Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

Poesía costarricense actual: Lovesun Cole

El último grito

A María Teresa Rimada.

Luché cegado en la quimera
de que el héroe era yo, cuando
en esta batalla fui siempre el villano.

En la psique abolida y en el corazón estremecido
poseo clavada hace muchos años una daga de oro.
Me desangran las agujas del mismo desgastado féretro de siempre
cuando me observo en el espejo que se halla entre los frescos de la cúpula,
—ennegrecida por el fuego de lo desconocido que inunda nuestro Santuario—,
repta el terrible Monstruo sin rostro abriendo las fauces
mientras me engaño de nuevo, creyendo que escucharé cantar a la Sirena
que le obliga a dormir, que me salva de sus garras adamantinas
y de sus pálidos ojos que me atraviesan el alma.

—Bestia mucho más terrorífica aun sin metamorfosis para la Sirena,
que tal Monstruo para mí—. Pero me lograste domar…
cortándome dos cabezas, atándome las manos y los pies…

Lentamente me incinero entre rugidos y soy prisionero de lo que hice;
enfriaste mis pútridos despojos, apenas balbuceantes de tu nombre

—¡María, María, María!… —

y me acariciaste en tus fríos regazos de princesa donde indiferente
¡me apuñalas, «tan cruel», sin importarte nada, una, otra y otra vez!
—no duele menos que la primera porque mi carne se regenera para ti amor mío—.
Sería incluso un solemne y prodigio halago nombrar a mi vacío rojo
una rivera, que poseída a las largas y viejas raíces de tu amor
taló, arrancó y quemó sin piedad.

Pero la Bestia ha sido encarcelada en su oscura cueva de la cual nunca regresará.
Es por este fatal y venenoso pensar, que entre el profundo silencio grito
y en delirios desespero y tiemblo por el hueco sentir de mi amor ilusionado,
vano, enajenado y supremamente inconsciente
de que tú me amabas, como Dios, jamás podrá amar.

Ajedrez

El ajedrez es un lago en el que un mosquito puede bañarse y un elefante ahogarse.
Proverbio indio
Como el otro, este juego es infinito.
Jorge Luis Borges

¡En su «libre albedrío» la obsesión les obliga
a qué en su propia cárcel se encierren prisioneros
a ser el padre Pan detrás de Siringa, intriga
qué no cesará ni con dones ni Don Dineros!

Fausto universo donde se templan dos cerebros
por un mismo objetivo, interpretar a la Tierra,
sepultan diariamente fructíferos enebros
los pérsicos tres actos que ríen en la guerra.

Mi gran pasión, mi vicio que anhela a campeón
ser proclamado, en ébanos cielos y albos mares
que en mi pecho jamás resecarán el ciclón,
las horas mueren entre desvelos de jaguares.

¡Glacial espejo qué nos castiga los errores!
de la cínica forma en que los cobra la vida
sacándonos los ojos y aullando en los albores
nos dará una coraza por la carne mordida.

Un puente es el tablero, a Cimeria, arena abyecta
de cardos explosivos, de océanos fungibles
y salva para atrás, de izquierda a derecha y recta
soñando el marinero en sus olas ilegibles

a las bestias que emergen en divinos patrones.
Cada columna y fila esconde una cruz impía
que forman este ciclo infinito. Los peones
en cada partida una incógnita, ¿cuál sería

inmolado? Cadenas en que endriagos renacen.
Alfil, el ruiseñor de Artemisa y arco de Apolo.
Cruzada torre, mamuts que arduas murallas hacen.
Caballo alado, cruel, sutil y al que no controlo.

La reina tan monstruosa, es feroz arcángel toro.
Y el que nunca vendría de su gran paraíso,
—el rey es un tal bufón con una corona de oro—
si no nos viese ahí ensangrentados por el piso.

Esfinges poseídas, guardianes ciegos, mudos
que en su patria el espíritu parálisis halla.
Avanzan las espadas, avanzan los escudos
dispuestos a extinguirse en el campo de batalla.

Temerario pensó en sacrificar la doncella,
quemarla en el sangriento festín del medio juego
al rey que gritar ose —¡nunca es amada o bella! —,
mientras saltó el dorado corcel por entre el fuego.

Los escaques partir con anacondas letales
trepando las columnas a en Kraken transformarse
y el tórax constreñirle y quebrar las cervicales
que obligue al retador moribundo a retirarse.

El prodigio es hermoso en su don ávido y arcano
que rige la estrategia y alza muertos en combate
e imitando la dulce melodía del piano
la orca nació en su táctica para el jaque mate.

—Contrario de sí mismo—, espada que no hace daño,
es una gran tormenta, un desierto, un manantial,
es una verdad y ¡ay! acertijo y mentira y engaño,
un augurio, apertura, un desarrollo y un final.

Los olímpicos: Carlsen, Capablanca, Fischer,
Lasker, Morphy, Alekhine, Polgár y Kasparov;
supremos. Y el Gambito de Dama entretejer
y la asidua Española y la inusual Taimanov.

El cisne de agua y el cisne de fuego se destrozan
las alas por la gloria del lago cristalino
y caen en la fosa y de nuevo se destrozan
por la ambición de otra harta victoria en su camino…

el cisne de aire y el cisne térreo… son las hoces
que miran una gota en un mar interminable
y es vaga su ilusión de vivir en libres goces
por otro dios humano y otro más, inexplicable.






