La poética de Nataša Sardžoska

por Giselle Lucía Navarro

Mi primer encuentro con esta poeta fue a través de una publicación en la revista Refugios, de Argentina, en la que ambas colaboramos, luego leí algunas de sus entrevistas y fue un enorme redescubrimiento. “Escribo poesía porque quiero traducir mis visiones metafísicas en un lenguaje palpable (…) Para ser poeta, tenés que ser valiente y sincero”, dijo en una ocasión. Había tanta poesía en sus experiencias de vida como en sus textos, una energía espiritual que te impulsaba a crear, como si la conocieras desde hace mucho tiempo y esa mujer fuese una vieja amiga. Había algo sencillo y sincero depositado detrás de cada palabra. Las traducciones, vestir y desnudar la palabra de un idioma a otro, a veces suponen cierta pérdida, pero lo vital permanece.

Nataša Sardžoska nació en Skopje, Macedonia, en 1979. Es poeta, escritora, periodista, antropóloga, profesora, bailarina y traductora (FR, ES, IT, EN, PT, CA). Doctorada en antropología por las universidades Eberhard Karls de Tubinga, Sorbonne Nouvelle de Paris y la de Bérgamo. Ha vivido y creado en París, Roma, Milán, Stuttgart, Bruselas, Lisboa, Heidelberg, Rijeka, Perpignan, Barcelona y Skopje. Ha publicado los libros de poesía: Habitación Azul, Piel, Él me arrastró con un hilo invisible, Agua viva y Coxis, ensayos en revistas internacionales, novelas cortas y cuentos en la antología Asombro. Su libro Piel fue publicado en Estados Unidos y en Italia, y su libro Coxis en Kosovo e Italia.

Su poesía se ha traducido y publicado en diversas revistas literarias internacionales. Participó en muchos eventos y festivales, entre ellos, el  Festival de Poesía de Bratislava, en el museo Revoltella de Trieste, el festival Parole Spalancate de Génova, el Festival de Poesía de Berlín junto a su improvisación de danza jazz y poesía, y el festival de poesía Sha’ar Helicon en Tel Aviv, acompañada por saxófono y contrabajo, en una improvisación de danza contemporánea. También en varias ciudades de los Balcanes (Belgrado, Sofia, Rijak, Plav). Su poema Muñeca de cuerdas fue publicado en inglés y español en la antología internacional contra el abuso infantil por el Festival Internacional Grito de Mujer.

Con un lenguaje directo, deshabitado de adornos y discursos impropios, Nataša urde sus versos como quien dibuja su pasado, el pasado que vivió en su piel o en su cabeza. El padre es una figura recurrente, un hilo que marca el hogar, la sangre, la raíz… en una poesía contaminada por todos esos impulsos creativos que la circundan. Lo corporal, lo femenino, la sociedad, la marca de todo lo que le rodea, los pasos que avanzan, el ojo que mira, que siente, el cuerpo que emigra, el cuerpo extranjero, la mujer de cara a su soledad, el recuerdo, la carne, el dolor, su mundo interior traducido en palabras sobre el papel. Todo dibujado con la crudeza necesaria, sin disfraz.

Nataša se maquilla, baila tango, recita poesía, interpreta palabras en idiomas que atraviesan su cabeza y hacen de su cerebro un motor ágil, sonríe y escribe. Dibuja su libertad en cada gesto. Su país no existe en ninguna parte, como asegura tantas veces en su palabra. Su país es ella misma y su conciencia.  

SIN HOGAR

vivo en espacios extranjeros
entre gente extranjera muevo mi cuerpo
gente que no esculpe mi existencia
sino solo mis sombras
 
soy el pasaporte agarrado
en las credencias de las recepciones de hotel
me pasan por alto las señales perdidas
en el éter de las estaciones de radio
 
de las cabinas telefónicas llamo
y busco la voz de mi padre
ella gorgotea en el eco de la distancia
nos separa solo el vidrio sudado de respiración
 
me llamo con muchos nombres
y pertenezco a muchas naciones
pero solo este cuerpo me pertenece
aunque me estoy separando de eso
 
para volver a mí
en mi padre
en mi hogar
que no existe
[y que nunca existió]
en un nombre que no existe
excepto el que me impusieron:
 
clavado desde el corazón
de mis huesos
fracturados

DI-AMANTE

vos y yo
dos grandes silencios en el mar
dos manos que no tocan pero alcanzan
caminamos en la estepa de esta ciudad
salvajes por la desobediencia del mundo
cosechamos la aguda brillantez por dentro
para encontrarnos
para limpiar todas las manchas
para destruir todos los mundos en un respiro
para cristalizar las gotas de nuestros cuerpos
voy y yo
dos grandes silencios en el mar
dos manos que no tocan pero alcanzan.
 
(Di-amante, traducción por Elsa Barreda Ruiz)

COXIS

pido perdón por mi país
acurrucada sibilante hinchada
vena
se dispersa
esta condena
y dos veces resuella
en cada paso fronterizo
y germina luego en un mar
sin el derecho a ser nombrado
 
el testamento insidioso del desierto
hace eco en mis huesos
en la patria renunciada
tragada en los nervios torcidos
alrededor de mi columna vertebral
que limpia todo el polvo del mundo
mientras me caigo
esperando los ingratos atardeceres
expulsada
exiliada
 
este poema no es hermoso para ustedes
porque es solo una manchada de tierra
en el puñado que salpica y colapsa
como el semen del hombre que se vuelve padre
en ese congelado instante de mudez
cuando penetra
y grita
y gime
y luego:
 
desaparece

DESENCUENTROS

las flechas del reloj se detienen
en el acantilado lastiman la vista
los pasos fallados
los cuerpos revelados
 
te dije que te quitaras la ira
enterrarla en barro y tierra
para desgarrar la agudeza de la lengua
para soplar la niebla sobre la ciudad
para verme blanca y frágil
aun derramada afuera de mí misma
sin defensas elegidas
sin palabras defensivas
sin mí
no hay tierra para ti
ni habrá
mientras huyes de ti mismo
no hay dolor
ni sombra
que te esconda
de tu luz
ni brillo
que te caliente
en tu mentira
tratarás de esconder todas las pulsaciones en los ojos
pero brotarán de nuevo las llamas ardientes
las lenguas de tu semilla
los tiempos de nuestra raza
 
[porque este tiempo cura y quema]
como una carne salvaje donde nos sumergimos
ahí te escondes como un cuchillo
que busca algo en la herida abierta
y las fechas por fin van a coincidir
y la lengua desconcentrará
y las palabras desteñirán
pedazos sobrevividos de la mesa vacía
seremos reducidos a silencio:
 
el silencio de la elección
de la que no se escapa.

SI NOS HAYAMOS SALVADOS

si nos hayamos salvados de la sed y del hambre
si hubiéramos derrotado la trampa de la necesidad
nos hubiéramos convertidos en jinetes sobre toda la mala suerte
hubiéramos galopeado rápidamente
por encima de las interrupciones neblinosas del cielo
hubiéramos eliminado la hipocresía de la bandada
que vuela solo por necesidad
sin rumbo y sin destino
un día al norte un día al sur
ahora por encima de la rama florecida
ahora por encima de la roña podrida                       
 
nos hubiéramos convertido
en números impares
del rebaño
de brujos
solitarios:
 
pero para todos los demás
excepto para nosotros mismos

PALIMPSESTOS ROMANOS

mientras tu ala macabra ondea sobre ellos
(…) inquieto en ellos mi corazón late.
aco sopov

oigo la voz de mi padre
en el barrio judío al lado de la sinagoga
se desgrana a través de fachadas ocre-naranja
y se derrama entre los adoquines
 
no es capturada
ni indignada
es solitaria
sin hogar y muda
como una ola de tsunamis
como un vencedor inesperado
quien se acercó con amor a la justicia histórica
 
por la noche las gaviotas aterrizan sobre los adoquines
pican las migajas entre las piedras
y devuelven al cielo la voz
polvo de luz radiante:
 
hay demasiada belleza en este mundo
es inevitable
es ineludible
pero la voz de mi padre
ya no la puede
susurrar
 
