accedido al experimento que ha devenido en fatalidad para todos. Ni la necesidad que tenía justifica que haya aceptado ese dinero para involucrarme en semejante cosa, se dice, mientras camina sin rumbo tratando de serenarse. 

El joven planea buscando un lugar donde posarse para reflexionar sobre su situación y encontrar una manera de subsistir en medio de un lugar tan inhóspito como la jungla. No quiere regresar jamás al lugar que tantos sinsabores le brindó. 

Recuerda el día en que le comenzaron a salir las alas. También los sucesos acaecidos que le precedieron. Su mujer cocinaba la pechuga de una enorme ave que había aparecido en el traspatio de la casa. Cuando él llegó una parte del extraño pajarraco, como decía su mujer, ya estaba en la olla.

Desde que aspiró el olor del asado, comenzó a sentirse mal, escalofríos, nauseas, y dolor en el pecho lo habían obligado a ir a la cama. Más tarde la temperatura subió por encima de los 40 grados y un extraño escozor comenzó en la espalda. El escozor no tardó en convertirse en dos muñones con plumas. Terrible, exclama recordando los acontecimientos. También recuerda que en un exceso de ira se abalanzó sobre su mujer  con deseos de estrangularla.

Cuando llegó su padre avisado por la esposa, ya él estaba más calmado, lejos de su casa y de los restos del ave que tanto lo habían trastornado.

Recuerda el abrazo del viejo y sus lágrimas cuando le pidió le contara sobre el ave aparecida.

–Llegó herida, le había comentado.

–¿Herida?

–Sí, no sé por qué ni cómo. Mi esposa la remató a palos y después le cortó el pescuezo para desangrarla y aprovechar la carne, pero ¿por qué me lo preguntas?

–Porque ella vino a pedirte ayuda, dijo el anciano llorando desconsoladamente.

–¿Ayuda?

Si,  esa enorme ave, no era un ave cualquiera, ella te estuvo empollando durante un largo tiempo, hasta que lograste salir de cascarón.


Delsa López Lorenzo (Yaguajay, Sancti Spíritus, Cuba 1954). Narradora y poetisa. Antologías de Cuba, Europa, Latinoamérica y Estados Unidos incluyen obras suyas. Entre los premios que ha alcanzado se encuentran: El cuenta gotas (España 2011), Ada Elba Pérez (Cuba, Jarahueca, Primer premio 2012, 2015 y 2016 y 2018), Modesto San Gil, (Cuba, Chambas, Segundo premio 2013), Luis Compte Cruz (Cuba, Mayajigua, 1er premio soneto, 2do premio décima, premio de la UNEAC, soneto, los tres en el 2014, segundo premio 2015, primer premio 2018), Raúl Ferrer (Cuba, Yaguajay, primer premio en poesía y cuento y segundo premio en décima, los tres e el  2015). Premio Concurso “Me olvidé decir”, España 2014. Primer premio del Concurso Inquietum Cor, Poesía mística (2016), convocado por la biblioteca diocesana del obispado de Santa Clara, Cuba. Obtuvo mención en el Concurso Internacional Cartas de amor, (Sancti Spíritus 2015). Obras suyas aparecen en el libro Memorias de Yaguajay de Mariano Isla  publicado en Méjico. Publicaciones en la Revista digital Korad (2013) Revista Amanecer, impresa, y periódico Escambray. Publicación en Méjico libro Requiem para un amor. Publicación libro de cuentos infantojuveniles Paraíso de mascotas  por la editorial cubana Luminaria (2018).y publicación en editorial Primigenios de los Estados Unidos de dos libros infantiles, Juan Pirindingo y otros cuentos (mayo 2020) y Saltarina y el maja rastrero (poesía Junio 2020).

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