Lovesun Cole, (San José, Costa Rica, 2000). Escritor, músico, actor y locutor, cursa Bachillerato y Licenciatura en la Enseñanza del Castellano y Literatura en la Universidad de Costa Rica. Participó en el Segundo Encuentro de Poesía Joven De Costa Rica (2021). Sus trabajos han sido publicados a nivel hispanoamericano por revistas como Santa Rabia Poetry (Perú), Casa Bukowski (Chile), Campos de Plumas (México), Azahar (España), Hiedra (México), Small Blue Library (México). Ganador del Festival Estudiantil de las Artes (FEA) del Liceo de Moravia (2019). Ha participado en diversos recitales para revistas como Nueva York Poetry Press y Cardenal. Estudió en el Instituto De la Comunicación (2017) en San José, Costa Rica, graduado con certificado a la excelencia. En el ámbito escénico participó en la obra teatral El psiquiatra (2019).

Alelí Prada: Premio Lisímaco Chavarría 2021

Alelí Prada, poeta y cantautora costarricense, es la actual ganadora del Premio de
Poesía Lisímaco Chavarría con el poemario titulado La gruta de sus pasos. Dicho premio
se encuentra organizado por el Centro Cultural e Histórico José María Ferrer de Costa Rica,
en el cual esta autora obtuvo el primer lugar en la categoría de “Autores publicados”.

“Para mí representa una sorpresa, no solo en el sentido común de la palabra, sino por lo significativo que es para mí un premio de este tipo, tomando en consideración el panorama actual de pandemia donde cualquier cosa que nos logre sacar de la faz de lo cotidiano se vuelve algo maravilloso” menciona la autora.

El libro premiado se encuentra constituido a partir del dilema de la memoria, tal como lo plantea Prada:

“El texto plantea un escenario húmedo y oscuro desde el cual el yo se ve obligado salir. Esta idea encierra un planteamiento específico: que hay memorias que son una gruta. La gruta de sus pasos se basa en esa búsqueda, en la pregunta de ¿qué tan escondida y húmeda es la memoria de alguien, o algo, que pasó por nosotras o nosotros?”

Estructuralmente, el texto se encuentra dividido en tres secciones:

“La primera parte se llama Lesiones. Desde ahí comienza, no desde la forma lineal de la memoria, sino desde el golpe, desde la herida. La segunda sección se llama Reminiscencias de la noche, que es el comenzar a recordar, porque después del dolor, después de la herida, queda esa reminiscencia, ese algo que quedó palpitando: el inicio verdadero. La última parte se titula Pena de muerte, pues considero que después de cada golpe y herida, y su consciencia, hay un retorno a esa crucifixión de la que hablo en los poemas; un saber que hay que morir y resucitar, para volver y volver (…) De esta forma, uno de los primeros poemas de esta última sección se titula “Viacrucis”, el cual plantea la idea de morir como un acto político, y el morir como una puerta para nacer diferente”

Su ópera prima literaria, Cuando llueve sobre el hormiguero, fue publicada por la editorial Nueva York Poetry Press en Estados Unidos a mediados del anterior mes de julio (Disponible en Amazon). Como parte de la presentación de este, Alelí participó en el Festival poético “Lectura del fin del mundo”, celebrado recientemente en Ciudad de México, junto con otra serie de poetas de Costa Rica, Colombia y México, organizado por Revista Literaria Cardenal. Además, como cantautora, Prada lanzó su sencillo “Animal” durante el mes de febrero, anticipando su primer EP, Mutamorfosis, que continuará presentando a lo largo del presente año.

La ceremonia de premiación del Certamen Lisímaco Chavarría se efectuará el sábado 28 de agosto en las inmediaciones del centro cultural organizador, en la ciudad de San José, Costa Rica.


Fotografía: Alejandro Cabezas
Entrevista: Alberto Agüero






Alelí Prada es una cantautora, poeta y compositora costarricense. Estudiosa, creadora y entusiasta de las historias, las ideas y los sonidos. Ha participado en diversos escenarios artísticos, desde teatro, música coral, música original, interpretación de canciones, oratorias, recitales de poesía, entre otros. Hoy desarrolla su proyecto como solista con música original y producción literaria. Recientemente, sacó su primer sencillo “Animal” junto a la cantautora colombiana Laura Román en plataformas digitales; anticipando un EP del presente año. Asimismo ,además de su primer poemario “Cuando llueve sobre el hormiguero” con la editorial New York Poetry Press, algunos de sus textos se pueden encontrar en la antología “Y2K” de la Editorial Estudiantil de la UCR, en “Desacuerdos” del proyecto Escritoras Aflorantes, “Antología de poesía joven costarricense” por parte de Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica, la revista Liberoamérica, Oxímoron, Atunis, entre otras.

Poesía costarricense actual: Valeria Morales Núñez

Transito


                                        Tienes que saber que el aire que te nutre
                                                        acarrea también parásitos
                                                                   Gioconda Belli

Como la serpiente, tengo la sangre intacta
pero mi piel escamosa ya dejó mi cuerpo
en su lugar, poseo un lugar cálido 
donde las alimañas no almuerzan mi corazón
ni los zopilotes hallan eco en mis canciones.
Ahora entiendo que el calor no lo da el sol
lo dan las rocas
          refugio de aire limpio.
Me aferro a mi nueva piel, pues
n o
        v o l v e r é
               a l  d e s p r e c i o.