*
 
el mundo te abandonó
la primavera no florece más mágicamente
y ya no la sentirás más
tus jardines con romero preguntan por qué no estás
el sol de abril quema tus persianas gélidas
y ya no te alegrarás ni con los soles implacables
ni con los más lentos que se van detrás de la luna
y no habrá más luna
excepto esta aguja de la soledad
cristal extraviado dentro del bosque mudo
manada de lobos hambrientos a la medianoche
espejo del pasado
que se quiebra áspero y pálido
como un sol perdido
lejos de su órbita
enhebrando el hilo:
 
el eje de mis agonías

roma, 4 de abril 2019

HIMEN

después de volverme
al primer aval judío
en la cama ensangrentada
de la américa del sur
bebí toda de una vez
la violencia de la realidad
 
[y el elíxir para una cara sin arrugas
para piel de colágeno lisa como serpiente
para un culo duro como una avellana]
 
y me puse en la vagina
un corazón crudo de gallina
lo empujé con mi dedo medio
bien en lo profundo de la pelvis
 
así que me convertí en demiurgo
de mis propias costillas

MUÑECA EN CUERDAS

Caminante soy por el asfalto
mientras los conejos silvestres están gritando
en agua hirviendo
sacrificadas conspiraciones
palabras no reveladas.
 
En cada paso que tomo inhalo sangre para vivir.
Estoy acostada en el chorro
flores desconcertadas fluyen en mi cabello
Tú y yo
incalculables pasos de la carne
una ciudad como cualquier otra que caminamos
y no sabíamos
y no nos conocíamos.
 
Cuando todo está fermentando
vivo en el agua vertiginosa
las lenguas de los dragones muertos
se levantan para decirnos
estoy aquí:
 
te sigo desde cada puerta del aeropuerto
sé que cuando escucho tu nombre
es una música con ritmo desconocido
y tiemblo de tu mirada
y perdí mi voz cuando viniste a mí
y mi piel se estaba volviendo negra
después de cada paso desconcertado de la tuya
mis pezones duros
mis labios ardientes
como de invierno:
 
sabía que éramos una misma ciudad
una misma sombra
una misma lluvia
y la noche anterior a la que te conocí
estaba llorando como una niña
antes que tú entraras en el jardín japonés
en mí podía oír gritando
a todos los animales sacrificados
estaba creciendo con descaro
muda a horcajadas
como una capa de trigo fértil
en tu susurro abrumador
humildemente levantada 
por encima de los estratos 
erradicados
de la carne púrpura.

BAGAJE PERDIDO

entre dois grãos de areia por mais juntos que estejam
existe um intervalo de espaço

clarice lispector

quiero estar sola y lejos
de los gritos vacíos de las mentiras desalmadas
perdí mi bagaje en la pista
y no quiero que me busquen
los operadores de los aeropuertos
para devolvérmelo
 
no tengo miedo del día que atardece
detrás del mar de truenos y palabras
no le tengo miedo a la ciudad que está cayendo
en mi cama de hotel
aunque a un paso de mí
matan a una chica testigo
queman las casas de los gitanos
cormoranes para la pesca engañados
arrancan las presas
como todos nosotros abandonados
 
no tengo miedo a las arabescas nocturnas del silencio
al mutismo impenetrable de la separación
al eco de la oscuridad en la conversación de la cual todos huyen
puedo salir y entrar en la insensatez
crecí en las habitaciones amplias del amor frío
mi infancia es tímida y solitaria
no tengo miedo de no tener nada
de permanecer vacía
 
quiero dormir sola
sola lacerar la melatonina
y puedo apuntar mis ojos yo sola
a la ventana de los saludos hipócritas
al alba de la irracionalidad
al horror del día
 
y hasta cuándo las olas de sufrimiento vendrán 
para decirme que no habrá nada de lo que soñaba
y esta soledad no me importa a dónde me llevará:
 
en mí la vida arde
 
estalla
explota
me ciega
me quema
y abrasa

Giselle Lucía Navarro (Cuba, 1995) Poeta, narradora y diseñadora. Es licenciada en Diseño Industrial por el Instituto Superior de Diseño de la Universidad de La Habana y egresada del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Profesora de la Academia de Etnografía de la Asociación Canaria de Cuba. Dirige el Grupo Literario Silvestre de Balboa. Ha obtenido diversos reconocimientos entre los que destacan el Premio Edad de Oro 2018, el Pinos Nuevos 2019 y el David de Poesía 2019 que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Ha recibido menciones en los concursos internacionales Ángel Gavinet (Finlandia, 2012), Poemas al Mar (Puerto Rico, 2012) y Nósside (Italia, 2019). Ha publicado Contrapeso (Colección Sur Editores, 2019), El circo de los asombros y ¿Qué nombre tiene tu casa? (Editorial Gente Nueva, 2019). Textos suyos han sido traducidos al inglés, francés e italiano, y publicados en antologías y revistas de Cuba, España, Chile, Perú, Estados Unidos, México, Finlandia, Venezuela, Argentina, Puerto Rico, Italia, India y Bélgica.

República. Seis poemas de Carmen Nozal

por Carmen Nozal

A la memoria de mi tío Cesáreo,
quién murió en la Guerra Civil Española
el 1 de diciembre de 1936,
a los 24 años,
luchando cuerpo a cuerpo
durante la batalla del Monte de los Pinos en Asturias
defendiendo la República.

Gallinas

Una ráfaga,
polvo de cal
y granizada de tejas.

A la prima Soli
               la dejaron sin casa.
Salió huyendo a través de las paredes
y encontró a un campesino
de guerrera militar
cargando un saco.

No sabía si era rojo o era azul.

“¿Qué llevas ahí?”, le dijo Soli.

El campo cacareaba.

“Salvo gallinas sobrevivientes.
No quiero que las coman los fascistas”.

“Eso es amor”, pensó la prima.

Y el hombre le respondió:
“Sin amor no se puede ir a la guerra”. 

La teta

I

La abuela tuvo un hijo
que se caía como se cae un techo.
Se desplomaba frente a los precipicios
con los ojos en blanco mirando el cielo azul.
El oleaje contra las rocas
y la espuma azotada entre sus labios.
Cuántas palabras turbias,
cuántos cangrejos sobre su cuerpo.
Como quien levanta
una patria perdida,
corría la abuela a levantarlo.
Antes de bombardear,
sonaban las sirenas
para ir a los refugios.
Sentada en la mecedora de bejuco,
Aurelia se quedaba en casa
dándole el pecho a su hijo.
“Que pase lo que tenga que pasar”,
pensaba ella,
mientras sus hijas iban a esconderse
de su leche temible,
entre la arena y los eucaliptos.
II

Su hijo se desvanecía como el amanecer
sobre la cordillera.
Igual que La Piedad,
la abuela lo cargaba por el mundo.
“Hay un remedio de hierbas”,
le decían,
y emprendía el camino.
Dos rayos de sol
se ocultaban en la maleza.
Los retenes militares
les impedían el paso.
Parecían maniquíes en la espesura.
Aurelia era un camaleón:
alzaba el puño,
levantaba la mano,
cantaba todos los himnos.
Un día la intervinieron:
“Te vamos a fusilar”,
le dijeron los fascistas.
Su hijo se convulsionó.
“Que pase lo que tenga que pasar”,
repitió, Aurelia.
Llegaron los republicanos.
“Se mataron entre todos”,
le dijo al brujo,
mientras su hijo bebía el te de hierbas,
entre la arena y los eucaliptos.

Mala sombra

A Carmen
la fueron a buscar a la Plaza del Sur
como quien busca
un nombre o un piojo
y la encontraron
con sus manos pringadas de manteca.

La fueron a buscar
como quien busca
una piedra dorada.

La tarde se llenó de peces.

“Tu hijo no volverá”,
dijeron los militares:
“se quedó en el Monte de los Pinos”.

