Poesía costarricense actual: Nathalie Crum

                                                         Gestión por María Macaya 

Poemas del libro CeEmeYeKa
(2019,Amargord Ediciones)

PEQUEÑO ESPACIO VACÍO

El tigre da vueltas en una jaula (barrotes, soldadura, concreto). Está sordo y solo puede pintar. entonces se rebana una oreja. Cuando se mueve desesperado, sus cadenas se escuchan con el crujido metálico de lo indestructible. ¿Quién le dijo al tigre que sus rayas no eran manchas? El tigre quisiera ser un felino de rango sencillo, quizá un ocelote, pero un animal tan poderoso no puede ser otra cosa que sí mismo y cargar con el peso de su grandeza. La cuestión no es ser una fiera que asusta, la cuestión es ser carnívoro, un monstruo comecarne en 2.5 metros  cuadrados. El amor, ¿qué era, si no clavar los dientes en el lomo, diseccionar partes de sí, darlos en ofrenda? Correr en línea recta no tiene el mismo efecto que recorrer campos abiertos y con grama. Sabanas y sabanas para la dominancia del paso, extensiones de tierra hasta donde la vista llega. todo para el tigre. Tanta ausencia para simular su ausencia, millas náuticas de soledades para quizás completarse. Así que el tigre escribe, pero las palabras son ininteligibles. entonces él pinta, se pinta con tinta a falta de lienzos, pero ya no parece un tigre, sino una pantera. Tan hermoso como antes, sigue desesperado en una jaula, en el espacio reducido de su mentira. Tiembla porque su rugido, es estruendoso y destruye, el último domador perdió la llave cuando perdió su brazo de un mordisco. El tigre piensa en el tiburón y quiere abrazarlo. pero él está aquí, en la sequía, mientras el tiburón habita entre sus lágrimas. La pantera ya no es más el tigre, tiene miedo de abrir la puerta de la prisión. Ella sabe que debe comer: inicia por su cola, sube por las extremidades inferiores, el lomo y la barriga llena, los brazos, el cuello, la cabeza. La última oreja que le queda.

Cadena y jaula devuelven el eco del viento.

¿A dónde se ha ido?





ESCENA JAPONESA

Alguien llega al santuario, lo dejo entrar. pido que se quite los zapatos, se arrodilla en el suelo. ejecuto la ceremonia del té, nos escrutamos hasta que el día se hace noche. Lo dejo quedarse en el planetario del jardín, allí pasta con los dragones. me alejo para escuchar el rumor de la fuente. Volteo: se ha ido. limpio las huellas del piso. cierro la puerta. Las constelaciones siguen en el firmamento.




                                                      Al pueblo Bribri en Salitre

LA AMETRALLADORA
se trabó en el cuarto disparo.

En mis uñas se mezcló el epitelio con la carne.

Corté el hilo rojo de mi dedo
y el hilo rojo siguió el camino
hasta el escombro.

Sobrealimenté la esperanza.
Deseaba un mensaje en alas de paloma.

Seguí la tristeza con la vista,
con el oído atento a lo callado:
soplé el diente de león, su cabezuela,
y la espora cuando cayó no bebió agua.

A veces la humanidad me hace llorar a chorros,
por mis ojos
van lágrimas sin hallar un acierto.

Me rasqué las piernas hasta ver mis tendones,
pero yo no sabía correr.

La ternura se empañaba entre los gritos
de las casas quemadas.

Preferí ser lobo y desgarrar
el plumaje blanco de los cisnes.

Coloqué mi cuerpo a manera de muralla.
¡Si nos cortasen las manos
con los dientes anudaríamos atrapasueños!

Machetazos sobre las espaldas.

La tierra rezó su mortal canto, sobre los invasores lloverán
las mil plagas.

Tanto hemos visto pasar la tristeza, tanto.





Nathalie Crum (1987). Aserrí, San José, Costa Rica. Ingeniera biotecnóloga y gestora de proyectos. Ha participado del XV Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2016) y del Festival de Poesía de Aguacatán (2017). Es coeditora de elrepertorio.org, plataforma web para la difusión de las artes literarias latinoamericanas desde 2016. En 2019 Amargord Ediciones Centroamérica publica su primer libro CeEmeYeKa, una oda al color y la complejidad humana. En 2020 es seleccionada como una de las representantes de los poetas para la muestra de Nueva Poesía Costarricense; Antología de poesía joven. Trabaja en su segundo poemario que verá la luz en 2022.

Poesía chilena actual: Moira Meléndez Castro

Silvestre, espíritu

Cuando era niña
la irascibilidad trazaba
cada uno
de mis pasos
Vaivén de fuego
en mi sangre mamífera
salvaje, libre
Las huellas marcadas
en el hogar, mientras
lo invisible
se tornaba visible
huellas celosas de la
volatilidad
de mi espíritu

Cuando
la temporalidad
y la adultez
desearon irrumpir en mí
Mordí sus pieles
con aquellos incisivos
tan propios
de la niñez
marcas violáceas,
tiñendo aquellos animales
heridos
dolor lacerante
estampado en sus miradas

Miradas
que sentenciaron
civilizarme,
convirtiéndome en una joven
silenciosa
inmersa en un estanque
monótono y grisáceo
Pero mis pulmones
Implacables
como siempre
me ayudaron a sobrevivir

Nadando en el océano
de mi propio silencio
encuentro a Silvestre,
mi espíritu
en diversas formas
onírico
cotidiano
fantástico
y puedo ser esa niña
de nuevo
la mujer que huye
entre escritos
para proteger
su fuerza indomesticable.



El cuerpo saqueado

A través de las miradas
colonizadoras
de hombrecitos que juegan
a ser hombres
soy
idealizada
y
nombrada «una gran musa»

La caída del título
es parte de un microsegundo
Bestial
Vertiginoso

Ahora soy nombrada «una gran puta»
porque mi expresión
de seriedad
les ofendió y destruyó
sus ansias de conquista territorial
sus risitas
su imaginación
y sus instintos

Los instintos dirigen
la mano y el ojo
para saquear mi cuerpo,
durante días queda vacío, estropeado
desdibujado

Pero ellos no saben
no entienden que
soy una artista
que reconstruye su cuerpo
escribiendo
existiendo.

Quien escribe

Quien escribe,
se transforma
Quien escribe usurpa historias
Quien escribe habita
entre obsesivos puntos
y comas
Quien escribe
respira tanto la belleza
como el terror



Quien escribe
se encuentra
en estado de subordinación,
bajo los sentidos
y la estética

Y ahora digo que
escribir,
es autoexcavación
entre venas,
entre nervios;
océanos
hay un aguajero negro, sin fin
sólo hay más y más

Moira Meléndez Castro. Estudiante de Pedagogía en Francés y español como lengua extranjera, UMCE, Chile. Autora del artículo: Littérature française: Antonin Artaud et le corps souffrance, Revue REF, deuxième édition 2020 y de los poemas Ansiedad, Nostalgia y La mano, Revista Phantasma, edición 2021. 