Los pasillos del cactus

I
Frente a un borde rojo que se tragaba todo el amarillo del pueblo
        nos conocimos:

Ese día turquesa
terminó con una falta de aire
y mililitros de mezcal en mi sangre
que me obligaron a huir en busca de agua
       no sabía la dicha de que me acompañaras.

-¿Segura que quieres que te bese?
-No me preguntes más

El calendario dice que fueron pocos días,
no imagino que otros versos pude leerte
en el tiempo que realmente vivimos.

Con los nervios congelados y otros mundos posibles nos despedimos.

II
Aún me preguntó qué tan inconscientes son nuestros deseos,
¿cómo terminé en el centro del cactus
esperándote?

No conocía los pasillos de estas plantas
recorrerlos me asustaba
así que bordeé sus espinas,
        hasta que te vi lleno de sol en el parque.

Bebimos el agua entera
vimos la flor
        aún recuerdo su olor
pero nos dio miedo tocarla.

-¿No nos besamos?
-No, dijiste que no podías

III
Los pasillos internos desaparecieron
ya no es solo un cactus,
ahora vivimos en las cactáceas
nos perseguimos la bendita espera
que supone cada flor
        y no nos importa si es amarilla, roja o rosada.

Sus ojos se tragaron todo el sol que nos quemó,
lo recuerdo con un lazo naranja como su risa.

Cada tanto cantamos la distancia
para sentir el agua que recorre este matorral
donde mi cuerpo te busca
        decide olvidar cada razón
porque deseo tocar las teclas de tu boca
encontrar melodías en tu cabeza
y cantártelas al despertar.




Escálame


Escálame
costilla por costilla sube
a donde el magma cristaliza tu aliento.

Escálame
suelta tus árboles en el camino
yo les haré crecer
y al bajar me encontrarás bosque.

Escálame
en mi boca sostengo las rocas
que adornarán tus ríos,
el resguardo de nuestro hogar.




Presagios de intuición

Me cansé de llorar la certeza,
de enterrar fotos donde la vida crecía,
y me rehúso a escuchar a Mon Laferte por las mañanas.

Ya no quiero detener el tiempo,
dejé de preguntarle a los ayeres sobre mi hoy.
Ahora me dibujo a mi misma
sufro cada lágrima
como el recién nacido al salir del vientre.

Mantenemos este amor atascado de mangueras
conectado a una máquina
que nos dicta los segundos que faltan.

Aún así, vamos a ir a la playa
quizá el mar disimule las lágrimas
y la humedad del Caribe
abra las grietas que tanto tememos.

Y es que acabar sin rencores, sin odio,
es más difícil que desearse la muerte
y finalizar la película con un drama cúspide.

Cuando el hijo regalado no pega en el jardín
a pesar del abono y del aporque diario,
no queda más que agradecerle su paso
y disponerse, para nunca ver crecer su raíz.

Valeria Morales Núñez. Nacida en San José, Costa Rica (1995). Desde niña ha encontrado en las letras un lugar seguro para desnudarse frente al espejo de su propio ser. Con el poemario Podremos ser recibió el segundo lugar del Certamen Literario Brunca 2019.
Pueden encontrar algunas de sus obras en la revista ComeLibros (Ed. 2 y 3), Revista Kametsa (Perú) y en las antologías Certamen Desierto (Editorial Fruit Salad Shaker), Y2K (Editorial Estudiantil, UCR) y Atemporal.
Fue gestora y compiladora de la antología de mujeres jóvenes Desacuerdos (2020), publicada por la Editorial Eva. Y, gracias a una Beca Creativa del Ministerio de Cultura y Juventud, gestionó el taller literario “Migraciones y escritura creativa”, dirigido a personas migrantes y refugiadas, el cual tuvo como fruto la antología Cuerpos en movimiento (2020).
Es integrante de la colectiva de escritoras Las Jícaras y participa del Taller Literario Joaquín Gutiérrez. De profesión es trabajadora social.

Poesía costarricense actual: Ignacio Aru

Malas Semillas

“Su juventud fue el conocimiento de la poesía
o el hallazgo de la soledad”
Eduardo Cote Lamus.

I

Veo a la locura
alojarse en mí ojo,
las líneas blancas desfilar,
el fondo de los vasos llenos,
la oscuridad del sol.
Hago rituales en mí cuarto
ahorcando a mis padres,
para besar la fragua de sus cabezas
cuando sostienen la nube
en la que lloró locamente
derramando la runa del odio.


II

He visto el rostro de la muerte
y poco a poco se ha descubierto el mío,
el lavatorio está lleno de un agua morada,
una bruja me toca el hombro
y revuelve en el caldero la visión de mi juicio.
Aprendo a comer con las ratas,
ellas me ofrecen sus semillas
endosadas con el polvo azul
que deja la sangre y los químicos..
Yo alguna vez me creí príncipe
y heredé una piedra hueca
sobre la que reiné hasta igualarme a ella.

¿En qué momento comienza La Sombra
a ir detrás del cuerpo?



III

Paso las noches atado a un árbol
para descubrir la profundidad
en la que caerán mis huesos,
arbitrariamente esparcidos
para la predicción de los magos.
Los minerales al fin querrán jugar conmigo,
llamarán a mis restos para abrazarlos
y transfórmalos en un huerto.
Interrumpirán el ritual de mis venas
y me obsequiarán a la mordedura de un ángel.