Rompió a llorar
y se limpió las manos.

No sabía escribir.
Dijeron: “¡Firma!”
Frotó su pulgar con el mandil.

Le dieron un papel,
un puñado de letras
y una bandera.

Puso su huella como una lápida.

El preso

Álvaro, el marido de Teo,
hablaba poco.

Era un hombre de bien
hasta que un día
lo metieron en la cárcel
y le dijeron:
“En cualquier momento te vamos a fusilar”.

Y se quedó mirando su reloj
como quien mira por un microscopio.

Cada noche ponía un punto en la pared.

Pensando que lo iban a matar
habló del tiempo,
de las corrientes del aire
y los pajares.

“Cállate y vete”,
lo interrumpieron,
antes de verse
de cara al sol
con la camisa vieja.

Guerra Civil

“La Tranquila”
murió de mi mano
con la lengua trabada en la garganta.

Lo último que dijo fue el nombre de su hija.

De Etelvina ya no se supo
y en la familia se dio por muerta,
no por desaparecida.

Nadie volvió a hablar de ella.

Una tarde sonó el teléfono.
Dijo: “Sal, estoy en la calle, te quiero conocer”.
Quería su herencia.

Por las escaleras
recordaba a mi abuela,
ahogándose en una palabra.

Segura de encontrar a una perversa,
miré alrededor del parque,
inspeccioné a las señoras.

Me detuvo mi nombre.
La voz retumbaba en mi columna.
Sus ojos verdes eran dos campos
con asturcones cabalgando en la neblina.

“Tía”, le dije,
y la guerra terminó.

Caminamos sobre las hojas marchitas.
La valentía tiene distintas direcciones.
Entonces, pronuncié
el nombre de su madre.

“La agonía es arrepentimiento”,
dijo, consolada, mientras el mar
se asomaba entre cipreses y sauces.

“Si estabas viva, ¿por qué no la buscaste?”

Habían peleado.
“Mi madre me echó de casa”.
(¿La desahució mi abuela?)
Llegaron los aviones ese día.
Caían bombas.
Etelvina, 15 años y el terror
golpeando las aldabas y gritando:
“Ábreme la puerta, madre.”
Mas “La Tranquila”
la dejó en medio de la contienda.

“No tuve tiempo para llorar.”

Mi tía se fue escondiendo en los portales
hasta llegar a las vías.
Sin nada,
se lanzó al vagón de un tren.
Por eso, busca su herencia.

México

Al cuñado de Paquita
lo denunció su hermano.

“Esta noche vendrán por ti”,
le dijeron los vecinos
cuando sacaba el ocle de los pedruscos.

Tragó saliva,
se secó el sudor viendo las olas
y encontró un barco a punto de zarpar.

Toda la vida le pasó por su frente.

Con los pantalones arremangados
y el pecho saliendo de su camisa
echó a correr sobre la arena quemada.

A zancadas venían los pensamientos.
Los tres años de su hija
y su esposa por parir.

Entre la muchedumbre,
miró por última vez el cielo.
No había viento, ni nubes, ni aves.

“¿Cómo se quita el sol?”,
dijo, mientras marchaba sin saber a dónde iba.

En la cubierta estaban las mujeres.
Nadie hablaba.
La miseria olía a sal.
Comenzó a oscurecer.
Los disparos salieron de la bruma.
Vio cuerpos lanzarse por estribor
y se escondió en un tonel donde dormían las ratas.

“No pude ir a la guerra”, se dijo
y decidió luchar.
Pensando que las ratas eran fascistas,
sacó valor.
Mientras las estrangulaba
recordó a su hermano.
La traición no tiene cuello.
Es una lengua sin fin.

Ensangrentado y famélico
puso los pies en la tierra.
Arpas y marimbas. El aire cálido.
Las nubes tropezaban por el cielo.
Y él, descalzo,
sin saber a quien decirle:
“Mi hijo acaba de nacer”.

Poemas tomados del libro República, publicado por Parentalia, México, 2018.


Carmen Nozal (1964) es licenciada en Letras Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido galardonada el Premio de Poesía unam (1991), Premio Universitario de Poesía (1991), Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nadino (1992), Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos (1993). Entre sus libros se encuentran Viaje al fondo de la O (Praxis, 2015) y República (Parentalia, 2018).

La escritura fragmentaria de Mario Bellatin y los problemas de edición de “Mis uñas delicadas”

Por David Espino Lozada

El año pasado tuve la oportunidad de compartir una comida con Mario Bellatin para platicarle acerca de Cardenal Revista Literaria, y en lo que estuvimos hablando salió el tema de su producción literaria, como alguien ya reconocido, y la mía, que apenas comienzo. Para entonces yo llevaba conmigo dos noveletas que escribí en formato fanzine y él mencionó que recién editaba una serie de libritos que recorrían toda su obra. Lo mencionó por cómo se veía el material que yo llevaba, pero también porque en cuanto lo cogió le advertí que no estaban en sí terminados, que en cualquier momento pensaba revisitarlos para hacer correcciones. Me dijo que su colección de Los cien mil libros de Bellatin pretende lo mismo. Ningún texto está terminado de manera definitiva, y al transcurso de su vida sufrirá modificaciones, ya sea por las relecturas del autor o por las notas y correcciones por parte de algún editor, pero también por el polo estético, la realización que hace cada lector.[1] Aquí hablo de mi experiencia como lector-editor de Bellatin, pero siempre, en primer lugar, como lector suyo.

Al recibir un texto tan en crudo (escrito por WhatsApp, tecleado en la pantalla táctil) como “Mis uñas delicadas” es inevitable, en el trabajo de edición, hacer varias correcciones. Poco después de la publicación del segundo número de Cardenal, discutía con Ulises Paniagua sobre el repentino cambio que hay entre el segundo y tercer párrafo del relato. Me dijo que era como si fueran dos historias distintas. Le señalé que quizá se volvía evidente por la libertad que tomé para poner un punto y aparte. Esto no es algo inusual en la obra de Bellatin, quienquiera que haya tenido en sus manos Salón de belleza notará que cada párrafo parece ser una unidad individual, seguido por un espacio y nunca ninguno comienza con sangría. Releyendo “Mis uñas” en la edición digital,[2] donde la convención tipográfica es hacer este tipo de saltos entre párrafos, no puedo sino pensar en que pude haber usado esta misma distribución en la revista impresa. Es evidente que hay un cambio en la diégesis cuando hice yo la partición, pero cada uno de estos párrafos es una viñeta completa por sí misma. Esto es algo que se deberá replantear algún otro editor en el futuro, dependiendo de su propia lectura.

En mi caso, yo me inclino por una perspectiva fragmentaria, y como creo que permite una lectura más rica. Si existe un continuum bellatiano, entonces “Mis uñas delicadas” está dentro de este leviatán que conforma toda su obra (que supera al archivo Mario Bellatin, a Obras reunidas y a Los cien mil libros). Al ser eso una tarea monumental, en lo que resta me centraré solamente en el cachito que es el relato publicado en la sección “Passeri Caput” del segundo número de Cardenal Revista Literaria.

Es fácil poder entender los dos primeros párrafos de “Mis uñas delicadas” como un conjunto por razones de las que he hablado. No es de manera aleatoria que ambos forman parte del mismo texto. No podemos entender la escritura fragmentaria de Bellatin como fragmentos que no cuajan, en palabras de Barthes. Si existe una disrupción en el sentido, esto no significa que nos lleva al sinsentido, sino que crea uno nuevo mediante las diferentes conexiones que el lector da al contenido de la obra, es decir, un desarrollo dinámico que permiten que el lector aporte.[3] Esto tampoco significa que no pueda haber párrafos secuenciales, sino que son tales las piezas que se pueden reconstruir de diferente orden.