Poesía española actual: Irene Otero Calvo

Libre

Pronuncia, ¿no?
Tienes que aprender a entonar.
Aquí, haz una pausa.
¡Lo pide el cuerpo!
Pero suelta, mujer.
Déjalo ir.
¿Y la tensión?
No la veo.
Aprieta.
Tírate al suelo y grita.
Estas tablas
merecen que les reces.
Estate a la altura.
Ahora sube.
¡A tu izquierda!
Respira, por favor.
Da paréntesis.
Y, ante todo,
que ya es hora,
sé libre…
¿Tú te llamas artista?
Qué decepción, joder.




Soñar

¿Quién ha de leerme?
Pasarán años deshilachados
y este cuaderno envejecerá,
amarilleará,
oloroso,
pudriendo palabras
que una vez parecieron
importantes.
Llegarán las bacterias
a comérselas,
sílaba a sílaba.
Morirán al morir este papel.
y, en la espera del final,
ojalá
unos ojos
se reconozcan
en los poemas tristes
que construí
un día cualquiera.
Esas pupilas, esas,
son las que llenan mi necesidad
de objetivo.

¿Serán las mías?
¿Está mi verso condenado
a mi propia valoración?
¿Fallecerán pues mis pensamientos
sin más escuchante
que la misma cabeza
que los fue dando a luz?
Me leeré yo y nadie más.
En el fondo, lo sé.
Y lloraré en mi vejez
amargamente
al compás de la nostalgia
de una ilusión.
Será entonces
cuando caiga en la cuenta
de que no sirvió
el embarazo lírico
más que para inflar
ese ego vestido de gala
y hambriento de opciones.
Elegiré pensar
que fue bonita
la esperanza,
que la ínfima posibilidad
de contar algo
inflamó mis perspectivas
con explosivos colores de magia
y que, al fin y al cabo,
mereció la pena
soñar
aunque ese fuera un sueño
de aborto.



Aplausos

Hemos superado
una noche sin aplausos,
este escenario vacío
de grandes logros.
Los focos apuntan mal,
los tropiezos son protagonistas
y el público no disfruta.
Pero su crítica,
su abucheo lunar
ya es pasado.
Sobrevivida, la velada crece,
nos abraza y,
tímida,
recompone nuestro perfil
recortado de constelación.





Nació en Madrid, España, en 1991. Desde siempre los garabatos de la palabra escrita le han escondido secretos. Y ella no ha buscado más que desentrañarlos durante años.
Quedó finalista en el VII premio literario El Pequeño Consumidor Energía y Clima por “El verde confidente”. Ganó el Primer Premio de la Universidad Privada
Cardenal Cisneros con “Lo fácil de la Negación”. En el año 2017 estrenó en el teatro Nuria Espert su obra teatral “Lo que no quiero”. En 2020 la editorial Libros Indie publica “Secuencias”, su primera novela.
Actualmente funcionaria de carrera en el Cuerpo de Maestros de la Comunidad de Madrid, está a la espera de la publicación de su segunda novela “Una huida”, ilustrada también por ella. Irene sigue escribiendo cada día.

Poesía peruana actual: Andrea Cabel

                                                         Gestión por María Macaya 


Todos los textos forman parte de Las falsas actitudes de agua (2007, Segunda Edición)



[enero]

                                                     “Todo es color de aurora...”
                                                      Paul Eluard.


con un caparazón dulce y de tinieblas, tan lento y descarnado, eres la excusa de los fríos que se
 hunden temprano cerca de la huerta. eres solo y lleno de sol, todo el vacío leve de los besos y el
 llanto.




[currahee]

éramos una guerra de espejos,
doce millas de ancho por doce de largo.
la simetría de dos muertos encendidos de golpe
prendiendo las luces en el abandono de la noche,
buscando los pozos de los abuelos,
la muñeca que era la hija.
los ojos que siguen mirando desde la cama,
las grietas de todas las paredes.
el paraíso,
una isla de tierra roja abierta en dos que mira al agua salada.
un conjunto de esqueletos frente al paisaje de la plaza,
un centro duro de luz
de animales verdes y amarillos empozando las medias lunas,
la navegación de los peces,
el soplo de las arañas junto a la flor que mira al techo.
nadie extraña el mediodía, la altura de los rostros.
no hay distancia desde los huesos,
nadie suspende la caída
y el mundo es esta tarde que combate,
que solo mide desde este corazón,
el cansancio que trae la sed,
la implosión de las cucharas que lo ven todo desde aquí arriba.



s


hacemos un intercambio de nueces / tú las claras, / yo sin cáscaras. / las
llaves se aíslan, / las jaurías nos acosan y pateamos las puertas / nuestra
ínsula fuga salvador, / estamos solos, sin tierra ni madre/
ni ventana —dijo.
y me guías, / atosigada de carencia / impoluta en agonía, / con tu
corazón de luna llena. / repleta de luces escuálidas, y rieles cortos como los días /
como las pasajeras nieves, y las frentes de luz.




[habitación 309]

la lucha del pelo negro y el firmamento giratorio. / tan pequeño y desde lo alto —pienso, / juega al
 azar con pantalones entrecortados, / sandalias verdes y un paredón de venus llena de florestas y
luna. /
un rabioso bulto, lleno de manchas violetas, / espirales de manos desnudas, / fugitivos dibujos
desfilando por la esquina. / estrelladas lluvias y caminos, / universales ojos color té. / plaza de
niños pluma perpetuando un arma que dispara ruido. / los reflejos del techo que
suplican un abrazo. / y juntas las sombras, /

toda el agua del mundo.

luego, /tus ojos afelpados. / y dormida, / tus cincuenta y tres constelaciones. / despierta, / tu
boca, / todas las llamaradas de esperanza. / nocturna y terrenal. / polvo inextinguible, / soplo de
nieve, / hundida sinfonía de rosas y luz.


Andrea Cabel
Doctora y Máster en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh. Docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, de la UPC y de la Universidad de Lima. Ha publicado cinco poemarios: Las falsas actitudes del agua (1era ed. Lima: 2006; 2da Ed. 2007; Ed. Extranjera: México DF: 2014); Uno Rojo (Lima, 1era ed. 2011; 2 ed. 2012); Latitud de fuego (Lima, 2011); A dónde volver (México DF, 2016). Dicta talleres de poesía y dirige la página de literatura Textos laterales de Andrea Cabel.