IV

No me creíste
cuando dije que estaba muerto,
que tenía el cuerpo helado
y la luz pesaba.
Ahora recibirás de mí
el abrazo de los disecados,
vendrás a mí figura
como quien sepulta y borra
sobre los pasos.
Apartarás esta luz de mí
para que el viento
como una pluma hermosa,
haga regresar al ave
que me ofrende a sus crías.



V

Bajo la saeta le pido a Dios
que me ofrezca un cáliz del cual beber,
mis labios están secos por la sed infinita.
Tengo miedo de morir descalzo y con frío,
morir solo, morir viendo nada.
Pero no quiero la compasión de nadie;
que mi cuerpo sea libre de quemarse,
de viajar como el incienso que exhumen los dioses.
Los nardos crecerán en las puntas de mis dedos,
navegaré con el amor que me fue imposible,
en un ataúd, por el río,
donde al final me espere una catedral
y el llanto de mi perro y de los conejos.

Hay una isla varada en mi ojo.
Hay un rayo inverso en laTierra.
Hay un dardo en la diana de mi mano.

Hubo un nombre bajo la frente.
Hubo un corazón en la runa del fin.
Hubo un cerebro abierto en el tallo del universo.

Yo, ahora me marcho a la Casa Eterna.



VI

Oyeron un grito
sostenido secretamente en las paredes,
un llamamiento a la locura del ave ciega
varada sobre su roca.
La inscripción de otra sangre
en los vitrales,
innombrable.
El presagio de una bestia merodeadora
que empuja las puertas,
el ritmo interior de una semilla.
Las flores de plástico crecen en el jardín
donde yacen los cadáveres
de cabezas de rubíes y manos de arena.

Hay una música debajo de la tierra.

La casa parece derrumbarse,
los hombres la tienen rodeada,
dan vueltas con sus trompetas,
los padres que viven en ella
corren a ver a su hijo
antes de que caiga su pequeña Jericó.

Sobre la cama ya no hay nadie,
no hay tiempo para los padres,
el techo empieza a desmoronarse,
las paredes colapsan,
los vidrios rotos
y los alambres del patio
hacen su cárcel.
Debajo de la tierra hay una música;
los padres encuentran a su hijo.


Ignacio Aru, Costa Rica, 1999.

Ha sido ganador del premio internacional de cuento de Fundación Mapfre (España 2014), y en poesía ha ganado el Tercer lugar del premio Nacional de Poesía Letra Joven (Costa Rica, 2017)

Publica su primer libro “Lupercalia” (México, 2020) y su segundo «Catorce días bajo la nieve» (Costa Rica, 2021)

Estudiante de Derecho de la Universidad Hispanoamericana. Incluido en la Antología “Nueva Poesía Costarricense” (Costa Rica, 2020). Participa en diversos Festivales Internacionales de Poesía, así como lecturas para diferentes colectivos de Perú, Bolivia y Argentina. Aparece en revistas como Altazor (Chile) La Raíz Invertida (Colombia) Liberoamérica (España) New York Poetry Review (USA) Círculo de poesía (México).

Poesía costarricense actual: María Macaya Martén

La muerte de mi padre

La vida es un cuento, la muerte, el punto final de una oración.

Escribir estas líneas es el pecado más grande que he cometido en la vida.
Por favor perdóname si es que puedes,
si no, ya es muy tarde.

Mi papá murió en una cama de hospital, como muchos otros.
Su cabeza de pájaro yacía bañada de un sudor divino.
Su respiración le estremecía el cuerpo
como el viento levanta súbitamente las hojas secas del cielo.

¡Cuántos otoños enardecidos pasamos en Vermont!
Cortando el aire frío con un Ferrari rojo, a través de pueblitos de cuento a medio día.
“Mais quelle belle vie, en esperant qu’elle dure toujours !”.
Exclamaba él sacando el brazo por la ventana y extendiendo los dedos.
¿Fue acaso esto un sueño?

Era de noche.
Las ventanas cerradas de la habitación guardaban una luz melosa, el ruido del aire
acondicionado, los números rojos y verdes del equipo médico, y las sondas como lianas.
Su respiración era un niño que sollozaba solo a la distancia,
las últimas costras de vida que se aferraban empedernidas.
Un berrinche digno.
Pero con cada movimiento brusco de la cabeza hacia atrás
salían expulsadas y se unían como gotas a la bruma de la escena.
En comunión formaban parte de algo más grande y se relajaban.

Algo parecido a aquellos atardeceres sobre la colina en días frescos.
La última gota fosforescente se resbalaba y caía sin remedio entre las piernas de la montaña.
Sus ojos grises, fijos en el agonizante punto rojo, lo reflejaban.
“Pedí un deseo, mi amor, ¡qué atardecer más lindo!”.
Y me daba la mano.

Su mano yacía inerte sobre las sábanas,
muy de vez en cuando un dedo temeroso saltaba.
Las manos que sostuve desde que nací
no me sostendrían más.
Pero este instante me cargaría hasta la muerte.

No puedo describir el momento exacto de su victoria,
porque no me lo permito y no me lo perdono.
No soy digna de su santa euforia
pero estas palabras bastarán para sanarme.

Estaba amaneciendo.