En mi primera lectura, los dos primeros párrafos trataban de una especie de «párrafos introductorios» que establecen al personaje. No había un cambio de voz narrativa, como puede parecerles a otros lectores (y quizá sea la razón por la que Ulises dijo que parecían ser dos historias), después del punto y aparte. En la escritura de Bellatin los personajes se metamorfosean, como le ocurre a Jacobo en Jacobo mutante.[4] Entendí, pues, que se trataba de una (o varias) metamorfosis. Sea que la madre cambie a padre, o que el padre sea un nuevo personaje, mientras que la «hija» es el narrador-protagonista que coincide con el del principio. Existen referencias de naturaleza equivocada y del deseo de transformación de cuerpos en lo que se puede llamar «bloque 1», según mi edición en el 2019. La justificación del salto que separa el relato en dos fue, según mis intenciones del momento, para marcar un cambio espacio-temporal de la diégesis. Pero se puede entender quizá como lo que hizo Anagrama en su edición de Damas chinas del mismo autor, donde separó dos historias que, en los manuscritos originales, corren en paralelo.[5] Así pues, parece que se marca el comienzo de otra historia, donde el padre que aparece puede ser identificado como el narrador del bloque 1 y la hija del bloque 2 una voz nueva, o bien un par de personajes que no habíamos visto antes. Esto se puede entender por el cambio de tono que existe. Y aunque ambos bloques están en gramaticalmente en presente, el bloque 1 es más ligero en acción y muestra una serie de imágenes que son establecidas como analepsis. En cambio, el segundo cuenta las acciones al momento que suceden, y por lo mismo nos muestra desde dónde habla la voz narrativa. Esto puede causar la impresión de que es alguien más el que habla. No obstante, a pesar de que las uñas no están presentes, el trabajo que realiza la hija es manual y parece evocar la imagen ya establecida. Tal fue la razón que yo vi para que existiera continuidad entre ambas, y llegara a la conclusión de que comparten el mismo narrador; aunque la reaparición del leitmotif no justifica esto, sino que puede ser lo que le da unidad al texto.

Las piezas del texto, entendidas como que cada párrafo es un fragmento, no permiten entenderse por sí (y por lo mismo, reacomodarse), al estar divididas en dos bloques. Es por esta razón que apuesto para cualquier edición futura de “Mis uñas delicadas” en la división de saltos entre cada párrafo, lo que le da más libertad a ser interpretado (y formar, quizá, otros bloques, o incluso optar por la ausencia de estos). Por mi parte, al menos así será si llegase a ver una reedición en Cardenal Revista Literaria.


[1] Wolfgang Iser. “La interacción texto-lector: algunos ejemplos hispánicos”. En busca del texto: Teoría de la recepción literaria. Comp. Dietrich Rall. México: UNAM, 1987. p. 351.

[2] Publicada en https://cardenalrevista.com/2020/06/04/mario-bellatin/

[3] Anthony Percival. “El lector en Rayuela.” En busca del texto: Teoría de la recepción literaria. Comp. Dietrich Rall. México: UNAM, 1987. P. 385.

[4] Melania Stancu. “«L’uomo multiplicato» de Mario Bellatin: de Jacobo mutante a Jacobo reloaded”. Narrativas mutantes: anomalía viral en los genes de la ficción. Bucarest: 2018. pp. 314-18.

[5] Iván Suasnábari. “La escritura en movimiento. Desplazamiento y sustracción en la génesis textual de Damas chinas de Mario Bellatin”. Traslaciones. Revista Latinoamericana de Lectura y Escritura, vol. 3, núm. 5. La Plata, Argentina: 2016. pp. 111-21.


David Espino Lozada (1999) es narrador, jefe de edición en Cardenal Revista Literaria y estudiante de Letras Hispánicas en la UNAM. Es autor de las publicaciones Areopagítica y elabora actualmente un nuevo libro de novelas cortas.

Época desnuda

por Terezie Pavlátová

Vivimos en una época desnuda. No hay pocos anuncios que a primera vista atraen la atención por las mujeres semidesnudas. Por los hombres están apreciadas aquellas chicas que llevan minifaldas y shorts tan cortos que casi no cubren nada y camisas o camisetas cuyo papel principal es provocar. No es una cuestión solamente de las prendas cortas sino también de los estampados, extravagancia en lo que se trata del corte tanto de la ropa como del pelo y así podríamos continuar. Todo lleva a estos propósitos – ser visto, ser interesante, estar presente en los debates de la gente y pensar que yo soy original. ¿Pero no se trata de un error? ¿No es al revés? ¿Qué refleja su vestimenta? ¿Es el deseo de ser más moderno/moderna, llamar la atención por lo cuanto estoy extraño/extraña? ¿No son estas razones demasiado egoístas y absolutamente corrientes? ¿No es mejor a través del vestido y nuestro comportamiento manifestar unos valores más profundos? La vestimenta puede ser más que una tela trabajada, ella puede ser el instrumento que sirve para expresar la resistencia a la miopía de las tendencias de moda y para estimular la paciencia, la disciplina, la curiosidad y el respeto a la naturaleza y al trabajo humano. Si se nos facilita todo inmediatamente, nunca podemos alcanzar estos valores auténticamente.

¿Por qué con el lapso del tiempo en nuestro mundo estamos encontrándonos más y más con el anhelo de ser omnipotente y omnisapiente? ¿Por qué preferimos presumir de ser capaces de todo a decir: “Sinceramente, tengo miedo, no lo haría, pienso que es peligroso.” o “Lo siento, no lo sé hacer”? ¿Por qué aquellos que son capaces de decir estas frases están considerados por los menospreciados? La razón es que cuanto más desnudamos nuestros cuerpos tanto menos soportamos la visibilidad de nuestras incapacidades y quizás por eso reemplacemos nuestras incapacidades por la desnudez corporal. Si lo pensamos bien, tal vez lleguemos a saber que estas personas que no tienen miedo de decir que no quieren hacer algo porque resulta peligroso o deshonesto son hombres de valor porque son francos a ellos mismos, a la gente y de tal manera viven su vida, su vida real, son ellos mismos. Por otro lado, aquellos que presumen siempre desempeñan un rol, un papel que les guste a otros y que los mantenga en una ilusión de ser omnipotentes y omnisapientes. Este párrafo no debe desmotivar o apoyar el miedo, la pereza o impedir el anhelo por experimentar nuevas cosas, lo dicho debe estimular a pensar sobre la razón por qué queremos parecer invencibles y también calmar estas tendencias.

Pues vayamos incitar la humildad, el secreto y el pudor. El objetivo de este texto no es moralizar sino que estimular a reflexionar los días, nuestros pensamientos, nuestras relaciones y el estado de nuestra ánima. Qué la moda, el comportamiento y el pensamiento creen un espacio para el secreto, algo cubierto, algo que no se nota a primera vista. Qué todo el mundo comprenda que esperar, superar varios obstáculos y luchar por lo que tiene valor es más que poseer algo o a alguien inmediatamente, ser llevado por la pasión y por el anhelo por la opulencia el éxito social.


Terezie Pavlátová es traductora y profesora del español checa. La decisión clave de estudiar el español llegó a sus quince años. Es diplomada en los estudios de la filología y la literatura españolas que estudió en la Universidad de Masaryk en Brno. Su fervor por español lo fomentó también la práctica en La Alhambra, un monumento impresionante de Granada.

Un poema de Oli Zve

por Oli Zve
traducido al español por Misael Rosete

*
mirada corporal     primeros cuerpos dentro del espacio
totalmente otros     arrancado     — —     longitud máxima
como lo mismo # es como usar  un código, que
olvide al espectador
 
 
, pajarito, abejita, el pedazo de pastel que olvidaste
sé que todo tenía que ser distinto
(tú nunca fuiste el texto, todo sobre tus labios
   
sólo lo preciado y la luminosidad)
 
 
ser forma, percepción, delimitar recursos
 
 
la caída de tareas, réplica

*
телесный взор первые тела в пространстве
совсем другое оторванность — — максимальная длина
будто то же самое   # это использовать код, чтобы
забыть зрителя


, птенчик, пчёлка, твой забытый кусочек торта
я знаю, что все должно было быть иначе
(ты никогда не был текстом, все что касается губ твоих 

только прелесть и сияние)


быть формой, восприятием, ограничить ресурсы


падение задач, реплика

Oli Zve. Nació en la ciudad de Arzamas, región de Nizhny Novgorod. Estudió en el Instituto de Filología y Periodismo de la N.N. Lobachevsky. Participó en los festivales Стрелка (Nizhny Novgorod, 2017-2018), ГолосА (Cheboksary, 2018). Ha publicado en la anti-poética gazeta Метромост, en el sitio Полутона y en el almanaque Артикуляция.