Poesía costarricense actual: Vilma Vargas Robles

       Cinco poemas de CUARTO CRECIENTE POESÍA REUNIDA (Guayaba Ediciones, 2019)



Las palabras

Las palabras no son de este mundo,
sino cuando caen a tierra
semejantes a frutos o demonios.
Vivir ha sido convocarlas.
Tengo una sola almohada,
un sólo respaldar,
pero cuido mi vaso,
mi risa;
en la espesura de las hierbas inclino mi cabeza.

Y también he llorado,
pequeña,
mal agarrada a la vida.

Mirad:
la belleza de un oficio me ha encorvado.




Maldición

El día, arco torpe, te ciñe.
Como una última paloma que se salva miras la soledad,
el surco de la luna donde ya no hay nadie.
Se aviva la cicatriz de los muros helados.
¿Dónde están las cosas que pugnaban por
formarse,
saltando ardientes?
Árbol segado es tu memoria.
Te has muerto varias veces:
si resucitas te volverás a morir.




Foco suspenso

Por primera vez un poco de calma.
No importa que esté aquí el insomnio
perseverando como un asunto de señoras
o como el sol que jamás se impacienta.
Oscuro es el ámbito del que creyó:
vuelve con sus seres crepitando.
Por primera vez un poco de calma.
Descubre esos rostros,
explora esos brazos,
círculo estrecho entre luna y tierra
que la mañana apaga.
Vuelve el insomnio:
voz que lee la noche



Me preguntas

Me preguntas cómo estoy
aún no he escrito el libro
tampoco ha crecido el árbol
no hay una noche ni día completos
más bien recorro
con una lagartija
a cierta hora las paredes
y llego a donde el mar dejó de ser una isla
hasta extender allí mi oscura inocencia.




Dolo

Debo encender la luz
y que inunde el verde rata.
Debo comer y no ser un garabato.
En mi bandeja, la maldad
deja caer su flor de plástico.
Debo quemar la flor,
comerme el incendio,
echarme a dormir aun sobre ceniza.

                                                         Selección: Byron Ramírez

Vilma Vargas Robles (Costa Rica, 1961) Realizó estudios de sociología, derecho, y literatura en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros: El fuego y la siesta (1983), Premio centroamericano Juan Ramón Molina del Ministerio de Cultura de Honduras; El ojo de la cerradura (1993), Editorial de la Universidad de Costa Rica con prólogo de Jorge Boccanera; Oro de la vida (1996) Editorial Macondo, prólogo de Isaac Felipe Azofeifa; El fuego y la siesta (2004) Editorial Costa Rica, prólogo de Yadira Calvo y José María Zonta. Quizá el mañana (2007) Editorial de la Universidad de Costa Rica. Letra espina (2016) Editorial Arboleda y Cuarto Creciente. Poesía reunida (2019) Guayaba Ediciones. Su obra ha sido publicada en las siguientes antologías: Voces indómitas o las poetas en Costa Rica, selección, prólogo y notas de Sonia Marta Mora 162 y Flora Ovares, Editorial Mujeres, Costa Rica, 1994. Sostener la palabra, Antología de poesía costarricense contemporánea, compilador Adriano Corrales Arias, Instituto Tecnológico de Costa Rica, Lunada poética, Poesía costarricense actual, compilador Armando Rodríguez Ballesteros, Ediciones Andrómeda, Costa Rica, 2006. Es cofundadora de Casa Poesía en el 202. Participó en el Primer Festival de Poesía en Granada, Nicaragua, 2005; en el Congreso de Escritores de Centroamérica de la Universidad Tecnológica de Panamá, 2005; y el VI Congreso de Escritores Latinoamericanos, organizado por el Instituto Tecnológico de Costa Rica, 2009. Ha sido invitada al Festival de Poesía de Sao Paulo, de la Secretaría de Cultura de Sao Paulo y de la UNESCO.

Dos poemas de Douglas Bishop

por Douglas Bishop


LA PALABRA AL PRINCIPIO (Primer Tema)

Empecemos por el principio: la palabra estaba vacía, sin sentido, antes había oídos para oír o bocas para hablar o espíritus para remontarse o caer, todo era nada (nada era todo).

Y entonces nació la palabra (aleluya), y nos levantamos juntos, abriendo conchas al amanecer y al mar, al dulce canto de los serafines y los altos ecos de los querubines – todos los ángeles de la tierra y el cielo y el agua cantando, y el largo mediodía de la palabra libre estaba listo para extenderse para siempre ardiendo, un río de lava extendiéndose furiosamente sobre el duro suelo del ser. Porque no hubo luz antes de la intuición; ningún testigo antes de la comprensión.

Oh, es posible que haya escuchado una melodía, que haya sentido el ritmo palpitante de piel sobre piel, haya tocado las cuerdas y escuchado el tarareo de los agudos matices de los ángeles, pero no habría sido más que música sola, sin palabras.

Si eres como yo, siempre has querido cantar, entrar en la gloria con la mente abierta, liberando el sentimiento con el vibrante instrumento de todo tu cuerpo, alabanza y acción de gracias elevándose continuamente en tu boca.

Pero si eres como yo, también has dejado que tu voz sea enterrada bajo 60 años de espera complaciente, como si el mundo te debiera alguna señal para decirte que era seguro salir, como si debieras ser algo otro de lo que ya lo eres, como si debieran haber dado algo más de lo que posiblemente dan.

Porque la palabra no nació para ser así. En el principio, la palabra era con Dios, y la palabra era Dios. Este era en el principio con Dios. Y el canto que se elevó fue más de lo que podemos hablar, más de lo que podemos escuchar, más de lo que podemos soportar. Por eso tenemos que cuidarlo, abrazarlo y respirar con él, como un bebé dormido o un amante exhausto acunado en lo profundo de la noche.

Solo entonces nos mostrará cosas grandes y poderosas, preciosas y hermosas. La palabra existe como cuerpo andante, presencia encarnada, semilla innegable, pero también podemos utilizarla como herramienta para romper los falsos muros del ser encarnado en el tiempo.

No necesitamos ser solo la mano en el tambor, solo el aliento en la flauta, solo una rana croando en su pequeño pantano, porque tenemos un potencial que ni los ángeles, ni las estrellas, ni la presencia Todopoderosa, quieta en un lecho de perfección celestial, puede imitar.

La palabra es un cuchillo de jade sutil, sagrado, hecho para abrir una ventana a la tiranía de la existencia, para encontrar la libertad cayendo como flores o plumas, cantándonos una nueva canción, cantando una nueva canción de nuevo.