La perla

Te tengo guardado como a una perla
el dolor más valioso que tengo en el cuerpo.
Porque si no lloro estas lágrimas pedazos de plomo
puede ser que nada de esto haya pasado.

El día que te vi por última vez entre enfermo gentío
en una camilla en el corredor de un hospital público,
fue un sueño, fue un sueño, fue un sueño.

Estás todavía en tu apartamento
en el sillón de la sala viendo la ciudad
por la ventana cerrada.

Te cuido como a impuro tesoro
custodiado por capas y capas de nácar,
risas exhaladas despreocupadamente
como si estuvieras todavía en el mundo conmigo,
no tuviera que molestarme
y procesar tu muerte.

Eres semilla pegada por allá en el fondo de una muela.
No madurarás nunca en palabra suelta o verdad absoluta.

Tu nombre es un avión que cae desde el cielo,
cómo podría permitírmelo, Dios mío.

Empedernida en rabieta privada me frustro
porque te tenía y de pronto no te tengo.
Me incomodas a diario y me encantas,
pero no logro alcanzarte cuando quiero.

Me siento idiota
cuando te pierdo en algún rincón
de mis múltiples acueductos.

Se me hincha la cara, estoy infectada
porque tú trabajas desde tu escondite
carcomiéndome tan lento, tan lento,
que no te percibo malvado gusanillo.

Llevo meses ingenua,
caminando por el mundo podrida,
comiendo de todo, glotona,
y permaneciendo vacía.

Propiedad privada

Tengo una casa donde no vive nadie;
y así me gusta, con las paredes blancas como praderas.
El piso es una pista de hielo donde me deslizo como un niño
cuando necesito llegar rápido a conclusiones.

En esta casa cabe todo y no cabe nada.
Es solo mía porque pago los impuestos.
Y así será siempre,
le daré mantenimiento,
digan lo que digan.
No se vende ni se alquila.

Todo es blanco, el piso, las paredes, el techo,
el aire que respiro, la luz por la ventana, el viento…
Que no se atrevan a cantar los pájaros.

En los muros desnudos como el hueso
veo todo lo que quiero y me pierdo.

Me deshago en el espacio,
sentada en una esquina me fundo en el concreto.
Aquí no hay teléfono.

Me esfumo y me hundo muy hondo.

El silencio me arrulla como una madre,
me acompaña por mis caminos internos
como un perro.

Me esfumo y me hundo muy hondo.

Dejo que el blanco me invada,
que me perfore el pecho,
y me consuma por dentro.
Me entrego sin vacilar
a la nada.

Me esfumo y me hundo muy hondo.

Ya no me exploro ni siquiera,
me dejo atrás y me olvido,
solo soy parte de este reino.

Me esfumo y me hundo muy hondo.

Me voy de mi casa blanca.

Hasta que suena el teléfono,
y tengo que ir a recoger a los niños.

Pero ahí está mi casa,
y me espera inmaculada,
cuando quiera y donde sea.

No se admiten visitantes.

Existir duele

Soy una ciudad abandonada
con su relieve infinito de edificios,
calles como venas,
puentes, tiendas y tragedias.

Hay alcantarillas, charcos, caños sucios.
Hay acantilados grises,
callejones solitarios,
una cobija tirada en la esquina.

Hay muchas casas vacías en fila,
puertas negras cerradas con cerrojo,
ventanas que quedaron entreabiertas.
El viento silva a lo largo de las caderas.

Hay escaleras decadentes,
el vaho apestoso de la urbe
subterránea.
Hay un metro que no
funciona,
hay andenes desiertos,
una bolsa plástica.

Hay bulevares tan amplios que arden
incrustados en medio del pecho.
Hay árboles que no crecen.

En la intersección
la luz del semáforo
todavía cambia de
color,
verde
amarillo
rojo
verde
amarillo

Hay autopistas oscuras
tan anchas como mis piernas.
Hay caseríos y tugurios,
miles en el fondo de la lengua.
Hay mansiones anticuadas
con vitrales quebrados
en los ojos.

Hay techos y chimeneas,
muros manchados por el humo.
La noche no espera.

La neblina llega sigilosa
como de costumbre.
Entra a los templos,
cubre estos
huecos de concreto.

Desciende y se expande
como la marea.

En la torre más alta,
en la última alcoba
del piso cincuenta;
se nota apenas
un bombillo
incandescente.

Alguien trabaja
en vano,
tratando de habitar
la ciudad

inhabitada.

Quiero que me odies

Quiero que me odies,
que me veas y quieras que me muera.
Quiero ser el dolor más cálido que has sentido,
la aguja que te tragaste y no ha caído todavía.

Quiero tanto, tanto repugnarte
de todas las maneras posibles.
Que un espontáneo pensamiento de mis manos
se te meta en el centro de la cara y te la arrugue.

Que detestes con tu corazón suave
a todo aquel que pronuncie mi nombre,
para bien o para mal, no importa.
Ojalá ese sonido ambiguo
sea un grito espeluznante
en medio de callejón mojado;
el tap de las patas de las ratas del desagüe.
Que te duela en el cerebro, en la panza, en el pecho.

Quiero ser el alma en pena encerrada en tu cabeza
que solloza todas las noches y reniega.

Si logro algo de esto será suficiente,
podré morir tranquila algún día.