Misael Rosete. Estudia Literatura rusa en el Instituto de Filología y Periodismo en la Universidad Estatal N.I. Lobachevsky de Nizhny Nóvgorod (UNN). Ha publicado el libro Parétesis y la plaqueta Galería de fragmentos. También ha sido publicado en la página del boletín Capilla Alfonsina, en la Antología de poetas mexicanos contemporáneos de la colección: Poesía visual mexicana: la palabra transfigurada y en algunas revistas electrónicas. Ha hecho presentaciones literarias en Cuba y Rusia; fue invitado a presentar su libro en España.

Primer cuento del doctor

por Camelia A. Vásquez

El Doctor era una persona extraña con dos grandes pasatiempos: arreglar autos y hurgar en cabezas ajenas para matar el rato. Mujeriego empedernido, había engendrado varios hijos en diferentes vientres y pasaba sus años tomando vasos de paciencia llenos a tope. Cuando no era una decepción, era otra. Sus hijos caían como piezas de dominó, uno detrás de otro y mientras el primero se había dedicado a la medicina, el quinto ya se había ido a cosechar chícharos en el campo, sin que le preocupase en lo más mínimo tener un título universitario. Con todo, el Doctor se había entrenado en el arte de la indiferencia y, así como dejaba a sus hijos hacer lo que quisieran, tampoco le importaba el resto de la gente. Dicho sea de paso, tenía una fuerte tendencia a inventar historias. Era, en buena medida, un mitómano sin remedio. Mi relación con él se limitó a unos cuantos encuentros, entre las que figuraron un par de sesiones fuera del consultorio hasta que logré reconciliarme con mis demonios internos y dejé de frecuentarlo.

Una mañana, a mediados de diciembre, lo telefoneé para avisarle que estaba de vacaciones en la ciudad y que me apetecía verlo. Me dio cita para ese mismo día, en un parque cercano al centro comercial. Siempre llegaba tarde, pero le molestaba si la persona en cuestión demoraba más de cinco minutos. A sabiendas de que no llegaría en punto, me senté y me puse a leer un libro mientras escuchaba el sonido de las fuentes, que cubría el ruidoso gruñido de los motores en la avenida. No sabría decir si leí una línea o diez páginas, pero en algún momento me interrumpió una mano en el hombro y la rasposa voz conocida del Doctor, quien echó a andar inmediatamente. Consciente de lo que eso significaba, fui detrás de él.

─ Tenemos que ir a que me entreguen mi camioneta ─ dijo.

─ ¿Qué camioneta?   

─ Ya verás. ¿Cuándo llegaste?

─ Ayer.

─ ¿Y cómo estás?

Le respondí encogiendo los hombros, sin mirarlo. Él rió con la despreocupación de siempre. Me palmeó la espalda en un gesto que, imagino, trataba de ser conciliador.

─ No estoy bien, pero tampoco estoy mal.

─ Estás.

 ─ Sí, como siempre.

 ─ Como siempre… ─ repitió.

─ Ajá.

─ Ven, vamos a tomar un taxi.

El Doctor era una persona difícil de leer; se movía en una frecuencia diferente a la de los demás. A sabiendas de eso y de mi dificultad para entender a los otros, me dedicaba a hacer lo que decía, sin tratar de cuestionar sus órdenes o decisiones. Nos acercamos al sitio de taxis de la central y uno se detuvo frente a nosotros.

─ Sube ─ me indicó.

Abrió la puerta trasera y entré. Luego la cerró y él subió en el asiento del copiloto.

─ Faltan tres personas para salir ─ dijo el conductor.

─ Vámonos, le pagaré el pasaje completo.

No trató de entablar conversación. Se puso a mirar por la ventana. Yo, que no sabía a dónde íbamos o cuan largo resultaría nuestro viaje, me quedé en silencio y decidí imitarlo; observé el horizonte que avanzaba como un carrusel infinito.

A decir verdad, nunca tuve una verdadera explicación para mis encuentros con el Doctor. Incluso ahí, en el mismo auto que él, me preguntaba por qué lo había llamado. No tenía algo que quisiera porque, simple y sencillamente, no quería nada. Ese sentimiento, sin embargo, no era exclusivo de mi relación con aquél hombre, sino que se trataba de una extensa neblina que abarcaba todos y cada uno de los aspectos de mi vida. Visto en retrospectiva, bien podría haber sido un personaje igual de estrambótico y peculiar que el Doctor. Por decir algo, no tenía interés alguno en las relaciones de ningún tipo y el menor contacto con gente desconocida me provocaba un desasosiego difícil de describir. Era como si me saliera de mi cuerpo y escuchara todo en un segundo plano, convertido en un murmullo lejano que apenas si llegaba a mis oídos. Las personas eran como personajes de una novela, dibujos de fondo de una obra teatral cambiando constantemente sin que eso me afectara de alguna manera.

─ Aquí está bien ─ dijo el Doctor y el taxi se acercó a la banqueta para permitirnos bajar. Pagó y el taxista continuó su rumbo, dejándonos en medio de una carretera en donde sólo había una gasolinera y una tienda de autoservicio.

─ ¿Dónde está su camioneta? ─ pregunté.

─ Apenas la van a traer.

No dio más explicaciones y entró en la tienda, conmigo detrás de él.

─ Toma un café.

─ No puedo beber café ─ confesé.

─ ¿Por qué?

─ Por el tratamiento.

 ─ Ah, sí, el tratamiento. ¿Qué importa? Lo que no puedes beber es el café de verdad, no este jarabe que ocupan para preparar estas cosas. Toma uno.

Era fácil creer lo que decía, pero no porque tuviera evidencia que respaldara sus afirmaciones, sino porque resultaba más fácil cometer errores excusándose en las órdenes o sugerencias de alguien como él. La responsabilidad de tomar cafeína, fuera o no contraproducente, ya no estaba en mis manos sino en las suyas. Fuimos a la caja, pagó por los cafés y salimos de nuevo. Luego nos sentamos en la acera a esperar.

─ Soy onanista ─ dije.

No había manera de iniciar o terminar una conversación con el Doctor. Simplemente sucedía. Se trataba de abrir o cerrar la boca sin una verdadera intención. Hablar por hablar, sin querer decir nada en concreto.

─ ¿Y eso?

─ No sé. Se convirtió en un hábito. Ahora mismo no me interesan cosas como definir mi sexualidad.

─ Ya veo.

─ En realidad no me interesa nada ─ continué ─. Creo que ése es el problema.

─ Pues sí ─ convino ─, porque entonces no tienes disparadores que te inciten a hacer las cosas.

─ Es justo de esa manera. La señora G dice que debo encontrar algo que me motive, pero mientras más busco, menos encuentro. No hay nada a lo que pueda aferrarme, nada que quiera hacer, nada de lo que no pueda prescindir.

 ─ Debe haber algo que quieras.

─ No lo hay.

─ Pues encuéntralo, aunque sea imaginario, Si tuvieras que elegir una vida, ¿cuál sería?

El sabor de un café demasiado dulce me llenó la boca mientras pensaba. Era más fácil enumerar todas las vidas que no quería tener que encontrar una que deseara. El Doctor no me presionó. Miró su reloj y luego el cielo, dándome tiempo para que encontrara una respuesta. Sabrá Dios qué tanto pasó por mi mente.

─ Si pudiera estar en una habitación sin tener hambre, sin producir gastos, leyendo todo el tiempo cosas que quisiera leer y haciendo lo que quisiera hacer sin dar explicaciones, entonces creo que ésa es la vida que quisiera.