***

LA PALABRA AL PRINCIPIO (Segunda Tema)

¿Sabes por qué los ángeles nos envidian
a nosotros, que tenemos que comer, defecar y morir?
¿Por qué la ira y la gracia siguen descendiendo sobre nosotros
nosotros, que ni siquiera recordamos dónde dejamos las llaves del coche por la mañana?

Comienza con música:
la raíz de la similitud de las ballenas, los lobos y los pájaros cantores,
tanto como para aquellos primeros humanos que aprendieron a tocar el tambor antes de aprender a hablar,
que nunca hubieran pintado esos bisontes en la pared,
si no hubieran escuchado primero sus propias voces
cantando en la oscuridad sagrada.

Llevamos el ritmo dentro de nosotros
en la subida y bajada del aliento,
en el latido de la sangre,
incluso en el dolor de perder
Ríndete, déjalo ir, tómalo de nuevo
Y en la melodía de este movimiento hay un gran peso de alegría que se eleva:
Bastante fácil de enterrar bajo una convención de por vida,
pero todavía necesario, todavía disponible para el surgimiento real:
Momentos santos como luciérnagas destellando en una noche de verano;
revelaciones más profundas como chotocabras llamando una y otra vez en la última hora antes del amanecer.
Si tuviéramos que nadar en la alegría como un océano,
ser abrumado por él, sostenido por él por todos lados,
¿Aprenderíamos a escuchar el eco de nuestra música como conocimiento?
¿Nos crecerían las aletas y aprenderíamos a amamantar a nuestras crías mientras flotamos?

¿Aprenderíamos a mantener esos momentos entre el ser y el devenir
entre el azul vacío y el profundo meloso?

Pero cualquiera que haya pensado, ya sea delfín o mono, humano o celestial,
ya sabe la respuesta,
y esa no es la razón de la envidia de los ángeles.
Porque la música puede ser el motor de la creación
pero la palabra cantar libre es.

Y cuando los dos se unen ...
momento de equilibrio entre respiración y presencia,
belleza única y perfecta que sube y baja,
cayendo y formando,
como cristales de nieve en la oscuridad de una noche de invierno,
cuando el milagro se encarna,
nos levantamos
(manos y pies, ojos y lengua)
cantando libre la palabra,
cantando la palabra libre.

THE WORD IN THE BEGINNING (First Riff)

Begin at the beginning: the word was void, without meaning, before there were ears to hear or mouths to speak or spirits to soar or fall, everything was nothing (nothing was everything).

And then the word (hallelujah) was born, and we rose together, opening shells to the dawn and the sea, to the sweet singing of the seraphim and the high echoes of the cherubim — all the angels of earth and sky and water singing, and the long noon of the word free was ready to stretch out forever burning, a river of lava spreading furiously over the hard ground of being. For there was no light before insight; no witness before understanding.

O you might have heard a melody, you might have felt the pulsating rhythm of skin on skin, touched the strings just so and heard angels’ high overtones humming, but it would not have been any more than music alone, without words.

If you are like me, you have always wanted to sing, to enter into glory with your mind open, freeing the feeling with the vibrant instrument of your whole body, praise and thanksgiving continuously soaring in your mouth. 

But if you are like me, you’ve also let your voice be buried under 60 years of complacent waiting, as if the world owed you some signal to say it was safe to come out, as if you should be something other than what you already are, as if you should have given something more than you possibly give. 

Because the word was not born to be like that. In the beginning, the word was with God, and the word was God. The same was in the beginning with God. And the singing that rose up was more than we can speak, more than we can hear, more than we can bear. That’s why we need to cherish it, hold it close and breathe with it, like a sleeping baby or an exhausted lover cradled in the deep of the night.

Only then will it show us things great and mighty, precious and beautiful. The word exists as a body walking, incarnate presence, undeniable seed, but we can also use it as a tool to break thru the false walls of being embodied in time.

We need not be only the hand on the drum, only the breath in the flute, only a frog croaking in his little bog — because we have a potential that neither the angels, nor the stones, nor the Almighty presence, quiescent in a bed of celestial perfection, can imitate.

The word is a subtle, sacred, jade knife made to cut a window into the tyranny of existence — to find freedom falling like flowers or feathers, singing to us a new song, singing a new song again.

***

THE WORD IN THE BEGINNING (Second Riff)

Do you know why the angels envy us --  
Us, who have to eat and shit and die?
Why wrath and grace keep descending upon us --  
Us, who can’t even remember where we left our car keys in the morning?
It begins with music: 
the root of commonality for the whales and wolves and songbirds,
as much as for those early humans who learned to drum before they learned to speak,
who never would have painted those bison on the wall,
if they had not first heard their own voices
singing in the sacred darkness.
We carry rhythm within us
in the rise and fall of the breath,
in the pulsing of the blood,
even in the pain of losing --
Give it up, let it go, take it in again --
And in the melody of this movement there’s a heavy weight of joy rising: 
Easy enough to bury under a lifetime of convention,
but still necessary, still available to the real arising: 
Holy moments like fireflies flashing on a summer night;
deeper revelations like whipoorwills calling again and again in the last hour before dawn. 
If we were to swim in joy like an ocean, 
be overwhelmed by it, held up by it on every side, 
would we learn to hear our music echo back to us as knowledge, 
would we grow fins and learn to suckle our young while floating? 
Would we learn to hold those moments between being and becoming, 
between the empty blue and the honeyed deep?
But anyone who has thought -- be they dolphin or monkey, human or celestial -- 
already knows the answer, 
and that is not the reason for the envy of the angels. 
Because music may be the engine of creation
but the word singing free is.
And when the two come together -- 
breath and presence balancing moment, 
uniquely perfect beauty rising and falling, 
falling and forming, 
like snow crystals in the dark of a winter night -- 
when the miracle incarnates, 
we rise
(hands and feet, eyes and tongue)
singing free the word,
singing the word free.

Douglas Bishop. Como docente, he trabajado con estudiantes de edades entre 1 y 90 años, pero ahora la mayor parte de mi enseñanza es independiente en línea. Como poeta, me he presentado en una amplia variedad de lugares, desde Glasgow hasta Guatemala, pero ahora el lugar más consistente para encontrarme es en Lowell, MA, en el Untitled Open Mic, donde soy el coanfitrión. En 2019, terminé un doctorado en educación, analizando el desarrollo de la identidad literaria en escritores jóvenes, y sigo trabajando con poetas adolescentes como organizadora de Freeverse!, el grupo de poesía juvenil de Lowell. Además, he seguido una práctica de mediación durante más de cuarenta años y he estudiado en una serie de tradiciones, que van desde el principio en Shree Siddha Peetha en India, y luego me desempeñé como codirector del centro cuáquero Woolman Hill en Deerfield, MA. , y más recientemente en el Insight Meditation Center en Barre, MA. También soy un artista visual que trabaja en una variedad de medios. Consultado en: https://www.douglasbishoppoet.com/ Las traducciones al español fueron hechas por el autor, con ayuda de Mateo Mansilla-Moya.

