Lágrimas de piedra
Para aquella madre,
la que llora en silencio porque le arrancaron a su hijo del pecho.
Seguimos llorando por tu partida.
Las lágrimas de doña Lorenza son un grano de arena en la piedra.
Ella llora y se hace esfinge, una roca que cuenta a sus hijos con los dedos de una mano.
La Obertura es aquella medida de sus remembranzas.
Es el inicio de una canción de cuna con la que mece al niño de las botas al revés.
Detrás de la montaña se escucha una melodía que se hace medida, herida, quimera. Un pozo que revela el eco de todas sus desgracias.
La cama de Doña Lorenza es la tumba de su hijo José María Amador.
Las quimeras del tiempo (Fallidos Editores, 2022)
Obertura a mi fragilidad
A los días en que estuve rota
En el suelo se suman los granos de arena y de la vida solo algunas gotas
Podía contar cada minuto mientras las agujas traspasaban mis venas.
El grito contenido quedaba en mi piel mientras se escuchaba un tambor agudo que no paraba de sonar.
De repente una caricia y en el cuarto oscuro unas luces fluorescentes.
Podía entrar en el lienzo pegado en la pared
encontrar otro aire, otras calles
Un lugar esperaba por mí, mientras buscaba despedirme de mi madre.
Esa era la entrada
en la baldosa rodaban unos pétalos color escarlata.
Las quimeras del tiempo (Fallidos Editores, 2022)
Cuando se escribe sobre un muro
A Victtote
Enciendo un par de velas para alumbrar el telón negro sobre el cual escribo tu nombre
busco caer de rodillas para dibujar letra por letra pedir perdón
y recoger tus pasos.
Se dobla una de mis rodillas y la otra no obedece.
Una de ellas ruega y la otra no se dobla
aparece resistente, violenta, indignada por tu partida.
En la entrada de la sala
llega un público grandilocuente que lo ha visto todo. El asombro que se escapa de sus ojos es el aroma de la casa
cuyo humor huele a lo que huelen las flores cuando abandonan el mundo.
Tu rostro
la voz de Dios escondida que no se encuentra presente en las noticias del día
ni en los rumores de una vereda.
En Montecristo
las orugas no llegaron a ser las Monarcas prometidas.
En el campo
el hedor ha convocado algunas moscas negras y su perfume a tierra mojada.
Cuando escribo sobre el muro (El Quirófano Ediciones, 2021)
Mi cielo cerró los ojos
Al que la mina le arrebató la luz del día.
Para la primera entrada
claro de luna
tus ojos se abren como frutos de almendro
mientras mis dedos torpes golpean los primeros
movimientos
de una partitura que se hace relato para ti.
Por el aire
flota una pluma
que se llevó
el estallido
el telón negro se hizo mortaja en la cama de un hospital.
Aún en la oscuridad de la noche
la luna llena te acompaña
ella te muestra su rostro que evoca
una canción en esas noches de vigilia.
Los grillos cantan en la espesa hierba verde
y el sonido de la humedad te dibuja el paisaje
ahora tus ojos negros
son los ojos de sombra que te acompaña.
Cuando escribo sobre el muro (El Quirófano Ediciones, 2021)

Paula Andrea Pérez Reyes (Medellín, Colombia).
Licenciada, magíster y doctora en filosofía con distinción Summa Cum Laude. Abogada defensora de derechos humanos y Socia Cofundadora de la Red para el Estudio del Proceso y la Justicia. Docente investigadora de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la UdeA y de Posgrados UPB.
Presentadora, conferencista y poeta en festivales y eventos en Colombia, México, Perú, España y Ecuador. Ha publicado numerosos artículos, columnas de opinión. Autora de los libros: «Cuando escribo sobre el muro» (El Quirófano Ediciones, Ecuador, 2021) «Las quimeras del tiempo» (2022) reconocido como el mejor libro de poesía en 2021.

Ella es una mujer hermosa, la más inteligente y la de los mejores versos. Sensible, fuerte.
Me gustaMe gusta