─ Digamos que la tienes ─ dijo, saliendo de golpe de su estado de trance ─, ahora piensa en los problemas.

─ Mi principal problema sería el aburrimiento ─ respondí con total convicción ─. Me aburro de todo. De lo que hago, de lo que pienso, de lo que imagino que quiero hacer. Lo que hago lo hago porque la gente dice que debo hacerlo, sin ninguna otra explicación.

─ ¿Y tienes una solución para el aburrimiento?

─ Suicidarme ─ dije. El Doctor ni se inmutó ─. No peleo con la muerte, no me molesta. Siempre está ahí por si la necesitas. Si alguna vez me aburro demasiado, simplemente me mataré.

─ Estás a un paso de que suceda eso.

─ Lo sé.

─ ¿Llamas a eso vida?

─ No.

─ ¿Entonces?

─ Lo llamo “una existencia desapasionada”.

─ Existencia desapasionada, sí… ─ meditó en voz alta ─. Cuando no vives, todo lo que te queda es existir.

─ No es que no haya querido cosas, pero nunca soy capaz de obtenerlas. En lugar de ir por el camino principal, termino ocupando rutas aledañas porque son las únicas que me son accesibles.

─ Lo que sucede es que vives en un universo alterno ─ dictaminó.

─ No entiendo.

─ Lo que quieres hacer no lo haces, pero continúas haciendo lo que debes hacer de todos modos. Te dices que funcionas bien, pero en realidad llevas una carreta de hierro.

─ ¿Qué es una carreta de hierro?

─ Imagina que es una noche tranquila y de pronto alguien pasa por la calle arrastrando una carreta de hierro. Va lento, poco a poco, sin darse cuenta del daño que les ocasiona a los otros, orgulloso de dar un paso más con ese peso enorme que lleva encima. Eso es lo que te sucede, eres inconsciente.

─ Es que mi lógica no es la misma lógica que ocupan todos ─ me defendí ─. El mundo se mueve por causalidad: acción y reacción. Todos están de acuerdo en cosas tan básicas como que si te golpeas el dedo pequeño del pie te duele o que a la mañana sigue la tarde y a la tarde sigue la noche. Esas cosas no funcionan así para mí. Las reglas del mundo, como la moral, no las comprendo, porque tengo mis propias reglas. No entiendo el amor, ni la felicidad, ni la tristeza, no entiendo por qué la gente sufre. Los sinsentidos del exterior tienen sentido para mí, ¿entiende? Tan fácil como que al tres le sigue el cinco o algo así. Es un problema.

─ Yo no lo llamaría problema.

─ La señora G dice que lo es, me repite todo el tiempo que debo integrarme correctamente a la sociedad.

─ ¿Y tú qué quieres?

─ Que me dejen en paz.

─ No llega el hombre con mi camioneta ─ dijo el Doctor repentinamente.

Se puso de pie y sacó el teléfono para hacer una llamada. Mientras él hablaba con alguien, me dediqué a mirar a los despachadores de gasolina que reían y se rascaban las axilas por encima del uniforme, como un grupo de monos de zoológico divirtiéndose por tonterías. Quise reír, pero no pude porque simplemente no había porqué reír. Miré mis zapatos con la seguridad de que no existía certeza alguna de lo que sucedería al minuto siguiente o en una hora. No sentía nada. Mi cuerpo entero era un vacío inacabable. Mi mente sólo alcanzaba a procesar las cosas inmediatas que topaban mis ojos: un motociclista aproximándose, la encargada de la tienda maldiciendo, las dunas dejando el pavimento por el calor del día, el pájaro volando por encima de mi cabeza, las nubes arrastradas lentamente por el viento. Mi pequeña y vana existencia en medio de un lugar que desconocía, esperando a un hombre incomprensible que charlaba de alguna cosa con alguien más.

De pronto todo eso me pareció extrañamente absurdo. La situación entera de la camioneta, el onanismo y los monólogos, el Doctor mismo. La repentina consciencia de ello me arrancó una risa tonta. Unos minutos más tarde, llegó un hombre conduciendo una camioneta destartalada y negra.

─ ¡Ah, ya llegó! ─ exclamó el Doctor en un arranque de lo que parecía ser felicidad.

Los dos hombres se encontraron y se dieron la mano. Intercambiaron palabras, dinero y las llaves.

─ Sube ─ ordenó.

Tuve que tirar con fuerza de la puerta para que ésta se abriera. Subí e hice lo mismo para volver a cerrarla. Aquél vehículo estaba a punto de caerse a pedazos.

─ ¿De dónde salió esta camioneta? ─ pregunté una vez que el Doctor también estuvo arriba.

─ De la basura.

─ ¿Y por qué la tiene?

─ Porque es fea. Ésa es su principal característica: ser fea. Por eso mismo es que me la voy a quedar. Ésta sí que no la cambio.

─ Incluso si lo intentara, no creo que nadie la quiera.

─ ¿Crees?

─ Sí, eso creo.

─ ¿Y hay algo que puedas afirmar?

Se me vinieron a la cabeza un montón de clichés. El cielo es azul. El agua moja. El fuego quema. Todos morimos. Nada de eso salió de mi boca.

─ Soy onanista ─ dije por fin.

─ Ya, un hábito.

─ Como el de usted de arreglar coches y luego cambiarlos.

El Doctor se echó a reír y, no sin cierto esfuerzo, arrancó la camioneta. Aunque estoy seguro de que se lo contó a alguien, nunca volvimos a hablar de mi onanismo, que desapareció con el tiempo. En los encuentros que le siguieron no volví a ver la camioneta. Supongo que terminó por cambiarla, igual que todas las cosas.


Camelia A. Vásquez, Oaxaca de Juárez, 1997. Estudió literatura en el Centro de Educación Artística Miguel Cabrera y actualmente cursa la carrera de Letras Hispánicas en la UAM-I con enfoque en la investigación medieval. Fanática de la literatura japonesa y el decadentismo, busca hablar de aquello que nos pone incómodos.

Cuatro poemas de Juan Garrido-Salgado

por Juan Garrido-Salgado

Visita a la Casa de Ernesto Cardenal en Managua

“Tampoco soy la persona indicada para hablarle de América Latina y el mundo porque vivo encerrado y veo muy poca gente y no tengo mucha información que darle, más bien necesito que se me informe. Veo muy poca gente, pero reciba mi cariñoso saludo”.

Ernesto Cardenal.

I
Fue julio, 2019
poco antes de que la muerte lo llamara,
sé muy bien que no hay horario para embarcarse
ni para golpear la puerta
como lo hacen los poetas impacientes.
Yo ahí estuve en la espera
aterricé días antes del aniversario
del triunfo de la Revolución Sandinista.
Con el alma de guerrillero sin revolución.
Salí del aeropuerto de Managua
mojado de sudor y de no saber qué iba a suceder después.
Mis maletas sostenían el peso de la fuga
nadie me espera.
Llamo a Gloria Gabuardi, secretaria del Festival,
Me dice: ‘espera ahí vamos en camino’. 


II
Al otro día, Ernesto Cardenal en casa,
camisa blanca, pantalones cortos y un cintillo en la cabeza.
Sentado a la diestra de lo que fue un día Managua,
Solentiname es su paraíso, yo lo saqué de él por unos días
traía consigo una oración traducida al idioma de las estrellas.
 