Poética de Bhawani Shankar Nial

por Bhawani Shankar Nial
traducción al español y selección por María Del Castillo Sucerquia


Bhawani Shankar Nial (1968), nació en Kalahandi, estado de Odisha. Es poeta, editor, pensador y activista de derechos humanos. Escribe en odia e hindi. Es autor de tres poemarios. Sus poemas han sido traducidos al inglés, español, italiano, ruso, chino, polaco, entre otros.  Ha trabajado como coordinador nacional de muchas organizaciones y es fundador de instituciones sociopolíticas y culturales en la India. Ha liderado muchos movimientos populares en pro del desarrollo sostenible y la democracia participativa. Edita las revistas: The Surjya, The Kalahandi Express, The Bande Kalahandi & The Mahuri, la revista literaria del estado de Odisha. Es el presidente del Premio de literatura contemporánea Mahuri, fundado en el 2008.

Los siguientes poemas hacen parte de su libro “Encierro”, que comprende un extraordinario testimonio de lo sucedido en India durante el aislamiento preventivo por covid-19. El poeta, desde su cosmogonía, nos revela otra manera de ver la pandemia y sus pormenores, a su vez, inusuales elementos de salvamento y razones de amonestación. Sin duda, una voz que, en variadas formas e intervalos, vale la pena imaginar, experimentar, encarnar.

-María Del Castillo Sucerquia.


IDENTIDAD

un inminente juicio allí
donde los húmedos graneros 
en sospechosa transición 
como errantes nubes al final de la aldea
se esconden en un abrir y cerrar de ojos 
donde los sentidos entorpecen el olvido…
en algún momento, en alguna parte

¡es cierto!
el ritmo de la mente supera 
nuestros caballos de luz 
de verdad, una itinerante multitud 
surge al compás de los peces que nadan en los ríos 
la tarea de medir la cadencia de la autoconciencia 
nunca cesa en las escrituras ni en el cielo 
es más, una incansable corriente de viento amortigua 
delinea los nostálgicos cuentos donde
como la gran muralla china 
al menos, se levanta un muro 
para los trascendentales pensamientos  
cuando el ser primordial y eterno 
asumió una entidad efímera 
en el colosal vientre del loto 
en el insondable océano 
y sobre las adversarias olas marinas 
los fonemas de la vacuidad, entonces
no se descubrieron  

sin embargo, las fronteras en las montañas
las celestes olas del mar lejano 
contemplan la piadosa envergadura del abismo  
en el loto blanco del estanque 
nos acoge en el refugio del tiempo 
en su régimen y movimiento 
al unísono con la Escritura de la Palabra
y el Vacío

8 DE MARZO

un desfiladero es Ella  
madre de las civilizaciones y sus testimonios
contempla los innumerables auges 
y declives a lo largo de las edades  
hija, nuera y madrastra también es 
la identidad de una mujer íntegra
 y florecida a plenitud 

la garganta de donde nacen los diversos mitos 
y cuentos del pasado y el futuro
las historias sobre la infinidad 
de anhelos que peligran hoy 

VEN

¡ven! 
andemos el camino extraño 
venzamos su largura 
resistamos paso a paso 
andemos el camino 
en compañía del estoicismo y la soledad 
marchemos en el retiro 
de nuestra propia reclusión
¡ven!
seremos uno en este viaje 

¡ven!
caminemos un poco más lejos
atendamos las voces interiores 
¡ven!
por favor
pero sin la rabia del otro día 

recordemos otra vez 
¿quién eres?
¿quién soy?
¿por qué eres?
¿por qué soy?

María Del Castillo Sucerquia, nacida en Barranquilla, Colombia (1997), es una poeta bilingüe, escritora, tutora, médica oriental (Neijing, España) y traductora (francés, Inglés, italiano, portugués, español y alemán). Con experiencia en radio y actuación (teatro y cine). Ha participado en numerosos festivales de poesía, recitales, foros, conferencias y encuentros culturales. Sus poemas han sido traducidos en diversas antologías (Encuentro internacional de mujeres poetas Cereté, Relatos para adolescentes, Poesía Colombiana y Ecuatoriana, entre otras), revistas, periódicos y sitios web nacionales e internacionales (Filogicus, Libresta, María Mulata, Bharatha Vision, Azahar, Atunis Poetry, El Heraldo, Muelle Caribe, Crisol, Uttor Kota, Sol y Luna, entre otros). Y traducidos al canarés, árabe, urdu, bangla e Inglés. También colabora con las revistas Vive Afro (Medellín), Altazor (Chile), Cronopio (Missouri), Golem (México).

Poesía costarricense actual: Sean Salas

Gestión por María Macaya

(De Ciudad Gótica, 2022)

Georg Trakl en sueños

Cuando los murciélagos cantan el amanecer en Borneo
se barren las gradas de la iglesia
donde estuvo sentado el leproso
y la anciana se prepara para ir de puerta en puerta
ofreciendo manzanas rojas
a los tristes que ni siquiera sirven para vender el alma.

Primero despiertan los dedos,
luego los pies y muy despacio los labios,
la densa niebla motiva al poeta a usar el traje
guardado en un armario bajo tierra.

Esto es la gloria:
emborracharse hasta dormirse cantando
y despertar en una tumba ajena,
placeres carnales que arrancan el amor
como el bebé que no pidió vivir
arrancó con un mordisco el pezón a su madre.

Mueren rápido los días felices
de cocaína y naipes pornográficos,
el recuerdo se debilita
como el vaho en la ventana del sótano
donde el diablo se ocultó durante la quema de brujas.

Al cuerpo paralizado del poeta
se acerca de puntillas como una adúltera sigilosa
la sombra que regresa del viaje astral.

(De Alter Mundus, 2021)

La despedida

(Remedios Varo)

Apagaron el fuego que sentían
cuando sus sombras estaban a punto de besarse.

No sabrán si eran el uno para el otro.
Ambos tomaron su propio camino
en direcciones opuestas,
atajos a una soledad
que aún no debían conocer.

Ninguno de los dos quería despedirse,
ambos cedieron a pronunciar el adiós.
Solo un gato que miraba la escena
sabe quién se equivocó primero.

Leyendo a Lafcadio Hearn

De nuevo el mismo sueño:

asciendo la montaña de cráneos
que me pertenecieron en vidas pasadas
y justo cuando llego a la cima
despierto pateando
dentro del vientre materno.


Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).

Poesía costarricense actual: Diego Mora, selección poética de dos libros inéditos

Lamentos de Raven Darkhölme alias Mística a Eric Lehnserr alias Magneto

Olía a sal, a mar. Pero estaba lejos de él, y el frío del otoño dulce y cruel lo envolvía todo en tonalidades rojas. No solamente era un estupor general, era la certeza de un árbol vivo, un chico vivo, una tarde inesperadamente blanca, permeada de niebla; y esas mismas facciones cada vez que te miras al espejo. La estúpida mirada de siempre, la torpe sonrisa de un rostro no fotogénico, sin poder cambiar de piel, cargando con ella día a día, calle a calle, etcétera tras etcétera. Soy la niña que nunca fui, metamorfa de sentimientos; mientras el disco sigue girando, y los glóbulos blancos, y las células mutadas y tus estúpidos intentos de cubrir mi vergüenza con tu casco.


Reminiscencia de Peter Parker alias Spider Man antes de la extinción del homo sapiens

Saltando por inercia sobre los escombros de la ciudad de New York, Peter Parker, el de potentes telarañas se preguntó: ¿qué hice mal? ¿A qué villano no maté? ¿Por qué me excluyeron de la batalla cósmica? Debo conformarme con la III Guerra Mundial, donde ni siquiera estoy implicado. Puedo perfectamente arreglármelas solo, huir de las bombas y cataclismos. ¿Qué hago defendiendo a estos imbéciles? ¿Lo hago por Mary Jane? ¿Por heroísmo? Quizá es por adicción, soy adicto a la violencia, al rush del peligro.

No hay sentido arácnido que pueda contra esto. Saltar de edificio en edificio, la sensación de vértigo, la persecución de asesinos y mafiosos, el saber que el ayuntamiento de la ciudad cuenta con trabajadores dedicados a limpiar telarañas me provoca una extraña sensación de placer. Pero es como ir a una guerra que nunca acaba. Solamente vas acumulando amigos muertos.

Si como dicen se han destruido tres cuartas partes del universo, ¿qué nos garantiza que sobreviviremos? ¿Por qué no me picó una araña con rayos cósmicos? Pertenecería a los 4 Fantásticos. Tal vez si se lesiona Hawkeye pueda sustituirlo en los Vengadores. ¿Para qué me torturo con esas ideas? Nunca me llamarán. Soy un superhéroe de cuarta categoría. El mundo se viene abajo bomba tras bomba, ciudad tras ciudad y no me importa. Voy a quitarme este ridículo traje. Si es por adicción, que sea con una máscara menos.


Salmos de Lilandra

De haber podido omitir este día lo habría hecho. Así no hubiera llegado este sentimiento de autodestrucción, de holocausto. Llega la insinuación vislumbrada desde hace tantos años: al final, cuando todo iba a terminar tal como estaba planeado, algo lo sabotearía. Basta darse cuenta de que somos repelentes ante lo que añoramos. Basta verme con una herida profunda en mi metafórico dedo central de la mano izquierda. Sea lo que sea, está ejerciendo una fuerza incontrolable, una revancha final. No sé si sobreviviré a esto, pero tenía que adelantarlo: estaba mirando esas nubes y justo cuando pensé que ya nada me interesaba, las nubes desaparecieron y una estrella —una sola— comenzó a brillar para mí. Ahí estaba, solitaria en el firmamento, respondiendo todas mis dudas.

Puede que se despeje esta tristeza de tinta negra y vuelva a la ficción en cualquier instante. Por lo pronto no puedo acabarme, ni solucionarme. No puedo salir a la calle a pegar alaridos. No puedo llorar en mi cuarto. ¡Si tan solo saliera el sol! Pero será una larga noche, y mis amigos estarán muertos a esta hora. Eso es lo que ha terminado conmigo. ¡Parecen dos mil vidas! ¡Juraría que han pasado dos mil vidas si no tuviera las fechas y los números conmigo! Ha reabierto todas las heridas. ¡Ya había olvidado este dolor!  Es mejor cuando el dolor te supera, y tienes que irte de tu cuerpo; pero cuando lo manejas, es una lucha que te agota, te quita aliento. Este dolor se mantiene en la línea de lo tolerable, pudiendo acabarme se empecina con su sadismo y por eso hasta puedo describirlo.

Soy como un animal: aprendo a golpes. Estoy asustada. Me duele el dedo que sostiene mi cabeza. Este dedo que presiona mis lóbulos, que escarba en la raíz. Mejor vayan a criar cuervos. ¡Yo tengo tanto qué perder! ¡Son tantos signos de exclamación! Si fueran de otro tipo, si evocaran otras cosas, pero permanecen en la misma posición, como pedazos de marea en el cielo. Es esta especie de brillo inconmensurable, la risilla perversa, ese crujir de la madera vieja o del techo de zinc cuando sueñas con algodón. Es este pasillo inquieto y frío, sin final, un pasillo solo para mi sufrimiento. Solo yo paso por él una y otra vez, hasta que se vaya con la noche larga, como ahora, que solo puedo evocarlo, pero late, aquí a la par, como si fuera él quien está de este lado escribiendo.

¡Duelen tantas cosas insignificantes! Todo se irá al carajo, incluidos nosotros. Debo orinar vidrios. Debo sangrar a cuentagotas. Debo verme las heridas recién hechas. Pero la estrella vendrá por mí. Entonces verás el tiempo. Regresaré cubierta de tu sangre, empapada de venganza. Y no dejaré que se marche el recuerdo, para reabrir tus heridas.

Por eso me doblas el cuello con tanto odio, porque sabes que llegará mi tiempo, porque pretendes vengarte de lo que aún no ha sucedido, porque desde ahora sientes los chorros bajando por tu espalda, los desmembramientos, los crujidos.

Se te adormeció el brazo prematuramente. Es inevitable. No estés tan confiado. Siempre hay una salida de emergencia. Salirse del libreto es cuestión de despegarse del suelo un segundo. Cambias el giro de la historia y todo se vuelve magma de nuevo, y los cielos se entristecen por centurias, y luego los renacuajos, los pterodáctilos y los propulsores de plasma.