Y, tú, no te preocupes, no sufras,
que te acompañaré piadosa a mitad de tus noches en vela.
Te abrazaré cuando el odio se expanda como el moho en tu casa.

No me apartaré nunca de tu lado,
te lo prometo.
Puedes contar conmigo.

Le suplicarás al fantasma de lo que fui
que no se vaya, que no descanse.
Llorarás y te retorcerás para que te arrulle,
porque sabrás que de cualquier otra forma estarás solo.

Cuando te levantes y la casa esté sucia,
no te importará porque me sentirás hundida
en tu piel interna como sanguijuela,
el gusano del tórsalo,
el huevo de la mosca,
y estarás tranquilo.

Enfermo,
adicto,
tranquilo.

Cuando el cuerpo se te descomponga,
brotaré desde adentro como hiedra,
y estaré contenta.

Tranquilo, mi amor,
esto es lo que te espera.
Por no amarme más
me odiarás toda la vida.
Yo no aguanto emociones tibias
y lo sabías desde el primer día.

Todos los textos forman parte de Viento inmóvil (Editorial UCR, 2020)


María Macaya Martén (San José, Costa Rica, 1991).
Master en Literatura Comparada de la Universidad de Oxford, en Inglaterra. Se especializó en poesía, en el simbolismo francés y el modernismo hispanoamericano. Previo a su maestría, sacó la carrera de Literatura Comparada en Middlebury College, en Vermont, Estados Unidos. Durante su tercer año universitario fue estudiante visitante en la Universidad de Costa Rica y la Universidad de Nueva Sorbona, en París. Al completar sus estudios regresó a Costa Rica y dio clases de inglés en la Universidad Latina y en el programa Inglés por Áreas de la Universidad de Costa Rica. Su primer libro de poesía, Viento inmóvil, recibe una Mención Especial del Jurado en el Certamen de Poesía 2019 de la Editorial de la Universidad de Costa Rica, y se publica a finales del 2020. Su trabajo ha sido publicado de forma virtual Revista Chontales Litterae. También participó en el Segundo Encuentro de Poesía Joven de Costa Rica, el Festival Virtual del Libro SIBDI, la Feria Internacional del Instituto Iberoamericano y otros recitales virtuales.

Poesía costarricense actual: Daniel Araya Tortós

PROFESIÓN DE FE

En algún momento fui a catequesis,
una vez creí en Dios
y ocasionalmente regreso
al pecado de hacerlo.

El tiempo vendrá por nosotros
como quien busque robarnos la billetera
en una casa abandonada
donde caímos por el sueño
y tres pesadillas.

Nuestra única diferencia
ante las otras bestias
es no entender
qué putas hacemos

y destruirlo todo mientras
huye la respuesta.

Si hubo o hay alguien arriba,
nos dio libre albedrío
y quizás nos dice
que nos hacemos las pajas mal.

La viga siempre está
en nuestro ojo
y el amor y la elección
serán para todos los cuerpos,

y por nuestra sordera
vienen los tornados
en tiempos del bruto humano.

Padeceremos y seremos sepultados
sin resurrección en ningún día
según nuestra estulticia.
Así como manda el cielo.

Estoy sentado a la derecha de la iglesia
y de nuevo cometo los pecados
de creer en Dios y juzgar
a vivos y poetas
en un error sin fin.

Algo así fue lo que entendí
de esas tardes catecúmenas
de dos o tres personas
donde mi fallo fue
no prestar atención.

ANTIMUESTRA

¿Cuándo consideraron buena idea
pintar de negro las entradas?

No hay enmarques, ni pedestales.
Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Pero no mentiré: me gusta ese concepto
de exhibir al desnudo;
como mi velatorio de anoche.

A ver.
Esos pies marinos tienen una uña encarnada
y los pies del niño tienen quemaduras de tercer grado.
Ese gato no se paralizó: está muerto.
¿Nadie recogió los rastros de vodka ni la bala?
¡Aquellas hojas ya están roídas!
¡No todas las heridas curan, carajo!
Al final, aquel muchacho saltó del autobús:
cayó de cabeza.
Muchas veces, se necesita más que abrazos
para suturar las heridas.
no lo digo yo, ¿lo hace mi evidencia?

Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Nunca he tenido ojo para el arte,
solo veo el dolor en él.
Miente quien me llama artista.

Pero la muestra no es ni la mitad
del contenido real. Creo saberlo.
Ojalá la destruyan con dinamita;
pronto.
Quien quiera que sea el artista,
ojalá se desdiga y haga más.

¿Y cuándo consideraron buena idea
pintar de colores las salidas?

INSTRUCTIVO PARA UN ELECTROCHOQUE

En caso de máxima necesidad
o de activación de un Protocolo de Eliminación Espontánea,
proceda de la siguiente forma:

Ate al individuo a sus emociones,
miedos y pérdidas;
láncelas sobre sus brazos,
ojos y
columna

QUE
SUBAN
COMO
ELECTROCHOQUE.

Y no lo deje huir.
La descarga posterior
será meramente protocolaria.

Nadie sobrevive a sí mismo.

Bienaventuranza de la noche

Bienaventurados sean
los que orinan a las 12:40 a.m.
y dejan la luz apagada
a la entrada y a la salida.
Ellos saben cómo moverse
ante la vida.

Se vuelve suicida y engañoso
andar por los túneles para
buscar la
luz la buscar
la luz
y no saber que
el túnel solo sigue.