 
III
Me alojo en el hotel: Rubén Darío
duermo en un verso casi azul
entre sabanas vacías sin el nombre de las musas.
Después del desayuno en el Café de los Poetas
me pasa recoge Luz Marina Acosta,
amiga y secretaria personal de Cardenal.
Llegamos a la casa; yo, como naufrago respirando hondo en la puerta,
más bien en la orilla de un muelle de emociones
ahí estoy casi al costado de una estrella caída al lago
soy puñado de polvo
versos aguados por la larga espera.
Mis manos frías de no abrazar a nadie en el camino
ahí está sentado en su sillón
preguntándose versos de espacio, estrellas y ciencia.
Su escritorio iluminado por una lámpara ahogada de libros
en el medio la máquina de escribir con papeles
que rezan oraciones de luna a la diestra del sueño,
no sé si del Dios de Solentiname o de aquel que lo castigó.
Cardenal bendice cada día en el hambre del hambre el pan que nos oprime.
Yo creo en la bendición de su presencia de santo, pastor de ovejas sin tierra,
más bien lleno de miseria
pastando sin pasto, versos de la revolución abandonada
palabras que no salen/no aparecen
en la elocuencia del encuentro.
(Soy lo que pude ser después de la tortura/ un sobreviviente en el amor herido).
Confesión para una conversación inconclusa
Nunca imaginé llegar hasta la Nicaragua Sandinista
y leer versos de mi libro:  Cuando fui Clandestino
Nunca imaginé llegar a la bahía: Salvador Allende
Y saludar al compañero presidente con un mitin
de versos, banderas y libros que no he vuelto a leer.
Don Ernesto me dice hasta mañana poeta, me sugiere:
otro día, leo sus labios como un verso antiguo
‘Escucha mi protesta/Porque no eres tú un Dios amigo de los dictadores’
Doy las gracias, recordé estos versos por allá en las calles del Chile de 1980.

24 June 2020- Adelaide.

‘Voy para Salvador Allende dicen los caminantes…’. Eduardo Galeano

Fuimos tragedia creada por USA-CIA
 
Nixon y Kissinger estrategas del horror del 11/9/1973.
 
 En las calles de la población
 
techos que fueron antesala
 
ojos anunciando llamas, fuego 
 
ráfagas y sombras de la maldad en aquel Santiago.
 
Prohibidos los parques 
 
picoteábamos como pájaros contra los muros de la opresión
 
sangrábamos en la corteza de la muerte.
 
 
Tiempo después, 1976 fuimos teatro callejero
 
salíamos como marionetas del amor
 
desvistiéndose del miedo entre diálogos de actores de barro
 
por las calles, iglesias y sindicatos.
 
El coraje se hizo escenario mirando la luna.
 
volvía a salir la sonrisa oculta
 
tras las ventanas de tanto allanamiento.
 
Los soldados disparaban a los atardeceres de septiembre.
 

Fuimos la reencarnación de Juan Rulfo en ese Santiago de 1973.
 
Recuerdo haber leído: 'Comala'
 
no solo fue lectura, hablábamos entre (nosotros) muertos y vivos.
 
Fuimos primavera truncada.
 
'Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace'*

 
*Juan Rulfo- Pedro Paramo
 
11/9/2019

Eight feathers of a dead bird

Eight feathers of a dead bird
ocho plumas sin vuelo ni eternidad 
huérfanas de pájaro caído
al jugoso mordisco de la huerta. 
Ocho plumas del aire 
 aterrizan en la muerte del sabor 
de aquella naranja comida en la mirada 
del pájaro devorado por las circunstancias.
 
Caer como si fuéramos amanecer triste 
hundiéndonos tierra adentro
raíz de alas felices que fuimos en vuelo.

Me entrego a la ciudad de la Habana

cansado o enfermo
estoy en el hotel donde duermo
caí, como viajero entrando a las sabanas húmedas
como cae un soldado de la revolución
en su cuerpo heridas y sudor del tiempo.
Caminamos bajo el paraguas de Julio
                     entre calles B y C de Vedado.
La lluvia que nos ata a los labios de Oviedo
mojándonos el alma de lo que somos.
 
Abajo voces, conversan, analizan la desnudez
como una realidad ardiente.
Me lavas el cabello, beso tus lunas ardientes
sacudimos el alma, late lo que gozamos.
Caigo de rodillas, me sumerjo en la alegría de tus ojos
penetro un verso de Guillén en busca de la música que canta tu cuerpo
hundo mil veces la suavidad de mis dedos y lengua
en la marea de océano que vuelve a mi orilla ardiente
beso quejidos eternos
labios rojos me dan el día victorioso de la revolución.
 
Yo, en entre versos que me hablan de ti
no sé quién soy, sigo anclado en los recuerdos de la Habana.

Juan Garrido-Salgado emigró a Australia desde Chile en 1990, del régimen que quemó su poesía y lo encarceló y torturó por su activismo político. Ha publicado ocho libros de poesía y su trabajo ha sido ampliamente traducido. También Garrido-Salgado, ha traducido al castellano obras de varios destacados poetas aborígenes y australianos. Tradujo a cinco poetas aborígenes para la antología Espejo de Tierra / Earth Mirror (2008). También tradujo al inglés la Antología Trilingüe de Poesía Mapuche, junto a los poetas Steve Brock y Sergio Holas. Su libro bilingüe When I was Clandestine formó parte de una gira poética del Festival Internacional de Poesía de Granada en Nicaragua. México y Cuba (La Habana) 2019. Hope Blossoming in Their Ink. (La Esperanza Florece de su Tinta).2020. NSW-Australia. Publicado por la editorial Puncher & Wattmann.

Reseña de «Cuaderno de Tyler Durden seguido por la Fundación de la casa», de Mijail Lamas

Por Ricardo Plata Soto

La novela Fight club (1996), escrita por Chuck Palahniuk, narra la historia de un hombre aburrido de su trabajo e inconforme con su vida. Sin embargo, esta situación cambiará el día en que conozca a Tyler Durden. Él le enseñará cómo vivir y su propia filosofía, la frustración y el enojo se pueden resolver con una pelea. El protagonista verá en Tyler todo lo deseado para su sí mismo, aunque debido a su monótona vida no podrá serlo. El final es inesperado y tiene una de las lecciones más grandes que te puede dejar un libro: todo se trata de la mente, todos tenemos un alter ego, todos tenemos un Tyler Durden. Tres años después de la publicación de la novela, ésta se adaptó al cine por el director David Fincher y fue bien recibida por la crítica, siendo incluso considerada como cine de culto por algunos.

      El poeta Mijail Lamas, doce años después, toma como inspiración esta obra para crear su poemario llamado, Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (Ediciones Sin Nombre, 2008). El libro está divido en dos partes: la primera son poemas intertextuales sobre el personaje del libro Fight club; en la segunda sección el yo lírico nos habla de sus primeros seis meses como casado y la fundación de un nuevo hogar.

      El poeta se sirve de la intertextualidad para la construcción en el primer apartado de su libro, Lamas menciona: El poema es la tormenta, la carga detonante, la voz en el filo de su daga, palabra de valor atada al miedo, fuego y devoción rabia que maldice”. El autor nos acerca a un posible canto generacional en sus poemas de juventud, una voz que introduce a la monotonía, a una existencia aburrida, un enojo con la sociedad, peleas, sueños por una vida mejor y la forma de desquitar toda la frustración, haciendo que el lector se sienta identificado. El arrebato emocional está presente, pues el yo poético tiene una catarsis en cada verso, y así como Tyler Durden es el alter ego del personaje principal en la novela, la voz lírica se sirve de este alter ego para la construcción de los poemas. Hablan dos voces pero al mismo tiempo es una, un juego preciso de enunciaciones poéticas.

      El autor habla desde su registro, menciona a sus amistades, sus vivencias, sus recuerdos y los conjuga en el plano de Tyler; aprovecha esta virtud de identificarse a partir de la figura de Durden y así expresarse al máximo. Podemos apreciar este impulso por vivir, por reclamar su existencia en el mundo, encontrando la palabra adecuada para cada verso. Tyler Durden fabricaba y vendía jabones en la novela,  ahora vive en las páginas de este libro.

     En Fundación de la casa el poeta remite a otro tipo de corte lírico, pues se vale de varias versificaciones que van desde la silva hasta el alejandrino. El poema que inaugura esta sección es una especie de prólogo, acerca de cuando el poeta y la amada aún no están juntos. En cada palabra se escribe desde la distancia, los versos le hablan de lo que es una ciudad y de la posibilidad de estar juntos, no sin hacer alusiones al clásico libro Grandeza Mexicana de Bernardo Balbuena.