Otra vez tengo ganas de vomitar. Me duele tanto la espalda. ¡Parece increíble que apenas tenga dos millones de años! Me calculo doscientos billones, al menos. Falta tanto. Es sorprendente que en medio de las guerras cósmicas haya visto gente divirtiéndose en Tenochtitlan, con esperanza. No puedo añorarlos, son los que sufren al final. Los demás me verán en el espejo. A veces siento que estoy tocando las teclas del piano o de la computadora. Como si estuviera componiendo una sinfonía, un réquiem para ustedes. Y va tan triste la melodía, y es casi como si pudiera verlos leer y escuchar, temblorosos, sin imaginar la palabra que viene, presintiendo algunas cosas sin forma. Al renglón siguiente lo entenderé, pero pasan las hojas y no entiendes nada, no entiendes nada, te quedas ciego, de pie frente a mí, preguntas qué escribo, que si son secretos, y me cierras la puerta; te conozco, me cierras la puerta en la cara, pretendiendo ahuyentar los lobos, tranquilo, hoy no hay luna, solo nubes y arena en tus ojos.

Sigue el ritmo. Siente las pausas. Mírate tan inocente. Entonces llega el disparo, la penetración del metal, el calor de la sangre a borbotones. Caes inundado en un charco de signos interrogativos, y sabes que de ahí no te levantarás. No puedes mover ni un solo dedo. Pero te saco del agujero, yo, que te metí. Te doy un respiro, y vuelve esta desazón, el dolor de cabeza, la incomodidad de toda posición, la mirada perdida en el centro de una letra cualquiera.

Este es el silencio que temía: el final, la ausencia de palabras. De explicaciones. Volver a lidiar con el abandono fetal cuando parecías obra maestra. No me queda ni una letra más en el corazón. Me vacié. Arrójame antes que te contagie. No te dejes seducir por el blanco. Repite la estrofa hasta que la memorices. Llevarás contigo la profecía, el mundo a tus espaldas, pero nunca la buena nueva.


Diego Mora: Vásquez de Coronado, San José, Costa Rica; 1983. Ha publicado Tótem Suburbano (poesía): Ediciones Andrómeda; San José, Costa Rica, 2006. Estación Tropical (poesía): Editorial Catafixia; Ciudad de Guatemala, 2010. Historias de inodoro (microcuento): Milena Caserola; Buenos Aires, Argentina, 2010. Educación con medios (académico): Editorial Académica Española; Madrid, España, 2011. Facebookatura (novela gráfica): Ladrillo Negro, 2012. Las Meseras del Park Avenue Café (poesía): Editorial (H)onda Nómada; Ciudad de México, 2013. Peter Pan 220 (poesía): Editorial Jaguar; Quito, Ecuador, 2014. Monóxido de carbono (poesía): Hanan Harawi Editores; Lima, Perú, 2015. Niños no hagan esto en casa (poesía): Ediciones Litost; Santiago, Chile, 2019. Aparece en antologías tanto de poesía como de narrativa y en revistas literarias, académicas y digitales. Es Doctor en Estudios Culturales de la Universidad de Cincinnati, Máster en Literatura Latinoamericana de la Universidad Estatal de Nuevo México y Licenciado en Psicología de la Universidad de Costa Rica. Ha dirigido talleres literarios y proyectos cartoneros en diferentes tierras del continente americano. Actualmente es profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica.

El ahorcado y otros poemas de Nidia Garrido

por Nidia Garrido


Los temas de la poética de Nidia Garrido siembran el alma de desasosiego porque más allá del encuentro amoroso está la música, el sigilo, el grito, la entrega y la marcha de lo que se ama. La lectura de estos versos me lleva a pensar que efectivamente, como dice la autora en sus poemas, estamos hechos de migajas de luz. Y cuando nos compartimos o nos exploramos en el otro, se produce la lluvia y lo que sigue es un espectro que va del arcoiris a la desintegración de las formas. El amor, como toda guerra cuerpo a cuerpo, es una guerra. En el campo de batalla de la vida quedan los días de gloria y las derrotas. Pero más allá de todo esto queda el canto. El amor erótico eleva la mirada al rango de lo sagrado y está representado en todas las culturas. Lo encontramos en el “Ciclo de Adán y Eva” de la Biblia de Grandval (Siglo IX); en las mujeres menstruando, talladas enmadera al sur de la India; en los budas con vulva de la cultura japonesa y en las figuras de arcilla de Grecia (siglo III). El cuerpo desnudo en este sentido es una ofrenda y como tal se ofrece y se recibe, se goza y se canta. En síntesis, lo que nos ofrece Nidia en sus poemas es un viaje, y como tal es circular. No hay retorno, porque un punto lleva a otro y una vez en la sima todo tiene fecha de caducidad. Afortunadamente queda el canto.

Margarito Cuéllar Monterrey,
México, febrero 6 – 2021.


NIHILISMO CON AMOR

Nada amor, nada olvido, la cama espera ser usada por durmientes que abrazan la loza fría del averno, la nada y el amor, me dice que el miedo le recorre la piel, no ama la nada, no ama el amor, no quiere la entrega, sufre y llora si lo hace, nada de nada, la cama es un lobo lleno de hastío.

Me dice que no quiere sufrir, me dice que llora de noche, me dice que el amor es mal de brujas, mal de males, la nada es nada pura, prefiere no amar, es cobarde y no quiere sufrir, y sufre por no amar.


MONOTONIA

El encuentro será en dos horas, mis labios se encienden, mi piel esconde su aroma para el plebeyo, mis ojos brillan, la esperanza es un ser sin ojos, se posa en mi pelo y me lame, la felicidad me embarga, espero seducirlo, besarlo, amarlo. El salta como felino, se agazapa y toma el bus de las seis.


LA DANZA LETAL

Lo imposible, lo inhumano, lo mundano, la cábala salpica el rol del paisano, 
sus manos no tocan las sábanas blancas, yo abrazo mi cuerpo siniestro 
y toco el medioevo, la diosa de ébano se encuentra acéfala, el rey ha muerto, 
la cábala recibe, no suma, no resta, los múltiplos son mirlas 
en un naranjo sin ramas,
el amor me encontró en obra negra,
 tejiendo en dos agujas, 
el espejo me devuelve dos ojos con espinas,
los dardos se han clavado en la pupila,
el amor no es sano, 
el espejo es mi reflejo, tu reflejo,
las palabras son letra muerta, 
mi cuerpo se rinde, 
el sortilegio sigue de largo, 
el artilugio no enciende motores,
el sacrilegio cumple su rol de pájaro agorero.

PADRE NUESTRO

Nuestro padre ha muerto,
dos hombres famélicos han notificado a mi madre,
seño; seño, usted conoce, conoció a Roberto, el cura del 
pueblo, el padre de sus crías?
Dos caballeros altos como la nieve le han descargado un fusil 
entero, le han rasgado el hígado, le han partido en dos el 
corazón, las uñas de la mano izquierda, si, aquellas que 
siempre se comía se las han pintado de purpura, si, le han 
tildado de maricon, dicen que debajo de su sotana escondía 
el infierno con ojos de muerto, si, las dulces sonrisas se 
apagaron allí.
Padre nuestro, calvo, siniestro, bisiesto, deshonesto, un 
sabueso descargo una ráfaga, un alma en pena fue liberada.
Padre nuestro, siniestro. 