La vida no es del ojo claro
o de la pierna ágil.
Anda más quien sabe ser ciego
y quien cojea, se estrella y
cae pacientemente.

El sentido de la vida toma
el mismo rumbo de quien
corre al sanitario a las 12:40 a.m.
y orina con las luces apagadas.

Solo hay oscuridad
al otro lado.

Ominosa
oh
impasible
impasable
impensable
oscuridad.
Justo a la hora en que orina Dios.

Bienaventurados,
y mucho,
sean los que orinan a las 12:40 a.m.
Me contó Dios
que ellos ya le descubrieron
la trampa a este juego.


Daniel Araya Tortós, nació en Pejibaye, Costa Rica, el 22 de agosto de 1998. Estudiante de Filología Española en la Universidad de Costa Rica.
Integrante actual de Otro Taller Literario en Costa Rica. Varios de sus textos han sido publicados en diversas revistas a nivel latinoamericano. Además de aparecer en las antologías Y2K (Editorial Estudiantil de la Universidad de Costa Rica, 2019), Nueva Poesía Costarricense (Ministerio de Cultura y Juventud, 2020) y el fanzine de Otro Taller Literario (2020).
Su ópera prima, Reposo entre agujas, fue publicada en el 2019, bajo el sello de Nueva York Poetry Press.

Poesía costarricense actual: Pamela Monge

Columna por Byron Ramírez

Entre pisos

Busca salir
de su incómoda soledad,
extendiendo sus raíces por
patios,
puertas,
ventanas y
lienzos.
Cruza con la vista las calles mudas
espera verlo en la esquina, pero solo está la sombra de una caseta,
escarba en las hojas del recuerdo, eso no la salva
y se le cae la noche de las manos.

Vacío

Hay que tomar el reflejo del pelo y sacarlo. Dejar el espejo vacío.

Cuando todos duermen yo salgo a caminar por el cafetal

Sueño que mi abuela resucita,
me presta su bordón para jugar
y me llama a comer pan con aguadulce.

Me pide que le cambie los zapatos,
toma mi mano y me señala las plantas,
luego nos sentamos en el escaño y ella
empieza a leer en voz alta.

Escucho el chillido de las hamacas y es la realidad que se mece,
las rosas se deshojan contra la puerta
y frente al corredor luce un jardín destruido,
inundado por la lluvia de mi niñez.
Queda una silueta borrosa
donde mis ojos gritan su nombre.

Plaza baldía

Con timidez me acerco
No sé lo que desea

Mis cinco extremidades fuertes
simpáticas
enérgicas

Me deja tomarlo
Decidimos bailar
Impregnando nuestras huellas
Sobre la plaza baldía

Toñito

Limpia el aire de recuerdos y telas de araña;
como si las patas no volvieran a construir
y la memoria no regresara tirando piedras a la ventana.

A veces, hay que coser los pies a la cabeza
para caminar sin hundirse en las franjas del recuerdo.

Ella lo hizo bien.
Pero nunca cesa de limpiar el aire.
En las noches no duerme,
¿será que escucha piedras en la ventana?

Al comedor le sobra una silla.
Hoy cumple años, no comimos queque.
Recogimos flores, celestes, así eran sus ojos.
Ella hizo un rezo y me obligó a ir a misa.
Cuando fuimos a dejar las flores, pensé que cada gesto
era un regalo a nosotros mismos.

Sin él, soy la mayor.
Los menores llevan ventaja,
cuando tienen que pasar
el portón ya está abierto.

Un aguacero me despertó,
las tres de la madrugada.
Dicen que se fue a esa hora
con la carita tierna y más mangueras que cuerpo.

Las salas de los hospitales están llenas de esperanza.

Llenas de mentiras, telas de araña
y mangueras atascadas.

Una piedra choca contra el vidrio y pregunta:
¿dónde van los niños cuando mueren?






Pamela Monge, 1995. San Ignacio de Acosta, San José, Costa Rica. Se ha desarrollado en los ámbitos de la literatura, la gestión cultural, el diseño y la arquitectura. Cuenta con diferentes poemas, microrelatos y artículos publicados en revistas y antologías de corte nacional e internacional.

Ha participado en diversos festivales, recitales y exposiciones, entre ellos el Art City Tour, Feria Internacional del Libro de Costa Rica, Festival Nacional de Poesía de Costa Rica ,Encuentro Poético Internacional Pájaros Errantes, Biobío, Chile. Encuentro de Poesía La Espera Infinita, El Progreso, Honduras.

Es arquitecta. Forma parte del Taller Literario Joaquín Gutiérrez y la Colectiva Jícaras.

Muestra poética de Alfredo Trejos

GRAND PRIX

No me gusta conducir.

De hecho,
la autoridad de tránsito
no me considera apto
para conducir,
aduciendo que no respeto a los peatones,
que abuso del claxon,
que no comprendo la semiótica
de las señales, que soy corto de vista,
que no tengo reflejos,
que convierto las rotondas y los cruces
en coliseos romanos…

En fin, que si quiero un permiso
lo solicite en Bagdad o en Disneylandia.

Pero como no me gusta conducir,
da igual.

Cuando lo he tenido que hacer
—en la clandestinidad—
me he dicho siempre para animarme:

“Dejate de cosas.
Hoy sos Niki Lauda
y esta puerca vida 
es el Gran Premio de Daytona”.