     El poema inicial introduce a la temática del poemario, es decir, la vida en concubinato y la formación de un hogar a partir del amor. Retrata a su amada, sus gustos, su cuerpo, su relación de pareja y cómo se enfrentan a una urbe que no es la suya, viniendo de otro estado de la república muy diferente al gran monstruo de la Ciudad de México. “No es raro que algunas cosas tuyas / guarden una hora menos / y que de vez en cuando a alguien, / le parezca extraño nuestro acento”. Los recién casados parecen extranjeros en su propio país.

     Sin duda, los poemas de amor captan cada sentimiento del poeta, trayendo el desenfreno pasional y el retrato de lo que es la vida como matrimonio, “Mi madre te ha dicho que debo regresar a casa / para estar con la familia. / Apresurado alisto la maleta para el viaje. / Entonces me doy cuenta / que mi casa está contigo”. El autor descubre que fundó una casa propia donde habita el amor, su esposa y él. Un libro completo en toda la extensión de la palabra, un recorrido por las sensaciones de la juventud, culminando con maduros poemas amorosos.

Lamas Mijail, 2008, Cuaderno de Tyler Durden seguido por fundación de la casa. México, Ediciones Sin Nombre.


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Ricardo Plata (1994) estudia Letras Hispánicas en la UAM-I.Fue becario del Festival Interfaz Issste-Cultura «Los signos en rotación», en Pachuca, el año de 2017. También es autor del poemario Para habitar mi nombre, bajo el sello editorial Literalia.


La senda al hogar

por Karel Václav Rais
traducido al español por Terezie Pavlátová

Karel Václav Rais

Fue profesor y novelista checo, representante del realismo y la prosa rural. Nació en 1859 en Bělehrad (Belgrado) y murió en 1926 en Praga. Al principio de su creación se enfocó en la educación de los niños y los jóvenes, después se especializó en la psicología de los personajes de sus libros, muchas veces de los montañeses, que rígidamente seguían valores morales, que querían cambiar algo pero a la vez eran muy débiles. Gran parte de su obra está formada por los diálogos.

El realismo y la prosa rural son corrientes de la segunda mitad del siglo XIX caracterizadas por el intento de describir el ambiente rural y la vida en el campo de manera real. Esta combinación de las corrientes dio origen al llamado “realismo rural”. En los libros de esta época se destaca la tensión en las relaciones interpersonales, la sumisión de las mujeres y otros problemas sociales, pero a la vez el contraste entre las personas con el anhelo de tener opulencia y las personas esforzándose por el sentimiento y el bien. Tal como se puede ver en el poema “La senda al hogar”, el realismo rural también pone énfasis en la naturaleza y la relación entre una persona y la región de donde proviene.

-Terezie Pavlátová.

La senda al hogar

Al hogar la senda
culebreando se queda
Más bonita, más maravillosa
que cualquiera de otras.
 
Olor de serpol y salvia
la abraza a ella
en ningún lugar se camina
igual que por ella.
 
Y si en el mundo desapareciera
sólo Dios mis pasos los supiera
al hogar la senda
siempre la encontrara.
 
Y si en el mundo me sintiera
triste más que resistiera
en esta senda
siempre cantara.

CESTIČKA K DOMOVU

Cestička k domovu
známě se vine -
hezčí je, krásnější
než všecky jiné.
 
Douška a šalvěje
kolem ní voní,
nikde se nechodí
tak jako po ní.
 
A kdybych ve světě
bůhvíkam zašel,
tu cestu k domovu
vždycky bych našel.
 
A kdybych ve světě
smutně se míval,
na téhle cestičce
vždy bych si zpíval.

Terezie Pavlátová es traductora y profesora del español checa. La decisión clave de estudiar el español llegó a sus quince años. Es diplomada en los estudios de la filología y la literatura españolas que estudió en la Universidad de Masaryk en Brno. Su fervor por español lo fomentó también la práctica en La Alhambra, un monumento impresionante de Granada.

Una historia menor

por Daniel Frini

Ella soñó con él todos los días de su vida, desde una noche de invierno, cuando tenía once años, en la que el viento silbaba con aullidos de frío, y la botella con agua caliente apenas entibiaba el catre de la pobre pieza descascarada.

Él soñó con ella, recién cumplidos sus doce, a partir de la misma noche; que para él era de verano y luna tenue en una playa Mexicana, donde sus padres lo habían arrastrado, huyendo del terror de los años de plomo.

A ella, en sueños, se le erizaba la piel con las caricias tenues con que él solía amarla; y aprendió a dormir abrazada a su almohada, aún sin saber cómo nombrarlo.

Él llegó a odiar las horas de vigilia, desesperando por encontrarse con esa mujer cuya sonrisa le recordaba los abrazos de su madre, las tardes de barrilete con su abuelo, una vieja canción de cuna; de esas que uno recuerda tan bien, aun cuando no acierta con la melodía.

Ella fue buena estudiante y el gobierno de su provincia la becó para estudiar una carrera en la capital. Eligió medicina.

Él, de vuelta en el país, siguió los designios de padre y abuelo, y estudió abogacía.

Crecían soñándose. Llegaron a vivir a unas diez cuadras el uno del otro.

Ella lo buscó, de manera inconsciente, en cada compañero y en cada desconocido, en cada calle, en cada plaza, en cada aula, en cada bar.

Él estuvo, siempre, convencido de que ella era real; y no la buscó, sabiendo que en cualquier esquina se la llevaría por delante. Imaginó una y otra vez qué le diría: «Hola. ¿Estoy soñando otra vez?»; pero sabía que no se animaría a decir nada y quizá amagase un beso, tímido, en la mejilla.

Ella se preguntó, todas las noches «¿Él me soñará a mí?».

Él se preguntó, en todos sus sueños, «¿Ella me soñará a mí?».

Una tarde de domingo, en invierno, se cruzaron en una calle de San Telmo, cerca de la plaza Dorrego. Ella estaba mirando la vidriera de un anticuario. Él estaba mandando un mensaje con su teléfono. No se vieron. Nunca más estuvieron tan cerca.

Él tuvo dos parejas que no funcionaron. Ambas mujeres se parecían mucho a ella; pero no eran ella. No tuvo hijos.

Ella vivió sola el resto de sus días. Algunas veces tuvo sexo ocasional con hombres que se asemejaban al de sus sueños, pero a la mañana siguiente ya eran recuerdos, mientras que el soñado era real todas las noches y todos los días.

Él se mudó a una ciudad del interior, siguiendo algún dato que creyó que ella le decía.

Ella siguió ejerciendo en el Gran Buenos Aires; porque entendió que él vivía allí. Dejó pasar oportunidades por miedo a perderlo.

Pasaron los años y siguieron haciéndose compañía por las noches. Envejecieron juntos.

El murió bien entrado en sus ochentas, en su cama de un geriátrico. La última enfermera que lo vio con vida no entendió sus palabras: «Ah, no sos vos.» dijo él, cuando la vio, y giró su cara hacia la ventana cerrada, llorando. Esa misma noche, ella lo soñó muriendo de viejo, abandonado. Fue la última vez. Dejó de verlo y se sintió muy sola. Lo sobrevivió apenas un mes.


Daniel Frini (Argentina, 1963) es Ingeniero de profesión, escritor y artista visual. Ha publicado en varias revistas virtuales y en papel, en blogs y en antologías de varios países. Publicó varios libros, siendo el último “La vida sexual de las arañas pollito” (2019). Ha obtenido, entre otros reconocimientos, el Premio Internacional de Monólogo Teatral Hiperbreve ‘Garzón Céspedes’ (2009); Premio ‘La Oveja Negra’ (2009), Premio  ‘El Dinosaurio’ (2010), , Premio I Certamen Internacional de Relato Corto Nouvelle  (2017), el Místico Literario del Festival Algeciras Fantastika 2017 y el 1er Premio del III Concurso de Microrrelato Ilustrado Universidad de Jaén (2019).