EL AHORCADO

La imaginaria cuerda floja absorbe mi ser, 
lo inhabilita para el mundo racional,
me muevo en estas coordenadas y me pierdo en el abismo,
el punto ciego está en la extensión de tu inmensidad, 
las arenas calizas que piso embriagan mis sentidos 
y me sumergen en el Mar Caspio,
ahí descansa mi armadura letrada.

SED

I.

Si digo boca aparece la  tuya,
si digo sed vienes como un vendaval,
te llevas mi mundo, mis palabras,
si digo voz, reduces mi ego y empapas mi coraza de viento submarino,
si digo risa, llegan a mis manos tus ojos,
inquilinos furtivos de mi mente,
el secreto que guardas en ellos se desliza por el cuerpo de las sirenas que calzan baletas y se alinean en tu espalda danzando en esa planicie perfecta,
si digo canto, aparecen tus pies descalzos trepando por una enredadera invisible,
tienen hambre de nada y de todo,
si digo piel, desnudas mi alma,
increpas mi monte Everest y te apropias de esta cordillera con vista al sol,
si digo dedos, notas melodiosas cargan mi amanecer,
tu lluvia empapa mi aliento y te cuelas por las milimétricas rendijas que habitan mi universo,
te ínstalas, te apropias de mis demonios, los habitas con ese eco sereno y gutural, si digo alma, es la tuya, si digo cuerpo, está en el inframundo, si digo roce, tu lengua corta como un dedal en cruz, si digo cruz, extiendo mis brazos y tomo tu aliento citadino, si digo norte, apareces tú,si digo sueño, te deslizas sobre mi  fémur y reposas en él, si digo éxtasis entras en mi cerebro con efectos tántricos, moras en mi surco dinámico y ahí te instalas, los seiscientos cincuenta músculos se adhieren a mi.

II.

Me he asentado principalmente en uno de tus estómagos,
ahí me siento cómoda,ahí anidas mis miedos, mis manos, mi prisa, mi frío, mi marcha rápida, mis letras, mi boca, mis dedos, el cabello qué cuido cómo un grano de arena en el fondo del mar, mis rimas, mis líneas, el rincón  donde te he instalado y lo hago mío , y río porque eres tú el que aparece en mi mente al despuntar el Alba, y miro un cordel atado a un becerro, a la pata de una gallina, a un colibrí, a un perrito, al cuento, a la certidumbre, a tu boca, a tu pelo, a tu sonrisa, a tus miedos, a mis miedos, a estas ganas de seguir comiéndome el mundo y sigues ahí, en mi piel, te has instalado como un león herido  y me gusta verte en mi, en ti, en este cascabelear citadino que nos envuelve en sus redes, me gustas, bello entre los bellos. Mis letras tienen imánes y se escurren hasta ti, siempre.

III.

Aún guardo pájaros en la boca, colibríes en los ojos, aún sueño despierta con arenas movedizas, con el Perineo, con la ruleta rusa que danza en mi cuerpo y me despoja del caparazón de epidermis sin usar, una constante en mi cordillera sensible, la piel es un colgajo que atrae y vibra, es un calendario sin usar, uno que el viento ha llevado en su eco, la piel muerde , áraña, absorbe, besa, muerde, hace cábalas con ojos de cangrejo, siente, vuelve a morder y sueña con Dante, los círculos, el viaje a ultratumba , estoy perdida cómo Dante en la selva, en la colina, esos círculos alegóricos al fuego me queman, mi sueño es de otro mundo , mi infierno me acaricia y ronda mi entrepierna, la sal del mar muerto se apropia de las caracolas que he sumado en todas las lunas rojas, lo increpo y me devuelve mi espejo, la sombra de un corcel cabalgando  mis cinco sentidos despiertan mi alma.

IV.

El manto sagrado.
Mis manos buscan afanosas el recuerdo de la nube gris, el lecho permanece intacto, la tela de lino se unge con la presencia del manto sagrado, eruditos han llegado de oriente, husmean la tela , la faz de un  ángel se dibuja en el lecho, arde la nieve, escriben, preguntan, miran y fingen ver rostros cargados de espinas, lecho de muerte, el mesías ha regresado, el olor a sexo derrite la lumbre, habla el más viejo, si, aquí, aquí pernocta, pernocto la dicha de invierno, el verbo hecho carne, luz de luz, estrella de oriente, descarga eléctrica, el santo sudario, el semblante resplandece, su fulgor es único, el manto sagrado reposa en oriente, la estrella de David lo guía a su morada, la carne hecha verbo, la cúpula enrostra la fina tela con olor purpura.


LA CUARTA LETRA DEL DURMIENTE

La daga delibera diametralmente,
dosifica la dicha, 
dictamina el dogma,
decide el dolor, 
decente doctor, 
documentos difíciles,
drama diario,
delirio del disparo,
democracia doble,
danzarina,
dignidad, 
dátil delgado,
dimensión, 
dejadez, 
dureza, dualidad, dos, dictamen, discernimiento dócil, dibujo David, 
digo David, dedos de David, diferencio, decoro, deambulo, deja vu, determinación, determinado, dientes duros, delicia de durazno, duermo, Dinamarca, 
dime David, ¿dónde descansa el durmiente?

Nidia Garrido. Bogotá, 1970. Es poeta y periodista, también abogada igual que Franz Kafka, especializada en derecho procesal y derecho público. También echa las cartas, igual que madame Sosostris, el personaje de T.S. Eliot. Desde muy niña sintió el llamado de las letras y dice que aún sigue siendo esa niña. Tiene una marcada educación sentimental por el paisaje, por lo que es una magnífica viajera. Comparte por igual el gusto desmedido por Pablo Neruda, el Marqués de Sade, Anaís Nin y los mapas de ruta. Esta poeta kafkiana mira para el cielo y encuentra palabras, fragmentos de libros anónimos, retazos de biografías de escritores apócrifos y letras de baladas celtas que los fantasmas le dicen a oído mientras duerme su noche. También le gusta Pizarnik y la poesía de los románticos ingleses del siglo xix. Ha publicado los libros La respiración de las cosas, 2016, Tratado de las Bajas Pasiones (2017), Perversa Caligrafía para tu Piel (2018), El abismo, la nada y el punto ciego (2019), Naturaleza muerta con trapecio (2021). Actualmente escribe el libro de ensayos Bogotá en tiempos de Fernando Denis.