Pero no resulta.

Una vez que leo,
sentado al volante, aquello de:
“Los objetos en el espejo
pueden parecer más cerca
de lo que están”,
ya nada tiene sentido.

Conduzco.

Regreso el auto.
Y otra vez bípedo,
fijándome bien en las mujeres,
en los demás, en todo,
comprendo.

Parecen estar cerca
pero no lo están.

ORALIDAD

Lavar un ojo con la lengua.

Grabar un manto 
en sus cuatro paredes de carne dulce.

Hacer minería nocturna
en el Atacama.

Rezar un Padrenuestro ante
el pollo congelado
es casi lo mismo que lamerte,
casi como al cruzar la calle
bajo la mano bendita del Señor
que todo lo ve.

Es que comer de todo en vos
es leer en griego
con la boca muy abierta
—es arar en el vidrio—
y volver al paladar con ron maduro
de la caña más injusta.

Esa miel que sabe a perlas
como si fuera El Juicio Final.

Y salir de vos.
con una sopa de ángeles en el cielo de la boca
es en sí caer ante un altar
sin Cristos hechos a la medida de su Calvario.

Uno te come 
así como el oso polar lame
la grasa muerta de las focas:

por supervivencia.

FOTOGRAFÍA

Buscaba una foto
de Katy Perry desnuda,
pero ha de estar en un álbum
de los de al fondo:
de los mejor guardados,
de los más sucios,
los del olvido.

Sé que tengo por ahí
una foto de Katy Perry
sin nada encima,
ladrándome como una pared
acumulada desierto tras desierto.

Se mueve, como una paloma.

Las posibles implicaciones eróticas
quedarán muy entre Katy Perry
y yo.

Las evidentes fortunas de la piel
cobran mudos intereses
y yo trago puré de hielo con la ansiedad
de un vagabundo.

Así devoro el ojo bueno
con el que veo a Katy Perry
desnuda hasta el borde de sus vapores,
hasta la bruma metálica que la trae
                                                 /y la lleva
de la punta de California
a la punta de mi corazón.

FRUTERO

I
El limón
es la manzana
de los solitarios.

II

La uva
es el ojo extirpado
de la noche.

Embotellada sirve
para lo mismo
que el querosén.

III

La fruta de la pasión
es el antepasado más
recóndito de cuantos
hay en el árbol genealógico
de las mentiras.

IV

La guayaba, firme y saludable.

No sabe a grandes cosas:
es una delicia imposible.

V

La naranja es pobre
en esencia. Miserable.

Pero imita muy bien
al sol de la mañana.

VI

La caña de azúcar
va al trapiche
como María Antonieta
fue a la guillotina.

VII

El banano, insultante
y grosero. Se involucra
con la tierra más verde
y lastimada de cuantas
hay en este mapa de soledades.

VIII

No diré mucho de la pera.

Cierta vez una de las mujeres
más hermosas que conocí
metió su seno izquierdo en una copa
de vino.

Y al hacerlo demostró
la existencia del alma.

IX

No hay barco más hundido
que un árbol de arrayán en flor.

X

El itabo no es, formalmente,
una fruta,
pero en las casas luce como
un degolladero de palomas.

Sabe perezosamente bien.

XI

Pocas cosas más sensibles
que el limbo del aguacate.

XII

El ají es la cápsula de cianuro
que en momentos de gran confusión
uno muerde para acabar con sus días.

XIII

La manzana es el limón de los insomnes.

SUPERMERCADO

El poema está en el coche del supermercado, como parte de las compras nocturnas. A él se suma la lechuga crujiente y la cerveza, el fervoroso tomate, la lata de anchoas sin una sola ventana. Algo de pan fresco que me dispongo a cubrir con la perfecta ortografía del queso fundido. El poema junto al hielo empacado, junto al garbanzo tierno y específico. En el coche, el poema y yo buscamos obsequios para confundir a la muerte. Tal vez un envase de mermelada convincentemente fría. El poema perdido entre las compras como una compra menor. Una pieza de jabón para desinfectar la lástima. El poema es un pedacito de literatura sin grandes ganas de ser. Vas y lo comprás en el supermercado como un ramo de tomillo con el que le darás sentido a tus alimentos. Contra los metódicos ladrones de historietas, el poema ladra de dientes para afuera.






Alfredo Trejos. Poeta. Nació en San José, Costa Rica, en 1977. Hizo estudios en Antropología y Filosofía en la Universidad de Costa Rica. A la fecha, ha publicado nueve poemarios y dos antologías personales, siendo SAD HILL (Ediciones Perro Azul, 2019) su obra más reciente. Además, ha ganado el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría en la rama de poesía en dos ocasiones, 2012 y 2018. 
Entre sus últimos trabajos se encuentran el Taller/Laboratorio Tráfico de Influencias, en el año 2013, para el Ministerio de Cultura, en el marco del Programa Enamórate de tu Ciudad (espacio que se mantiene activo en otras instancias); el Taller de Escritura Creativa para la Municipalidad de Heredia, en el Centro Cultural Omar Dengo, año 2018 y el Taller de Creación Literaria para el Centro Cultural de España en San José, en el año 2020. Así mismo, ha realizado la corrección y participado en la edición de varios poemarios de otros autores costarricenses. Los siguientes poemas pertenecen, precisamente, a SAD HILL.